Memoria del futbolín
Memoria del futbolín Hay objetos que pertenecen a una época y otros que sobreviven a todas. El futbolín pertenece a los segundos. Da igual que cambien los móviles, los bares o las modas: siempre habrá cuatro personas inclinadas sobre una mesa, agarrando unas barras metálicas con empuñaduras de madera, como si el resultado importara de verdad. Era muy pequeño, pero deseaba llegar al bar donde mi padre, junto a unos amigos, algunas tardes jugaba una partida de billar. Aquel lugar disponía de un salón enorme, de techo alto, y junto a la mesa de carambolas había un futbolín de madera, de los antiguos. Agarrado a las empuñaduras podía balancearme y, de puntillas, asomarme para ver el campo de fútbol. Los jugadores tenían las piernas juntas y estaban pintados a mano: unos de color blanco y otros con rayas rojas. Mucho después supe que en España había casi tantas formas de entender un futbolín como maneras de discutir de fútbol. Cuando crecí, aunque seguía delgado, pude contemplar po...