Historia y vida de la Barriada Príncipe Alfonso- Ceuta- Capítulo XII. Oficios e industria y comercio: el trabajo en la barriada - Primera Parte
Historia y vida de la Barriada Príncipe Alfonso - Ceuta
Capítulo XII. Oficios e industria y comercio: el trabajo en la barriada - Primera Parte
Para facilitar la lectura de este extenso capítulo, se ha dividido en tres partes, cada una acompañada únicamente por una ilustración al inicio. La intención es preservar la fluidez del texto y centrar la atención en la riqueza de los testimonios y documentos recogidos. Las imágenes han sido seleccionadas como acompañamiento evocador, no como elemento principal.
La sorprendente evolución de la Barriada del Príncipe en el siglo XX
Tradicionalmente considerada un enclave modesto y periférico, la Barriada del Príncipe revela, a través de los documentos históricos de mediados del siglo XX, un vibrante tejido económico, social y urbano. Lejos de la imagen de un barrio marginal y pasivo, emerge el retrato de una comunidad laboriosa y organizada, capaz de transformar la necesidad en oportunidad.
Desde los primeros años de los cincuenta hasta finales de los sesenta, el Príncipe se consolidó como un espacio dinámico, donde florecieron pequeños comercios, talleres, industrias artesanales y mejoras urbanas impulsadas por la propia población. Con recursos limitados, pero una voluntad firme, sus habitantes pusieron en marcha una red de oficios, servicios y mercados que dotaban de vida al barrio desde el amanecer hasta la noche.
Para comprender en su verdadera dimensión la vida en la barriada, es preciso mirar más allá del plano general y detenerse en lo cotidiano. Cada calle, cada puesto de venta, cada oficio refleja la energía emprendedora de una comunidad que jamás se resignó. No se victimizó, no culpó ni se refugió en el lamento: respondió con imaginación, gratitud y paso firme hacia el futuro, como si imitara, con orgullo y determinación, el espíritu de la admirada Legión.
A continuación, se presenta un recorrido por las múltiples iniciativas económicas y sociales que florecieron en este rincón de Ceuta. Más que un inventario, es un testimonio de dignidad, esfuerzo colectivo y resiliencia comunitaria.
Primera Parte: Vida cotidiana y oficios tradicionales
Academia
Además de los centros de enseñanza oficiales, un nutrido grupo de niños y niñas acudía a clases particulares. En los años cincuenta y sesenta, destacaban don Antonio, en Las Casas Nuevas, y Paquito, cerca de la plazoleta, como maestros muy apreciados por su dedicación y cercanía.
El 30 de octubre de 1958, el señor Cabello solicitó al Pleno que se facilitara un local en la Barriada del Príncipe, donde el párroco pudiera instalar un taller de costura y otras enseñanzas similares para niñas, así como clases nocturnas para los muchachos. El Ayuntamiento sólo asumiría los gastos de instalación.
En la calle Rafael Orozco funcionaba también la escuela árabe, junto a otros centros informales de formación.
Recuerdo especialmente aquellos años sesenta, en los que muchos jóvenes y adultos cursaban estudios por correspondencia: electricidad, radio, televisión, y otros oficios técnicos. Tras finalizar, recibían un título acreditativo, y no fueron pocos los que lograron convertir aquel aprendizaje en su modo de vida.
Abacerías
A lo largo de los años cincuenta y sesenta, la Barriada del Príncipe albergó un notable tejido comercial de abacerías, base esencial del abastecimiento cotidiano. Los documentos municipales recogen una progresiva expansión de estos pequeños establecimientos:
20/03/1952: Autorización a José Harillo Borrego para instalar una abacería en un kiosco sito en la carretera del Príncipe.
27/03/1952: Permiso a Hamido Ben Si Abdelá para abrir en la calle Rafael Orozco, nº 12.
11/12/1952: Aprobación del traspaso solicitado por José Coronado y José Piñero.
16/07/1953: Autorización a José Gallardo para abrir una abacería en el barrio.
10/06/1954: Dris Ben Alal Riffien obtiene licencia para establecer su tienda.
16/06/1955: Registro a nombre de Manuel Vega Fernández del local en el Grupo C, nº 1.
22/08/1957: Concesión a Abselam Ben Hamed Asnaui para abrir un nuevo punto de venta.
Estos permisos reflejan no solo la variedad de comerciantes, sino también la diversidad cultural y social del barrio. A partir de entonces, proliferaron las tiendas, muchas de ellas con personalidad propia, que forman parte de la memoria colectiva de los vecinos.
En la plazoleta, Pepe Harillo regentaba un comercio polivalente: comestibles, mercería, juguetería, estanco y, más tarde, helados. Justo enfrente, Sebastián y Concha —más tarde “Rubio”— llevaban una tienda muy completa. En la calle Rafael Orozco, Paco inició su tienda con Carmela y más tarde la trasladó frente al mercado.
En la esquina de Maestra Jaén, el hijo de “Rubio”, Sebastianín, regentaba otra tienda con tabacos. Enfrente, un comerciante musulmán vendía calzado tradicional. A pocos metros, dos tiendas más del mismo propietario ofrecían comestibles y especias; una de ellas, hasta no hace mucho, atendida por Alí.
Cerca de los carrillos de Paco y Tanyagui había una tienda grande de doble entrada. En San Daniel, en dirección sur, Pepe Coronado ofrecía comestibles y pan, y también reciclaba cartones que prensaba para su venta. Más abajo, Isabel de Cervera llevaba un pequeño comercio, y frente a ella otro musulmán —probablemente el padre del “Fascito”— gestionaba un almacén muy concurrido, al que llegaban los mulos cargados desde Marruecos con mercancías que se intercambiaban.
Al lado de Palomo, un amplio “puesto verde” vendía verduras. Subiendo por San Daniel, donde se cruza con Maestra Jaén, estaba la tienda de Francisco Moreno. Más arriba, otra regentada por un musulmán combinaba alimentación con utensilios. Poco después, la tienda de Arturo Navas ofrecía productos variados y, al final del tramo, otro puesto verde completaba esta red comercial.
Ya frente al Grupo Escolar, junto al bar, se encontraba la tienda de Manolo, otra referencia habitual para muchas familias.
Estas abacerías eran más que puntos de venta: eran espacios de encuentro y vida cotidiana, reflejo de una comunidad activa y organizada que se abastecía, socializaba y convivía en equilibrio.
Almacenes y locales
Desde los años treinta, la Barriada del Príncipe comenzó a mostrar signos de crecimiento urbano y comercial. En 1936 se concedió autorización para la construcción de un almacén en la calle E. Posteriormente, en 1946 y 1951, se aprobaron nuevas solicitudes para levantar locales con vivienda o abrir establecimientos en distintos grupos de la barriada. Estas iniciativas reflejan un incipiente dinamismo económico que iría consolidándose en las décadas siguientes.
Arrieros
En la vida cotidiana del barrio, aún persistían oficios tradicionales como el de arriero. Se recuerda a un musulmán, vecino de la calle San Daniel, que con sus mulos transportaba agua, arena y otros materiales. Su figura, discreta pero esencial, reflejaba una economía local aún muy ligada a los ritmos del trabajo manual y al transporte animal, especialmente en los márgenes del desarrollo urbano.
Barbero
Durante muchos años, las barberías formaron parte esencial del paisaje cotidiano del Príncipe. Joaquín, en la calle Rafael Orozco, y Varo, en la calle San Daniel, fueron dos de los barberos más conocidos. Sus locales no eran solo espacios de higiene personal: funcionaban como auténticos puntos de encuentro para los hombres de la barriada. Mientras esperaban su turno para un corte de pelo o un afeitado al ras, se hablaba de fútbol, de la quiniela, de caza o simplemente se hojeaba alguna revista ya envejecida por el tiempo.
El ritual del afeitado era toda una escena en sí misma: la brocha, la navaja, la toalla caliente, la charla pausada… Un ambiente casi ceremonial donde se entrelazaban el cuidado personal y la vida social.
También hubo una barbería regentada por un musulmán, situada en la calle San Daniel, justo frente al cafetín de Mojito. Contribuía a la diversidad de la barriada y completaba ese pequeño universo de oficios y servicios que hacían autosuficiente al barrio.
Cabrerizas, vaquerizas, porquerizas y palomares
Llama la atención el considerable número de pequeñas explotaciones ganaderas que llegaron a concentrarse en la Barriada del Príncipe Alfonso, un hecho que se explica por una ordenanza municipal de 1938 en la que se prohibía la existencia de cabrerizas en la ciudad y su campo exterior, excepto en las zonas de El Príncipe y Arcos Quebrados. Este detalle convirtió al barrio en una suerte de enclave semi-rural dentro del espacio urbano, donde la cría de animales formaba parte de la economía familiar y del abastecimiento local.
Desde principios de los años 40 se documenta la presencia de cabrerizas, como la de don Antonio Pérez Torrejón, autorizada en 1941. A lo largo de los años, numerosos vecinos figuraban como titulares de establos y corrales: Antonio González Martín, Francisco Ayala García, Andrés Cervera Cervera, Manuel Guerrero Mateos, María Jiménez Moreno, y otros tantos cuyos nombres aparecen en los registros municipales hasta bien entrados los años 60.
En cambio, las porquerizas causaban mayor rechazo. En 1949, el Ayuntamiento desestimó una solicitud para instalar una de ellas, y ese mismo año se denunciaba la presencia de cerdos criados dentro de las viviendas, lo que obligó a tomar medidas por motivos de salubridad. Sin embargo, su existencia fue una realidad en zonas periféricas de la barriada, como el barranco frente a las Casas Nuevas o las pozas, donde era habitual encontrar cochineras.
También hubo intentos de modernizar y organizar estas actividades. En 1962 se discutió la construcción de un nuevo matadero fuera del casco urbano, pensando incluso en El Tarajal, aunque no se llegó a ejecutar. Más adelante, en 1967, Diego Cervera Morales solicitó permiso para instalar una vaqueriza en la parcela 150 de la barriada.
El paisaje rural se completaba con otros elementos como el palomar de Juan Palomo, situado al final de la calle San Daniel, y anécdotas como la cabra extraviada recogida por un pastor del barrio en 1959, que fue depositada oficialmente en la barriada hasta que se resolviera su pertenencia.
Estas pequeñas unidades productivas reflejan una comunidad que combinaba la vida urbana con prácticas agropecuarias, en una convivencia que, aunque hoy pueda parecer insólita, formaba parte de la normalidad cotidiana del Príncipe.
Canteras
El entorno y supervisada por una masa arbórea de eucaliptus también acogió durante un tiempo actividades extractivas. En diciembre de 1961, el Ayuntamiento dejó sin efecto la cesión para la explotación de una cantera en la zona, revocando el contrato otorgado a don José Quireza Cota.
Existieron dos puntos de extracción, separados entre sí por unos cien metros, siendo el último el más próximo a las viviendas. El encargado de custodiar el lugar era Manuel Guerra Pacheco, quien disponía de una pequeña chabola de piedra donde se almacenaban herramientas y utensilios. Resultaba especialmente llamativo presenciar los preparativos de los barrenos y la posterior explosión, una imagen que formó parte del paisaje cotidiano de aquella época.
Carnicería
En octubre de 1964, don Al’lal Ben Hamed Ben Al-lal solicitó permiso para instalar una carnicería en la Barriada del Príncipe, ubicada en el Grupo Sur, número 96.
Comestibles
En la barriada del Príncipe, los establecimientos de comestibles se distinguen de las albacerías, aunque ambos ofrecían productos básicos para el hogar. Por ejemplo, en 1959, Abselam Ben Hamed Larosi adquirió el comercio de comestibles ubicado en la calle C, número 4, y Mohamed Mohamed Haddú Mesnaui se registró como titular del establecimiento de comestibles en la calle B, número 5.
Churrerías
Un humo con olor a churros impregnaba las mañanas; la venta de masa frita estuvo presente desde mediados de los años cincuenta, con autorizaciones como la concedida en 1955 a don José García Campos. En 1966, don Herberto García Trespalacios solicitó permiso para instalar una churrería industrial en la calle María Jaén, número 9. Además, junto a Juan Maeso y Blasa del Amo,los churreros más conocidos, un vecino musulmán elaboraba los tradicionales churros redondos que se anudaban con una palma.
Carbonerías
En un lugar de actividades tan variadas, la venta de carbón estaba autorizada desde 1955, como en el caso de Abderraman Ben Maimón Ben Amar. Recuerdo tres puntos principales: una carbonería frente a la tienda de Pepe Coronado, otra en el callejón de la escuela de Paquito el Maestro, y una tercera, más pequeña, situada en un local de chapa junto a la tienda de Afriquita, que además ofrecía otros productos.
Criadero de setas
Tras quedar fuera de uso el depósito de agua y las habitaciones de motores situadas cerca de la Legión, entre los eucaliptos, el espacio se destinó durante un tiempo a criadero de setas.
Comidas
Aunque las actas no recogen en detalle la naturaleza de estos establecimientos, sí se constata la existencia de iniciativas relacionadas con la preparación de comidas. El 4 de agosto de 1949, Mohamed Ben Alí Marrakchi solicita permiso para abrir un establecimiento de comidas en el Príncipe, aunque se le indica que debe ajustarse a la normativa vigente. No queda claro si se trataba de un restaurante o de un servicio de comidas para llevar.
Estancos
Si bien el único establecimiento que podría considerarse estanco en sentido oficial era posiblemente el de Piñero, situado cerca de la plaza de la Iglesia, no queda claro si ostentaba dicha condición legal. En cualquier caso, allí se vendía tabaco, sellos y también materiales escolares como reglas o compases.
En muchas de las abacerías de la barriada también se ofrecían distintos tipos de tabaco, y en algunas se vendían sellos de correos.
Un lugar especialmente recordado era el estanco de Pepe “el Cojo”, un hombre mayor de trato amable, que despachaba desde una pequeña habitación con mostrador, ubicada en la calle Maestra Jaen. Vendía tabaco en paquetes, pero también cigarros sueltos que él mismo liaba al momento con una pequeña máquina de manivela: colocaba el tabaco y el papel, giraba con destreza, y salía el cigarrillo. Para muchos niños, aquello era un espectáculo cotidiano que fascinaba.
Fábricas
Resulta muy llamativa la variedad de industrias que se instalaron en el entorno de la barriada del Príncipe, algunas impulsadas por los propios vecinos y otras promovidas por empresarios de fuera. Aunque algunas de estas industrias se establecieron en zonas como el río de las Bombas o el Tarajal, se consideran parte del imaginario del Príncipe por la gran cantidad de vecinos empleados en ellas.
Fábrica de Cerveza "La Estrella de África"
Uno de los casos más emblemáticos fue la fábrica de cerveza "Estrella de África", situada en el entorno del arroyo de las Bombas. Entre sus trabajadores, vecinos del Príncipe como Juan López, Antonio Alba, Alí, Mohamed Abdelkrin, Mohamed del Reducto, Miguel Podadera (fallecido trágicamente al hundirse el túnel de captación de agua), Pepe "el Gitano" en el área de control de botellas, Flores o Juan Márquez. (Información facilitada por Juan López, pocos días antes de su fallecimiento a la edad de 94 años)
La fábrica fue bendecida oficialmente en 1955, y su implantación generó gran expectación.
Fábricas de Ladrillos y Cerámicas
También se desarrolló una industria cerámica muy activa. La empresa Cerámicas El Tarajal, S.A., instaló hornos y solicitó autorización en diversas ocasiones para ampliar su actividad. Entre sus promotores estuvo Adolfo Carmona, y años más tarde Estanislao Mena Córdoba solicitó autorización para una nueva industria de ladrillos junto al arroyo de las Bombas, que dió empleo a vecinos algunos del Príncipe como Juan Maeso y Salvador Medinilla entre otros.
Fábrica de Caramelos y Dulces
En 1953 se autorizó la apertura de una fábrica de caramelos y dulce de membrillo en la calle Rafael Orozco, n.º 15, con maquinaria especializada. Su nombre comercial fue "Caramelos Septi", y los de coco eran inigualables. En años posteriores, se repitieron solicitudes similares, como la de Antonio Ruiz González en 1953 y 1967, esta última para un local en la avenida de España. Dentro de el abanico de iniciativas que abarcaba esta familia, debemos mencionar con una fábrica de colonias que, aunque recuerdo la producción en su nueva ubicación, es posible que los primeros experimentos se realizaran en el Príncipe.
Fábrica de Hielo y Cámaras Frigoríficas
Aunque ubicada en el puerto, la fábrica de hielo también dio empleo a vecinos del Príncipe como Manuel Chippirraz o Pepe Córdoba. En 1956 se solicitó la construcción de cámaras frigoríficas por parte de la Sociedad Anónima Weil.
Central Térmica del Tarajal
A finales de los años 50, el Instituto Nacional de Industria inició gestiones para la instalación de una Central Térmica en el Tarajal, que fue visitada incluso por el Ministro de la Gobernación. Aunque no se concretó rápidamente, la propuesta despertó interés por la cercanía a la barriada y el posible empleo local.
Fábrica de polos de Pepe Harillo
Una iniciativa entrañable fue la fábrica de polos de Pepe Harillo, gestionada directamente por su hijo Paco. En los años 60, fabricaban polos de sabores inolvidables como chocolate, coco, fresa... que fueron muy populares en Ceuta hasta que la competencia peninsular desplazó su producción.
Datos de proyectos e industrias
En 1952, Cristian Scharfhanssen Kebbee solicitó terrenos para instalar una industria en el Tarajal.
En 1955, la fábrica Africa Star recibió exención fiscal por tratarse de una nueva industria.
En 1967, comenzó a funcionar la planta potabilizadora situada en el Monte Hacho, un hito técnico para Ceuta en aquel tiempo.
Empleo Local
Además de los casos mencionados, la implicación de la barriada en estos proyectos industriales fue alta y significativa.
Huertas
La barriada del Príncipe Alfonso contaba con un notable número de huertas y huertos, que, aunque no alcanzaban una producción a gran escala, desempeñaban un papel importante en el abastecimiento de productos frescos de temporada. La variedad cultivada era considerable: habas, tomates, pimientos, pepinos, así como frutas como chumbos, manzanas, peras, o incluso productos silvestres como palmitos.
Algunas huertas eran más extensas y conocidas que otras, como:
La Huerta del Teniente
La Huerta de Nieves
La Huerta Benama
Otra más arriba (nombre no recordado)
Las Huertas de las Pozas
La Huerta de Hamú
La Huerta de Berrocal
Además, en los alrededores del río de las Bombas y los fuertes cercanos se encontraban otras zonas de cultivo. Incluso desde puntos alejados como el Fuerte San Francisco, personas como María Guerra y Cristóbal Ocaña bajaban cada semana hasta el Príncipe, generalmente con una mula, para comprar en la tienda de Pepe Harillo. Estos terrenos producían especialmente uvas, frutas y hortalizas, al estar sembrados de viñas y árboles frutales.
A todo ello se sumaban numerosos huertos pequeños, muchos de ellos cuidados por familias de la barriada. También era frecuente la presencia de vendedores procedentes de Marruecos, que ofrecían sus productos en el entorno del Príncipe, completando así el panorama agrícola y comercial del barrio.
Industriales
Dentro del tejido económico de la barriada del Príncipe Alfonso, hubo un número significativo de pequeños industriales y comerciantes que participaron activamente en la vida económica del barrio. Sin embargo, también se constata que muchos de estos emprendedores sufrieron las dificultades propias de la época, con frecuentes bajas por impagos o dificultades para sostener sus actividades.
El 25 de octubre de 1945, se recogió en acta una relación de industriales del Príncipe y de la barriada de la Unión que fueron dados de baja como fallidos, según orden de la Administración de Rentas Públicas de Cádiz. Entre los nombres figuran tanto vecinos españoles como musulmanes, reflejo de la diversidad económica del barrio:
Francisco Borbolla Trespalacios
Alí Ben Sayet El Hamedi
Taffani Ben Abselan
Meffadel Ben Abdelkrim Chel-lal
Aomar Ben
Juan García Carrasco
Mohamed Ben Al-lal Riffi
Laslissen Ben Hohassa
Fátima Ben El Hach Farradi
Mohamed Ben Abselan
El Hassani Ben Dris Ben Amar
Mismudi Ben Abdelaziz
Fátima Ben Mohamed
Tiburcio Borbolla Trespalacio
Este último, Tiburcio Borbolla Trespalacios, aparece nuevamente citado en el acta del 17 de febrero de 1949, donde se acuerda darle de baja en el padrón de anuncios comerciales por el establecimiento que tenía en la barriada del Príncipe. Además, se le indica que debía presentar la baja correspondiente del impuesto de radioaudición, si deseaba extinguir también el arbitrio sobre aparatos de radio.
Estas referencias dan testimonio de una actividad industrial modesta pero constante, con altibajos reflejados en la documentación fiscal y administrativa. Muchos de estos industriales fueron pequeños emprendedores o comerciantes autónomos, algunos con negocios familiares, que contribuyeron a dar vida a la economía local de la barriada durante varias décadas.
Latero y oficios tradicionales
En la barriada del Príncipe no faltaban los oficios tradicionales que durante décadas fueron imprescindibles para la vida cotidiana, entre ellos el latero y el afilador. Estos artesanos recorrían las calles o se establecían en puntos clave del barrio, prestando servicios tan necesarios como el arreglo de utensilios de cocina, afilado de herramientas y reparación de objetos metálicos.
Uno de los más conocidos en la zona fue “Rabanico” y su familia, quienes ejercían su labor en la plaza de la Iglesia, siendo reconocidos por su destreza y por ser parte del paisaje habitual del barrio.
También está documentado en las actas el caso de Andrés Sánchez Pérez, que combinaba los oficios de afilador y barbero, y cuya actividad profesional estuvo ligada a la barriada:
09/04/1942 – Se deja constancia del fallecimiento repentino de Andrés Sánchez Pérez, afilador y barbero, con domicilio en el Príncipe, Grupo C, número 10.
Estos oficios, aunque sencillos, formaban parte fundamental de la vida del barrio, cubriendo necesidades básicas con herramientas rudimentarias y habilidades transmitidas de generación en generación. Su desaparición marcó también el fin de una época en la que el servicio directo y el conocimiento manual tenían un valor esencial.
Zapateros
El oficio de zapatero también tuvo presencia destacada en la Barriada del Príncipe, donde la reparación de calzado era una necesidad cotidiana y parte del paisaje humano del barrio.
Juan el Zapatero, con su taller ubicado frente a la tienda de Arturo Navas, en la calle San Daniel, era una figura muy querida. Se le recuerda como un hombre afable, siempre simpático y conversador, con gusto por contar historias mientras trabajaba entre martillos, suelas y betunes. Su local, más que un simple taller, era un punto de encuentro vecinal, donde uno podía dejar los zapatos y llevarse alguna anécdota.
Otro zapatero conocido en la zona era el señor Trillo, cuyo pequeño taller se encontraba detrás del Mercadillo. Aunque de carácter más reservado, su trabajo también fue valorado por muchos vecinos de la barriada.
Ambos artesanos representan una época en la que la reparación primaba sobre el consumo y donde los oficios tradicionales sostenían la vida diaria con dedicación, cercanía y oficio.
Otros oficios
Además de las actividades señaladas anteriormente, muchos vecinos de la barriada desempeñaban otras profesiones que completaban el mosaico laboral del Príncipe. Algunos lo hacían de forma autónoma, otros como empleados de empresas públicas o privadas. Era habitual encontrar limpiabotas, albañiles, jardineros, así como militares, guardias civiles o policías, profesiones que ofrecían cierta estabilidad económica. También había quienes trabajaban en el puerto, los almacenes o las obras públicas, y quienes, con habilidad y esfuerzo, sacaban adelante su día a día con pequeños oficios tradicionales. En conjunto, todos ellos tejían una red humana de trabajo constante y diversidad profesional, reflejo de una comunidad viva y en evolución.
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He pretendido redactar un capítulo que recogiera la dinámica real de la barriada: el trasiego diario, la procedencia de sus gentes, sus proyectos, iniciativas, etc.; es decir, todo aquello que pudiera ofrecer al lector una visión lo más aproximada posible. Esta idea me llevó a desarrollar brevemente cada una de las actividades recogidas en las actas, junto con otras que he recordado. Seguramente alguna habrá quedado fuera. En este contexto, he dividido el trabajo en tres partes atendiendo al tipo de actividad, que publicaré dejando un breve intervalo de tiempo.
ResponderEliminarQué pedazo de trabajo. Impagable.
ResponderEliminarEnhorabuena Santi. Gran artículo, con datos documentales, que estamos conociendo gracias a ti.
ResponderEliminarSi!! En nuestra Barriada, habían muchos comercios y de todo tipo. Pero el más grande ( y no por dimensión) era el de José Harillo," Peparillo. En ultramarinos Harillo, se podía comprar: juguetes, ropa, zapatos todo de mercería,telas a metros, ferretería, droguería, alimentación,a granel,comidas pará animales, etc etc y en verano, como bien dices tú, los famosos polos y helados. Recuerdo muy bien y nunca se me alvidaran, a María y Pepe, y sus hijos, Bartoli, Paco y José Mari. Les tuve mucho cariño y respeto y aún les sigo recordando y sigo teniendoles el mismo cariño y respeto. Gracias Santi.
Gracias Pepe. Cierto todo lo que apuntas, era un negocio muy completo el más de todos los que teníamos en la barriada. Eran todos muy buenas personas, y en su momento ayudaron mucho, sobre todo empleando una libreta donde apuntaban lo que te daban "fiao", entre otras familias estaba la mía. Pepe conocía muy bien las plantas, cuando se le comentaba alguna dolencia, te recomendaba una apropiada.
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