Aprender a mirar el paisaje II
Aprender a mirar el paisaje II Mientras coloco los distintos elementos en el plano, me viene a la memoria, no sé por qué, aquel tebeo que más cariño le tenía en mi minúscula colección, que veía repetidas veces, sentado en algún lugar de mi casa redonda. Era un extraordinario dibujo de portada que mostraba a un par de niños indios, tumbados y asomados a un acantilado, observando una manada de caballos salvajes sobre un prado verde, muy verde, con un río de aguas cristalinas y azuladas. En primer plano había un caballo blanco de pintas negras, con el pelo largo en la crin del cuello, que, distraído, comía hierba. Otro, de un blanco muy blanco, miraba y parecía ser el centinela. Aquellas pocas hojas que formaban parte de mi mundo desaparecieron un día y nunca más volví a verlas. En cierto modo, aquella imagen sigue presente y, como entonces, la comparto con dos o tres personas. Quizá por eso, mientras preparo este segundo plano, vuelvo a pensar que aprender a mirar un paisaje no co...