Más allá del color lila
Más allá del color lila
| Imagen 1-06-2026 |
El sol, sin freno de nubes, alcanza con su poderosa luz los límites de la villa. El mandato silencioso obliga a protegerse en las reducidas sombras, y las aceras agraciadas son ocupadas en ambos sentidos sin distinción de edades, algunos cambiando sus hábitos.
Las actividades se concentran en el atardecer, cuando el fresco asoma. Entonces, los paseos comienzan a ejercer su función. La panorámica de la Avd. Carlos Cano permite disfrutar de un colorido especial en esta época, con predominio de los tonos marrones, verdes y lilas.
Cuarenta y dos árboles de jacarandá forman una fila al borde de la calzada, dispuestos para saludar a peatones y vehículos que transcurren.
Las numerosas ramas que sobrepasan nuestra altura forman una bóveda vegetal que evita las últimas incursiones del astro amarillo, mientras el aroma de las flores y los pétalos, formando un tapiz sobre el suelo, alegran nuestros sentidos.
Quienes cruzan saludos y miradas en el camino parecen no reparar en tanta diversidad y grandeza. Más desapercibidos aún pasan los líquenes, de tonalidades que van del verde al amarillo y que abrazan la corteza.
Me extraña la indiferencia hacia esta maravilla de la naturaleza mientras recuerdo que los líquenes son indicio de un ambiente saludable y de un ecosistema equilibrado, tan publicitado y ansiado hoy. Ese contraste entre la corteza y esa especie de limo verdoso corresponde a un organismo formado por la asociación de un hongo y un alga. No son parásitos ni dañan al árbol; simplemente lo utilizan como hábitat.
Algunas veces he pasado suavemente la mano sobre ellos, percibiendo una sensación parecida a la de una arena fina, algo más húmeda y perfectamente adherida a la corteza. Su presencia abundante indica un aire limpio y de buena calidad. Aunque fije mi vista, no alcanzo a ver los insectos que los frecuentan; quizá las decenas de pajarillos que merodean los utilicen como alimento.
Es un árbol que guarda secretos, pues en un mismo periodo parecen coincidir varias estaciones. Como si reuniera simultáneamente distintos momentos de un mismo ciclo vital: la vida nueva en los brotes verdes, las flores lilas simbolizando la plenitud, las hojas secas anunciando la decadencia y la persistencia silenciosa de los líquenes.
¿Qué encierra todo esto? Quizá cada rama vive su propio tiempo. El árbol parece albergar una coexistencia de momentos vitales diferentes: brotes, flores, hojas secas y líquenes conviven en un mismo ser vivo.
Si cada rama evoluciona de manera independiente, quizá también ocurre con las personas: en una misma familia, grupo o comunidad conviven distintas etapas vitales. Mientras unos brotan con la fuerza de los nuevos comienzos, otros atraviesan la plenitud de la floración; algunos dejan caer hojas que ya cumplieron su ciclo y otros conservan la huella silenciosa de lo vivido.
Tal vez por eso me atrae tanto contemplar estos jacarandás. En ellos no veo únicamente árboles, sino una representación discreta de nosotros mismos: seres que compartimos un mismo espacio y un mismo tiempo, aunque cada uno habite una estación diferente de la vida.
Como complemento al artículo, he añadido un pequeño vídeo generado a partir de lo expuesto en estas líneas. A veces las imágenes ayudan a acompañar las palabras.
ResponderEliminarGracias, Santiago. Si ya tenía las expectativas altas cuando me has comentado hace apenas unas horas que ibas a escribir algo sobre estos árboles y su vistoso color, aún más altas las tengo después de deleitarme con tan hermoso texto, sus tonalidades y la relación con la vida humana. Parecía que no era literario, pero todo en esta andadura resulta serlo. ¡Gracias, de verdad! 🪻🌱👣
ResponderEliminarMuchas gracias, Pilu. Algo parecido sentía yo mientras escribía. Se presentaba como un tema recurrente, hasta que me percaté de los líquenes. Fue como encontrar la nota musical que daba sentido a lo anterior y despejó el camino final. Eso tienen las palabras.
EliminarEs un artículo genial. Les voy a reproducir el video a mis nietos. Gracias y enhorabuena.
ResponderEliminarMuchas gracias, Paqui, pienso que puede ser una buena decisión.
EliminarQue artículo más curioso...el árbol en sí ya despierta curiosidad y si aparte sus ramas se desarrollan de diferentes maneras los hacen más interesantes...y lo que no deja de ser curioso es que nunca nos fijamos en la diversidad de los paisajes.
ResponderEliminarMi enhorabuena Santiago.
Gracias, Eduardo. Es cierto, y lo que dices ya es bastante normal. Quizá estamos buscando cosas más cómodas y olvidando algunos mecanismos.
EliminarQue preciosidad de artículo, te hace incluso ver y sentír lo que tan bien describes. Enhorabuena
ResponderEliminarGracias, May. Es una satisfacción recibir vuestros elogios. Un abrazo.
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