Una mañana entre peones y sueños

 

Una mañana entre peones y sueños

«Pero así usted no mejorará en el juego»





He pasado una agradable mañana contemplando partidas de ajedrez. Siempre me han emocionado esas maniobras de ejércitos silenciosos que se despliegan sobre las sesenta y cuatro casillas blancas y negras. En esta ocasión, las piezas no estaban dirigidas por grandes maestros, sino por adolescentes que derrochaban entusiasmo y dejaban entrever prometedoras muestras de talento ajedrecístico.

La Plaza de la Constitución de Los Barrios fue el escenario del encuentro. Al resguardo de un sol intenso, predominaban las camisetas amarillas de la escuela de ajedrez, cuyos alumnos ocupaban las amplias y bien dispuestas mesas preparadas para la actividad.

No se trataba de una competición, sino de una jornada de convivencia: un intercambio de experiencias deportivas, una oportunidad para la relación entre jóvenes unidos por su afición al llamado juego-ciencia y una ocasión para poner en práctica los conocimientos adquiridos en la escuela de ajedrez que dirige Roberto Molina, principal impulsor de este bonito acontecimiento, así como en los centros educativos o de manera autodidacta.

En algún momento decidí participar para no ser un simple observador. Acepté la invitación de algunos de estos jóvenes para sentarme frente al tablero y, en otras ocasiones, fui yo quien les propuso una partida. La experiencia me permitió comprobar que existe un buen nivel de juego. Muchos de ellos ya dominan conceptos básicos de aperturas, desarrollan con soltura el medio juego, conocen patrones de mate con distintas piezas y manejan con naturalidad el reloj de competición.

Me voy a permitir contar una pequeña anécdota de mis encuentros frente al tablero. Uno de los jóvenes condujo las piezas con notable acierto durante gran parte de la partida. Sin embargo, en el medio juego cometió una leve imprecisión que le condujo a un final claramente inferior. Aun así, continuó luchando con determinación hasta percatarse de que la posición estaba perdida.

Fue entonces cuando le ofrecí tablas, que aceptó después de estrechar mi mano. Sorprendido, me preguntó por qué le proponía el empate cuando la victoria estaba a mi alcance.

—Porque no me he sentado aquí para ganar, sino para enseñar —le respondí.

El muchacho guardó silencio unos segundos, observó el tablero y finalmente replicó:

—Pero así usted no mejorará en el juego.

Su respuesta me hizo sonreír. Quizá tenía razón desde una perspectiva estrictamente competitiva. Sin embargo, en aquel momento comprendí que aquella mañana el resultado era lo menos importante. Lo verdaderamente valioso era compartir conocimientos, experiencias y la pasión por un juego que sigue enseñándonos lecciones dentro y fuera del tablero.

Estoy convencido de que, a medio plazo, el ajedrez ocupará el lugar que merece en esta villa. Los Barrios reúne condiciones idóneas para consolidar una sólida base ajedrecística que, bien orientada, puede contribuir también al aprendizaje y desarrollo de otras disciplinas. El ajedrez enseña a pensar, a planificar, a asumir responsabilidades y a tomar decisiones; cualidades valiosas dentro y fuera del tablero.

No sería la primera vez que el ajedrez despierta interés en la localidad. A mediados de los años ochenta se produjo un notable incremento de aficionados. Por entonces se impartieron cursillos y se organizaron algunos torneos en el Casino de Los Barrios, llegando incluso a destacar varios jugadores que demostraron un apreciable nivel de juego.

Esta iniciativa, que se ha desarrollado en el Paseo de la Constitución, se consideró abierta a participantes de todas las edades y tuvo además el atractivo añadido de un sorteo de diversos premios.

La jornada contó con la visita y el respaldo de la delegada de Cultura, Cristina Marchante; la delegada de Protección Civil, Geli Ferral; el delegado de Servicios Sociales, Carlos Torres; y la delegada de Políticas de Igualdad, Cristina Silva, quienes además colaboraron activamente para contribuir al buen desarrollo de la actividad.

El evento está organizado por el Club Ajedrez Los Barrios, el Club Deportivo y el Ayuntamiento de la localidad, con el patrocinio de las firmas Gadisur, A&R Abogados y González Gaggero. Merece también una mención especial el apoyo de las familias que acompañan, animan y hacen posible que sus hijos mantengan viva esta afición.

Al abandonar la plaza, quedaba la sensación de haber asistido a algo más que una simple reunión de aficionados. Sobre los tableros se movían piezas de madera y plástico, pero también ilusiones, aprendizajes y amistades. Quizá ahí resida el verdadero valor de jornadas como esta: sembrar entre los más jóvenes una afición que, además de entretenimiento, es cultura, deporte y formación.


Panorámica del encuentro ajedrecístico


Dos jóvenes jugadores durante la apertura de su partida.


Final de la jornada. Entrega de regalos a los participantes.


Familias observan el desarrollo del juego


Roberto ofreciendo una explicación.


Un precioso entorno.





Con mi nieto Javier. Saludo previo a una partida.





Comentarios

  1. Sólo alguien que conoce puede escribir esto. Sin estar lo he vivido. Gracias.

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