La revista que archivó una ciudad
La revista que archivó una ciudad
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| Portada de la Revista Oficial de la Feria de La Línea de la Concepción (1962). Edición digital conservada por el Archivo de la Diputación Provincial de Cádiz. |
Cada año, cuando llega la Feria, reaparecen los recuerdos. Los pregones suelen mirar hacia atrás y, como ocurre con toda memoria, unas veces confunden fechas, otras engrandecen episodios y casi siempre dejan que la nostalgia complete lo que el tiempo ha borrado. Esta vez he preferido un camino distinto. Hace unos días me encontré con la edición digitalizada de la revista oficial de la Feria de 1962 y decidí dejar que fuera ella quien hablara.
Antes incluso de leer una sola línea, la revista ya habla. Sus 118 páginas sorprenden por la cuidada presentación. La portada, impresa en cuatricromía, era toda una declaración de intenciones, y en el interior cada página alterna colores y combina pequeños artículos con anuncios perfectamente distribuidos. Nada parece improvisado. Todo transmite el esmero de una época en la que una publicación de Feria era algo más que un simple programa de festejos.
Pensé que encontraría toreros, reinas de las fiestas, casetas y programas de actividades. Todo eso estaba allí. Pero, conforme iba pasando sus páginas, comprendí que el verdadero hallazgo era otro. Sin proponérselo, aquella publicación había conservado una ciudad entera.
Contemplando aquel tesoro intacto, me costaba decidir cómo transmitir su contenido.
Revisé y tomé notas. Incluso escribí un primer borrador que, al releerlo, comprendí que no respondía a lo que aquella revista quería contar. Había demasiados datos y muy poca ciudad.
Detengámonos un instante en la portada. Un torero saluda desde el ruedo mientras el Peñón se dibuja al fondo sobre un mar verdoso. Las sombrillas, casetas al borde del mar y la frase Bahía del Sol debajo del nombre de la ciudad.
Pasamos la página y aparece un artículo dedicado a La Pequeña Reina, junto a su imagen: “La corona del reinado infantil ha recaído este año en la simpatiquísima y guapísima Nieves de Meer Pardo. Y sus damitas de honor…,
Le sigue un artículo dedicado al alcalde de entonces D. Pedro Alfageme González, hay un párrafo que merece ser rescatado: “En el conocimiento de los linenses están las mejoras conseguidas. Por tanto, consideramos innecesario enumerarlas, y no lo hacemos tampoco porque a nuestro Alcalde le complace mucho más pensar en lo cuanto tiene que hacer, en continuar haciéndolo, sin recordar lo que ya quedó hecho”. Más de sesenta años después, aquellas palabras siguen invitando a la reflexión.
Entre artículo y artículo van apareciendo los anuncios. Más que simples reclamos comerciales, acaban convirtiéndose en pequeñas ventanas abiertas a la ciudad de entonces.
Paso más páginas y desfilan zapaterías, imprentas, bares, librerías, carnicerías, talleres, transportistas... La revista parece empeñada en recordarme una ciudad que ya no existe. Entre aquellos anuncios aparecen también más de una decena de establecimientos de Gibraltar, además de algunos de Jerez y Sevilla. Una prueba de la intensa relación comercial que entonces existía entre ambas orillas de la Bahía. Más de la mitad de los establecimientos de la ciudad hoy han desaparecidos: La Ideal, Foto Solano, Bar Gran Britz, Sedalana, La Chiclanera, anunciando su cubierto especial, todo incluido: 50 pesetas, así hasta más de cincuenta y en una sola revista.
De aquellos, muy pocos han llegado hasta hoy: La Escocesa, Electricidad Goya, Tejidos Florín, Rumagas, Cafetería Jockey y algún otro. Aquellos anuncios, concebidos para durar apenas unos días, han terminado convirtiéndose en el testimonio de un tejido comercial que el tiempo transformó por completo.
Las páginas se llenan de tómbolas, caballitos, salones de tiro, guiñoles, buñolerías, norias gigantes y circos. Algunas atracciones han desaparecido incluso de la memoria colectiva. Otras siguen formando parte de cualquier feria, aunque ya muy distintas de aquellas.
Desde luego nada que se le parezca a los precios que anunciaba la Tombola Palacio: por 2 pesetas, una lavadora de 5.000; por dos pesetas, una máquina de coser; por dos pesetas, bicicletas, baterías de cocina, aparatos de radio y electro domésticos. Continuaba diciendo Tres papeletas un duro.
Imagino las caras de ilusión, y también de algún que otro gesto de vértigo, de quienes ascendían lentamente en la Gran Noria Gigante, anunciada entonces como la atracción más alta de la Feria. Desde arriba, la ciudad iluminada; abajo, las familias paseando entre buñuelos, música y voces que aún parecen escucharse entre aquellas páginas.
Conforme avanzo en sus páginas, la revista sigue revelando pequeños detalles que el tiempo ha ido transformando casi sin que nos diéramos cuenta. Cambian los nombres de las calles, desaparecen los reales, las pesetas y los duros, los teléfonos multiplican sus cifras y hasta las costumbres delatan otra época: se fuma en los espectáculos, en los bares o en cualquier reunión con una naturalidad que hoy nos sorprende.
La revista sigue ampliando el retrato de la ciudad. No solo anuncia casetas y atracciones; también deja constancia de la intensa actividad cultural de aquellos días.
Comparte espacio con los grandes acontecimientos culturales del momento. Las primeras figuras del toreo ocupan un lugar destacado, mientras el Teatro Cómico anuncia el estreno mundial de Los cañones de Navarone y el Teatro Amaya ofrece la Gala Flamenca de Juanito Valderrama.
La programación continúa con el ídolo del momento, Paquito Jerez, y su espectáculo Mi canción a ritmo; Macarena de los Ríos presenta Duende y Fantasía y Andivia reúne a Enrique Montoya y a Niña de Antequera en el gran espectáculo Trono de Coplas.
Una tras otra fui pasando las páginas y leyendo con detenimiento los cerca de veinticinco artículos que componen la publicación. Sorprende la calidad literaria de muchos de ellos y la naturalidad con la que hablan de la ciudad. No necesitan exagerar sus virtudes ni lamentar sus carencias. Simplemente describen una Feria, sus barriadas, la devoción a la Inmaculada, sus personajes más conocidos, el cartel anunciador y tantos otros aspectos de la vida linense.
Las ocho carrozas desfilaron en la noche inaugural entre música, luces y aplausos. "Los Caracolas" y "Circo", organizadas por el Ayuntamiento, compartían protagonismo con las del resto de entidades. La revista las describe como el comienzo de unos días de alegría que toda la ciudad parecía esperar.
Cerré la revista despacio. Ya no tenía entre las manos el programa de una Feria celebrada en julio de 1962. Tenía delante una ciudad con sus comercios, sus calles, sus cines, sus imprentas, sus feriantes, sus ilusiones y su forma de entender la vida. Aquella revista pretendía anunciar una Feria; sin saberlo, terminó archivando para el futuro la memoria cotidiana de La Línea. Quizá esa sea, sesenta y cuatro años después, su mayor noticia.
La revista utilizada para este artículo corresponde a la edición digital conservada por el Archivo de la Diputación Provincial de Cádiz, cuyo trabajo de digitalización permite hoy redescubrir documentos como este.

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