Contra el agua y el fuego: sostener a los suyos Imagen tomada por el autor La lluvia terminó por convertirse en un lenguaje propio. Durante dos días habló sin descanso, a veces con suavidad, otras con violencia, pero siempre recordando su capacidad para alterar la vida cotidiana. No hacen falta demasiados detalles para comprender aquellos días: un cielo gris inmóvil, paraguas preparados, mercadillos interrumpidos, calles pendientes del cauce de un río y vecinos atentos a los avisos oficiales. Así se desarrollaron. La naturaleza mostró, una vez más, su fuerza frente a la fragilidad humana. Una fragilidad que hoy, al menos, encuentra amparo en protocolos, comunicaciones, pabellones habilitados y alojamientos previstos. Todo estaba dispuesto para acoger a quienes, si era necesario, tendrían que abandonar sus hogares. Y sin embargo, no siempre fue así. Retroceder en el tiempo ayuda a entenderlo. Hace 150 años, en este mismo entorno del Guadarranque, otras gentes perdieron también ...