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Mostrando las entradas etiquetadas como Literatura

Hacia el puente

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  Hacia el puente En otros tiempos, las entradas de los pueblos eran lugares de entretenimiento . A la sombra de algún árbol, la gente se sentaba a dejar pasar la tarde, a conversar o simplemente a mirar el camino. Era un modo de habitar el tiempo sin prisas, sin necesidad de más justificación que la propia sombra. En cambio, en una ocasión, hace más de cincuenta años, en El Bosque, un precioso pueblo de la provincia de Cádiz, pregunté a un grupo de amigas por el motivo. Se miraron entre ellas: María, Dolores, Isabel, Ana y otra María, y respondieron que les ilusionaba ver la llegada de algún forastero. Hoy, sin embargo, buscamos a menudo el pasado en lo lejano, como si lo cercano no tuviera suficiente valor. Recogemos datos, fechas, referencias, mientras dejamos pasar aquello que sigue ocurriendo delante de nosotros, sin darnos cuenta de que el presente es ya una forma inmediata de pasado. En el camino hacia Puente Grande, la percepción cambia. A un lado del sendero enlosado, v...

Un encuentro con Diego Álvarez y Memoria fiera

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  Un encuentro con Diego Álvarez y Memoria fiera Hace unos días hablé con Diego Álvarez. No recuerdo haberlo hecho antes y desconocía por completo su faceta como escritor. Por mediación de Paco Santos supo que estaba trabajando en un tema relacionado con la prostitución en La Línea y que necesitaba localizar una referencia sobre Jean Genet. Acudió hasta donde me encontraba con un ejemplar de Diario de un ladrón bajo el brazo, me señaló el pasaje que buscaba y, generosamente, me dejó el libro. Como era natural, terminamos hablando de la investigación que llevo tiempo desarrollando. Fue entonces cuando me comentó que él también había escrito sobre esa temática, aunque más que hablar de su trabajo se dedicó a orientarme sobre personas que podrían aportarme información y testimonios. Esa actitud dice bastante de su carácter: discreto, alejado de cualquier afán de protagonismo. Antes de despedirnos se ofreció a prestarme su obra y acepté encantado. Al día siguiente, Paco Santos me h...

A bordo de la imaginación

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  A bordo de la imaginación Imagen de archivo Hace una mañana de domingo soleado. Sin pensarlo mucho, he bajado a la playa del Cristo y, sentado en un banco, rodeado de margaritas silvestres, malvas y otras flores, he tomado el sol. Las abejas se posaban en el corazón de las flores, libando su dulce néctar. A escasos pasos, el mar, con un leve balanceo, generaba un murmullo suave que delataba su presencia incluso con los ojos cerrados. Mientras tanto, una interminable fila de visitantes, extranjeros y nacionales, recorría esa hermosa parte del Sendero Litoral. Al pasar, inevitablemente, escucho fragmentos de conversaciones: de estudios, de trabajo, de tribunales, incluso de amor. Es fascinante la variedad de indumentarias coloridas, aunque todas coinciden en algo: prendas veraniegas y deportivas, buscando el sol, dejando poco a poco la piel más morena. Un velero en la lejanía despierta mi atención; se desplaza muy lentamente. Se me ocurre entonces divagar sobre la cantidad de hi...

Lo que permanece

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  Lo que permanece Procesión por la barriada Siempre me pregunté por la cercanía entre abuelos y nietos. Desde muy niño comprendí que era distinta, un cariño especial entre quienes empiezan a recorrer la vida y quienes ya conocen buena parte del camino. Una unión entre lo recién nacido y lo que un día habrá de extinguirse, pero que, precisamente por ello, necesita prevalecer por encima de todo. Un sonido de llamada en el teléfono basta para que, de un modo impensable en otros tiempos, cambien los planes de toda una familia. Sin discusión, sin excusas y con absoluta prioridad. Una voz tímida y cómplice dijo: —Abuela, el domingo salgo en la procesión de la Cruz de Mayo, en la iglesia de San José de La Línea. No era una petición. Era el deseo de sentir cerca a todo su mundo familiar. Mientras el murmullo de las aguas de Levante suavizaba el sofocante calor de la tarde, una riada de personas acompañaba la procesión por las calles de la barriada de Periáñez. Una hermosa Cruz de Ma...

Memoria del futbolín

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  Memoria del futbolín Hay objetos que pertenecen a una época y otros que sobreviven a todas. El futbolín pertenece a los segundos. Da igual que cambien los móviles, los bares o las modas: siempre habrá cuatro personas inclinadas sobre una mesa, agarrando unas barras metálicas con empuñaduras de madera, como si el resultado importara de verdad. Era muy pequeño, pero deseaba llegar al bar donde mi padre, junto a unos amigos, algunas tardes jugaba una partida de billar. Aquel lugar disponía de un salón enorme, de techo alto, y junto a la mesa de carambolas había un futbolín de madera, de los antiguos. Agarrado a las empuñaduras podía balancearme y, de puntillas, asomarme para ver el campo de fútbol. Los jugadores tenían las piernas juntas y estaban pintados a mano: unos de color blanco y otros con rayas rojas. Mucho después supe que en España había casi tantas formas de entender un futbolín como maneras de discutir de fútbol. Cuando crecí, aunque seguía delgado, pude contemplar po...

El lápiz y la o

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  El lápiz y la o Cada mañana me asomo a la ventana de mi estudio. Me gusta ver pasar a los estudiantes que acuden al instituto Carlos Cano. Recibo así la primera lección del día, observando la variedad de sus vestimentas, con independencia de la climatología; cómo caminan en pequeños grupos o en solitario; o el material que llevan consigo. A menudo alguno espera para emprender la marcha junto a un amigo. Tantas escenas ayudan a reconstruir un pasado parecido del que todos fuimos protagonistas. Con los años recordamos nuestros primeros días de colegio: los juegos, las canciones, los trazos sobre la libreta o en papeles sueltos, con un lápiz al que tantas veces se le partía la punta mientras intentábamos oscurecer una pequeña raya o cerrarla para convertirla en una o. Ahora sonreímos, aunque entonces no resultaba tan sencillo. Seguro que siempre fue igual. También para aquellos niños que, en 1823, Rafael de la Priega aspiraba a recibir en su escuela particular de Los Barrios, d...

Una candelita y a esperar la mañana

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  Una candelita y a esperar la mañana Ada. del Tercer Centenario En los últimos años, los dispositivos de rescate son activados tras llamadas de angustia que piden ayuda desde nuestros montes. Las noticias hablan de desorientación, extravíos, accidentes o incluso de la crecida de arroyos que impiden el regreso a un punto conocido. A veces se trata de grupos numerosos, incluso con niños. Buscando antecedentes en épocas anteriores, no encontré resultados que permitieran construir un historial más allá de estos últimos años. Pero esa ausencia no parece responder a una falta de datos. Más bien apunta a otra cosa: a una transformación del paisaje y de la relación humana con el territorio. Los casos recientes, por sí solos, no me parecían suficientes. Faltaba algo más. Con esa idea en la cabeza, tras varios kilómetros de camino, regresaba a la villa por el puente Grande. La sombra de los plátanos de paseo aliviaba el cansancio. Al final del recorrido, un hombre mayor se sentó en un banc...

El pajarillo

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  El pajarillo Siempre fui un explorador de historias. Desde muy niño, me fascinaba cuando los mayores dedicaban un tiempo a recordar acontecimientos. Aunque entretenido en mis juegos, estaba atento al comienzo de las narraciones. La señal era cuando el murmullo bajaba y se alzaba una voz, como cuando las gotas anuncian el chaparrón. La mayoría escuchaba acomodada en sillas de madera; al finalizar se producían los comentarios acompañados de risas, o incluso lágrimas, y siempre alguien quería conocer más detalles. Esos minutos eran propicios para llevarse la copa a los labios, hasta que el siguiente comenzaba una nueva historia. Se recitaban poemas, comentaban novelas y se contaban historias de todo tipo: sobre hechos reales y otros posiblemente de ficción. Algunas me daban miedo, otras me producían alegría, incluso esperanza, como lo ocurrido al cabrero con la curación de un bulto. Nunca llegué a pensar que aquel tiempo podría ser la parte literaria de la velada. Ahora compre...

Después de medio siglo

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  Después de medio siglo Imagen de archivo- Juan Manuel Ballesta Gómez Me gusta el dicho “cumplir mi palabra”, aunque no conozco su origen ni la fecha de aparición. Seguramente surgió antes de que existieran contratos escritos, cuando la palabra de una persona era su principal garantía y tenían un peso real. Esa idea predominaba cuando hace unas horas escribí “seguiré haciendo lo mismo: escribiendo de los logros de otros.” Hay días grises que se iluminan con noticias buenas. Eso pensé cuando encendí mi computadora y recibí el correo. Uno de Juan Manuel Ballesta, me comunicaba que había ganado el premio del concurso de Relato Corto convocado por el Centro de Participación Activa El Junquillo de La Línea de la Concepción. La noticia me alegró el trayecto del lunes, y lo felicité de inmediato. Sin embargo, un comentario final me llegó al alma: “A la vejez viruelas. Después de más de medio siglo escribiendo ya me tocaba.” El relato premiado recupera la historia del bergantín Bravo ,...

Quince minutos

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  Quince minutos Viajo en autobús hacia Algeciras. Disfruto de la comodidad y dejo que los pensamientos vaguen hacia el libro de Teo Marcos, El misterioso influjo del azar . En pocos minutos me apeé y me dirigí hacia mi destino. Atravesé el Parque María Cristina, donde numerosas tiendas blancas, semejantes a jaimas rematadas en prisma, daban al entorno un aspecto limpio, colorido y fresco. A la salida me detuve ante la estatua de Alfonso XI de Castilla. A su altura, casi incliné la cabeza, como si hubiese estado a sus órdenes en la toma de la ciudad o en los sitios de Gibraltar. Minutos después, ya terminada la gestión, volví a mirarlo. Pensé en lo que su gesta significó para el Campo de Gibraltar. Me quedaba algo de tiempo y caminé por calles familiares, algunas muy inclinadas. Había arquitecturas cambiadas: me llamó la atención un arco y un cartel donde se leía “Medina”. Otras resistían, como la fachada llamativa de la farmacia o la mercería antigua, aunque con menos tránsito...

El peluche que esperaba

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  El peluche que esperaba Hay calles hechas para brillar y otras para quedarse al margen. Unas se llenan de luz, otras guardan lo que ya nadie mira. Y sin embargo, ambas tienen su atractivo. Camino con frecuencia por esas calles que son como archivos del pasado. Conservan celosamente lo que fueron y solo lo muestran a quienes saben mirar. Frente a esos detalles me detengo, y observo lo aplicado a las edificaciones como a la propia vía. Recorría una de ellas. Tenía una ligera inclinación. Estaba ornamentada con farolas fernandinas y bancos de hierro forjado. Era limpia, de casas blancas y flores. Aquel lugar me mostraba sus bellos secretos, pero el mayor de todos se encontraba a unos pasos de mí. A mi izquierda sobre uno de los bancos, permanecía sentado un gorila de peluche. Me quedé fijo mirándolo desde el lado opuesto, recorrí la calle con la mirada, por si alguien me veía. Era tan tierno que me acerqué, tenía sobre su pecho un pequeño papel escrito. Ocupaba el centro del banco...

La literatura: ventana a la imaginación

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  La literatura: ventana a la imaginación Lucia, Minerva y Europa Anguissola jugando al ajedrez, 1555, Museo Nacional, Poznan, Polonia. Dominio público Durante siglos, la enseñanza en España no estuvo al alcance de todos. Quedaron privados de este enorme beneficio los de condición humilde, tanto de la ciudad como del campo, que solo adquirían los conocimientos propios de la función ejercida para su subsistencia. No obstante, en los contextos urbanos —cuando las circunstancias lo permitían— las clases medias y altas, y de manera especial las mujeres, recibían algo más que la mera instrucción doméstica. Para que fuesen consideradas atractivas y deseables, se les exigía no solo docilidad y destreza en las labores del hogar, sino también una formación elemental: leer, escribir o tocar algún instrumento como el arpa, a lo que se añadían habilidades consideradas un “complemento social”. Los documentos de la época muestran que la enseñanza estaba encaminada principalmente a consolidar u...

Los Barrios: un lugar para los libros y quienes los escriben

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  Los Barrios: un lugar para los libros y quienes los escriben   A la izq. Aitor Díaz y Juan Luis Otero Jiménez, 13 y 12 años, muchas historias que contar… El talento no tiene edad. Ven a descubrirlo.” La luz, de modo sigiloso y tímido, visita mi casa. Me invade una inquietud por conocer la apariencia del día: me asomo a través de la ventana y lo encuentro nublado, aunque con buena temperatura. Doy gracias. Parece como si el cielo quisiera leer algunos renglones de los libros y necesitara que estuvieran abiertos. Hoy es el segundo día de la llamada Feria del Libro de Los Barrios, aunque quizá ese nombre se queda corto. Más que una feria al uso, yo la definiría como “obras y autores”, porque realmente es eso. Es un estallido cultural donde se intercambian opiniones sobre autores y sus libros, donde cada participante se transforma en protagonista y aparece en las páginas, bien de forma plena o a través de pequeños rasgos… Es un lugar donde la cortesía impregna el ambiente; en ...

Bajo un cielo de primavera, la Feria del Libro de Los Barrios

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  Bajo un cielo de primavera, la Feria del Libro de Los Barrios Un sonido leve me hace alzar la mirada. El cielo, ocupado por nubes de primavera, juega con los tonos: algunas más densas, otras apenas insinuadas. No hay amenaza de lluvia, solo esa luz tamizada que invita a quedarse un poco más. Ha comenzado la Feria del Libro en Los Barrios. Es temprano. Los primeros instantes siempre tienen algo de íntimo, casi de ensayo antes de que llegue el público. Los autores descargan cajas, ordenan con cuidado sus libros, acomodan pequeñas historias sobre las mesas. Yo me mantengo a cierta distancia, observando ese ir y venir pausado, ese gesto repetido de abrir, colocar, mirar. María José se mueve entre los puestos, dejando en cada uno el nombre que le corresponde, como quien termina de dar forma a un pequeño mapa. Llegan Cristina Marchante y Carlos Torres. Conversan unos minutos, se alejan y regresan con material de La Villa: guías, folletos, pequeñas invitaciones a recorrer otros caminos....

Un día de arte y literatura en Los Barrios

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  Un día de arte y literatura en Los Barrios Acto de presentación del libro de Julio Verdú Sinestesia: cuando la música se pinta En la Casa Urrutia, visité la exposición de fotografía “Sinestesia”, una propuesta innovadora desarrollada por el colectivo Objetivos UP y surgida de la inquietud de los alumnos del Taller de Fotografía de la Universidad Popular de San Roque. En la sala se muestran los trabajos de 20 autores, algunos con hasta tres obras. La apariencia visual al entrar resulta impactante: se observan discos parcialmente introducidos en sus fundas de cartulina, cada uno con una ilustración creada por el autor. Estéticamente, todos los discos están ligeramente inclinados en la misma dirección, y junto a cada uno hay un código QR con el nombre del autor. Al principio, la impresión es únicamente visual, casi sin comprender del todo el concepto, pero pronto se descubren las posibilidades de la muestra. Cada disco contiene una pista de música que ha inspirado al autor. Él, a su...

La intuición y el corazón

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  La intuición y el corazón Quizá los eruditos definan la intuición de muchas maneras distintas. Entre ellos hay coincidencias, pero también palabras complicadas, conceptos difíciles de entender para la mayoría de las personas. Aun así, todos intuimos. Todos sentimos algo antes de que la razón pueda explicarlo. Nos adelantamos a lo que después confirmarán los sentidos. Hay un saber previo, callado, que no necesita demostración. Ese sentir que la razón no alcanza a aclarar nos muestra que nuestros procesos mentales también tienen límites. A veces parece infinita, pero no lo es. Cuando nos damos cuenta de que algo lo hemos percibido desde un lugar desconocido, solemos decir que viene del corazón. Ese lugar no nos dice cómo funciona, por qué actúa o desde dónde se adelanta. Nada sabemos, pero sentimos que lo sabemos. No es que corazón y razón estén desconectados. Hay comunicación. Somos conscientes de lo que sentimos, lo recordamos, incluso lo razonamos después. Pero no hablamos el m...

¿Por qué nos gusta escuchar el mar, los arroyos y la lluvia?

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  ¿Por qué nos gusta escuchar el mar, los arroyos y la lluvia? Imagen tomada por el autor  A veces piso el freno de mis reflexiones, como quien reduce la velocidad antes de una curva importante, y sonrío al imaginar que vivo un periodo de exámenes de final de curso. En este punto me veo sentado en un pupitre —solo—, con la luz entrando por la ventana y unos folios en blanco esperando que me atreva. No voy a explicar lo que sigue como si fuera el secretario de Don Santiago Ramón y Cajal, ni como si acabara de regresar de un congreso mundial de neurociencia. Lo escribo como uno de esos compañeros que, de vez en cuando, levanta la vista y sonríe. Dicen que la fortuna es la mayor aliada del principiante, y algo de verdad debe haber, porque coincide con una pregunta que me he repetido desde muy niño y a la que, dejando pasar el tiempo como con otras cuestiones, no ofrecí respuesta. Por ello resonaba como un eco: Explica el motivo por el que a muchas personas les gusta escuchar e...

Cuando el pueblo aprendió a escuchar sus aguas

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  Cuando el pueblo aprendió a escuchar sus aguas El pasado siempre deja marcas. Antes de extinguirse, alza una vez más su voz en la memoria. La observación paciente durante las lluvias ofrece posibilidades de conocer detalles de la orografía pasada de un pueblo. Tal vez no se llegue a determinar con total certeza de qué tipo de accidente se trata cuando las formas del terreno presentan similitudes, pues ni siquiera los mapas y documentos antiguos coinciden siempre al nombrarlos. Mirando el calendario hacia abajo, vemos que los arroyos corrían por la población como venas silenciosas, guiando la vida sin que muchos repararan en su curso. Caminando entre calles y plazas, se notaba cómo el terreno había sido domado poco a poco, como si la naturaleza hubiera cedido con paciencia ante la mano humana. Algunas trazas de su antiguo recorrido aún se adivinaban bajo la piedra, la losa y el asfalto; otras, canalizadas con cuidado, habían desaparecido casi sin ruido. Era fácil imaginar el...

El regalo de la mente profunda

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  El regalo de la mente profunda Imagen tomada por el autor del escrito Sabemos que quienes amamos no siempre están a nuestro lado. La evidencia es clara: no los vemos, no los escuchamos, no los tocamos; la vida física se ha ido. Eso es un hecho, inmutable. Pero la mente tiene un privilegio que trasciende los sentidos: nos permite mantenerlos presentes . Podemos reproducir sus gestos, anticipar sus respuestas, sentir su energía, incluso dialogar con ellos en nuestro interior. Esto no es fantasía: es la estructura que el amor ha dejado dentro de nosotros. La mente guarda, recrea y prolonga lo que los sentidos ya no pueden captar. Esta capacidad no es igual en todos. Algunas mentes integran profundamente lo que aman; otras apenas registran la relación y, con el tiempo, el vínculo se disuelve. Quien no alcanza esta profundidad pierde algo fundamental : la riqueza de la conexión interna, la continuidad de lo amado dentro de sí mismo. No siente dolor, pero tampoco la plenitud de lo q...