Un encuentro con Diego Álvarez y Memoria fiera
Un encuentro con Diego Álvarez y Memoria fiera
Hace unos días hablé con Diego Álvarez. No recuerdo haberlo hecho antes y desconocía por completo su faceta como escritor.
Por mediación de Paco Santos supo que estaba trabajando en un tema relacionado con la prostitución en La Línea y que necesitaba localizar una referencia sobre Jean Genet. Acudió hasta donde me encontraba con un ejemplar de Diario de un ladrón bajo el brazo, me señaló el pasaje que buscaba y, generosamente, me dejó el libro.
Como era natural, terminamos hablando de la investigación que llevo tiempo desarrollando. Fue entonces cuando me comentó que él también había escrito sobre esa temática, aunque más que hablar de su trabajo se dedicó a orientarme sobre personas que podrían aportarme información y testimonios. Esa actitud dice bastante de su carácter: discreto, alejado de cualquier afán de protagonismo.
Antes de despedirnos se ofreció a prestarme su obra y acepté encantado. Al día siguiente, Paco Santos me hizo llegar Memoria fiera, publicada en 2019.
Setenta y dos horas fueron suficientes para leer ambos libros. Debo decir que Diario de un ladrón, pese al reconocimiento que ha recibido por parte de algunos escritores de prestigio, no terminó de convencerme. Sin embargo, la lectura de Memoria fiera fue una grata sorpresa.
La novela tiene como personaje central a Chelo, una prostituta cuya vida se entrecruza con la de otros personajes vinculados a ese mundo en la La Línea de otra época. Pero el mérito del libro va mucho más allá de su argumento principal. Diego Álvarez aprovecha la narración para reconstruir ambientes, calles, establecimientos, costumbres y personajes de la ciudad, componiendo un mosaico de gran riqueza documental y humana.
A medida que avanza la historia aparecen cabarés, bares, pensiones, cines y rincones que forman parte de la memoria colectiva linense. El autor demuestra un notable conocimiento del contexto histórico y social que describe, incorporando numerosos detalles que dotan al relato de autenticidad y credibilidad.
La novela está bien construida, bien narrada y mantiene el interés del lector. Las transiciones entre las distintas historias y referencias resultan naturales, y el lenguaje empleado evidencia un profundo conocimiento del universo que retrata. Me pareció un trabajo extraordinario, especialmente por la cantidad de detalles de carácter local que contiene y por su capacidad para rescatar una parte de la memoria de La Línea que rara vez aparece en los relatos oficiales.
A veces hablamos mucho de personas conocidas y olvidamos reconocer el trabajo de quienes desarrollan una labor silenciosa. En mi caso, esta ha sido la primera ocasión en la que he tratado con Diego Álvarez, y también el descubrimiento de un escritor que merece ser leído.
Si dices que es interesante seguro que lo es. Eres de los pocos que mencionan a personas que merecen la pena conocer. Gracias y enhorabuena una vez más.
ResponderEliminarGracias a ti por leer y comentar.
EliminarNunca serás profeta en tu tierra.
ResponderEliminarEs un dicho que tiene bastante de verdad. Personalmente, me gusta reconocer los méritos allí donde los encuentro, sin dejarme llevar por afinidades, intereses o costumbres. A veces se premia la complacencia o la mediocridad y se pasa por alto el talento cercano. Por eso me parece justo destacar a quien realmente lo merece.
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