Nunca es tarde: La historia de Grandma Mose

 

Nunca es tarde: La historia de Grandma Moses 

Wikipedia- Dominio público 


Finalizar un proyecto siempre desata una ilusión particular. Es ese instante último en que has maquetado tu libro y dices: “Aquí queda, ya no lo toco más”, como cuando realizaba un examen y llegaba el momento en que decidías que no podías revisar hasta cumplir la hora. Era un descanso después de la tensión, una forma de decir al mundo: “He cumplido mi parte, ahora no me pidas hasta que yo decida”.

Pero siempre, una charla, una lectura, un querer saber te pone en alerta. Así es como aprendí que toda obra necesita ser depositada en un Depósito Legal. Esa idea me trastocó y recordé los tiempos en que ejercía de editor. Valoré el tiempo y realicé la consulta online. En pocos minutos ya disponía del registro, acompañado de instrucciones de envío a la Biblioteca Nacional y la obligación de entregar ejemplares a la provincia. Estaba a mitad de camino, pero no estaba dispuesto a invertir un minuto más en cuestiones administrativas. Mi respuesta fue sencilla: “Me hace más ilusión rescatar un minuto de mi vida”, y procedí a cancelar la parte burocrática.

Y así, entre reflexiones personales y recuerdos de años de trabajo editorial, aparece la historia de otra mujer que supo comenzar tarde y alcanzar un legado imperecedero: Anna Mary Robertson Moses, mejor conocida como Grandma Moses.

Nacida en 1860 en Greenwich, Nueva York, Moses vivió la Guerra Civil estadounidense y ambas guerras mundiales. Fue una de diez hijos de una familia de agricultores. A los 12 años trabajaba ya en una granja; a los veinte se casó con Tomás Salmón Moses, con quien tuvo diez hijos, de los cuales cinco murieron siendo bebés. La vida cotidiana era dura, pero también formativa, y forjó en ella un sentido profundo de observación y memoria del mundo rural.

Su carrera artística comenzó a los setenta años, cuando la artritis le impidió seguir bordando. Decidió entonces tomar pinceles y lienzos para plasmar escenas de la vida rural que conocía y amaba. Fue descubierta en 1938 por el coleccionista Louis J. Caldor, quien vio sus cuadros en un supermercado de Hoosick Falls, Nueva York. En 1939, Otto Kallir exhibió sus trabajos en la Galerie Saint-Etienne de Nueva York, despertando rápidamente la atención de coleccionistas de todo el mundo. Sus obras se hicieron codiciadas y se exhibieron en Europa y Japón, donde fueron especialmente valoradas.

Grandma Moses pintó escenas costumbristas, paisajes, celebraciones y vida rural con un estilo naïf encantador y personalísimo, que aun siendo simple en trazo, lograba composiciones complejas y llenas de vida. Sus obras fueron reproducidas en tarjetas de Hallmark, sellos postales y campañas publicitarias. Cada cuadro refleja una memoria viva, un fragmento de historia capturado con cariño y detalle.

Entre sus obras más notables destacan The Old Checkered House y Fourth of July, esta última pintada en honor al presidente Eisenhower y aún hoy exhibida en la Casa Blanca. Su influencia fue reconocida también por el presidente Harry S. Truman, quien le otorgó el Premio del Club Nacional de Prensa Femenina en 1949. Incluso después de cumplir cien años, continuó pintando; en el último año de su vida creó 25 cuadros antes de fallecer en 1961, a los 101 años.

El ejemplo de Grandma Moses es un recordatorio de que nunca es tarde para empezar, y que la pasión y la creatividad no conocen límites de edad. Su arte, sencillo y profundo a la vez, nos invita a valorar la belleza en lo cotidiano, a observar y preservar la memoria de nuestro entorno, y a encontrar la posibilidad de un legado personal incluso en los comienzos tardíos.






Christmas, 1944, Anna Mary Robertson Moses (Grandma Moses), dominio público. Imagen cortesía del Smithsonian American Art Museum.









Comentarios

  1. Siempre consecuente con lo que piensas. Cuantos van?

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  2. Es una historia muy bonita. Gracias por traerla aquí.

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  3. Pepe Pozo: Bonita historia de la Abuela Moses. Hay personas ya mayores que guardan en su interior, tanta sabiduría y tanto arte , que les explota por cualquier circunstancia personal . Ella, por causa de la artritis, empezó a pintar.
    Tengo una gran amiga que a los sesenta años ( ahora tiene 66)le diagnosticaron Parkinson , y todos los días al amanecer y atardecer sale a caminar y hace unas fotografías maravillosas y cuando está en casa, pinta unos dibujos y acuarelas maravillosas. Por supuesto , no tendrá la calidad de Moses, pero no desmerece. Un abrazo Santi.

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    1. Así es, tienes mucha razón, hay demasiadas personas arrinconadas y conservan verdaderos tesoros. Quedo a la espera de mi propuesta. Gracias por tu comentario.

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