El lápiz y la o
El lápiz y la o Cada mañana me asomo a la ventana de mi estudio. Me gusta ver pasar a los estudiantes que acuden al instituto Carlos Cano. Recibo así la primera lección del día, observando la variedad de sus vestimentas, con independencia de la climatología; cómo caminan en pequeños grupos o en solitario; o el material que llevan consigo. A menudo alguno espera para emprender la marcha junto a un amigo. Tantas escenas ayudan a reconstruir un pasado parecido del que todos fuimos protagonistas. Con los años recordamos nuestros primeros días de colegio: los juegos, las canciones, los trazos sobre la libreta o en papeles sueltos, con un lápiz al que tantas veces se le partía la punta mientras intentábamos oscurecer una pequeña raya o cerrarla para convertirla en una o. Ahora sonreímos, aunque entonces no resultaba tan sencillo. Seguro que siempre fue igual. También para aquellos niños que, en 1823, Rafael de la Priega aspiraba a recibir en su escuela particular de Los Barrios, d...