Memoria del futbolín
Memoria del futbolín
Hay objetos que pertenecen a una época y otros que sobreviven a todas. El futbolín pertenece a los segundos. Da igual que cambien los móviles, los bares o las modas: siempre habrá cuatro personas inclinadas sobre una mesa, agarrando unas barras metálicas con empuñaduras de madera, como si el resultado importara de verdad.
Era muy pequeño, pero deseaba llegar al bar donde mi padre, junto a unos amigos, algunas tardes jugaba una partida de billar. Aquel lugar disponía de un salón enorme, de techo alto, y junto a la mesa de carambolas había un futbolín de madera, de los antiguos. Agarrado a las empuñaduras podía balancearme y, de puntillas, asomarme para ver el campo de fútbol.
Los jugadores tenían las piernas juntas y estaban pintados a mano: unos de color blanco y otros con rayas rojas. Mucho después supe que en España había casi tantas formas de entender un futbolín como maneras de discutir de fútbol.
Cuando crecí, aunque seguía delgado, pude contemplar por fin la panorámica completa y aquello me fascinó; quizá fuera la primera sensación de sentirme como un pájaro. Introduje una peseta en la ranura. La luz sobre aquella mesa, que casi siempre permanecía apagada, se encendió.
Al pulsar un botón se produjo un ruido parecido al de un rebaño de cabras entrando en el corral: eran las seis bolas blancas rodando hacia el cajón. Aunque se notaban gastadas, no me importó; también algunos jugadores mostraban ya su decadencia.
Después llegaron los años de ir al cine con los amigos, y la tarde se completaba con un paseo y algunos enfrentamientos en los futbolines. Pero aquellos ya eran más modernos: los pies de los jugadores aparecían separados, eran metálicos, las equipaciones más vistosas y los colores más vivos.
En el salón recreativo de Las Vegas comprendí que aquello iba mucho más allá de las partidas improvisadas en los bares. Existían campeonatos, parejas conocidas, mesas distintas y hasta estilos de juego. Años después, revisando periódicos de comienzos de los cincuenta, descubrí que España había vivido una auténtica fiebre del futbolín y que incluso se le dedicaban coplas.
También descubrí que detrás de aquellos futbolines había empresas especializadas. Una firma asturiana anunciaba en la prensa de 1950 la expansión de sus mesas por toda España, como si estuviera llevando una nueva fiebre recreativa de ciudad en ciudad.
Recuerdo a jugadores que dominaban el juego de un modo sorprendente: detenían las bolas entre los pies, se las pasaban entre jugadores de distintas líneas e incluso hacían pequeños malabarismos antes de chutar a puerta para eludir a la defensa y al portero.
El futbolín era un objeto ruidoso y social: barras chocando, gritos de gol, monedas deslizándose por la ranura, golpes secos y el sonido hueco de la bola al estrellarse en el fondo de la portería, muchas veces en un ambiente de humo y eco.
Ya no es lo que era; el tiempo y los cambios lo han ido arrinconando. Pero todavía puede verse a los de nuestra generación acercarse con una mirada familiar, posar las manos sobre las empuñaduras y realizar un leve giro de muñeca, como si aún quedara algo de nosotros en aquellas figuras inmóviles.

El futbolín es una de las pequeñas grandes cosas que nos acompañaron en nuestras vidas y ahora permanecen en nuestra memoria.
ResponderEliminarLas Vegas era el templo del futbolín, barras que se doblaban con facilidad para remontar la bola,también se jugaba mucho en el Maribel 1, las barras eran más gordas y más altos , los de las Vegas eran más bajitos en Avda la Banqueta, en el Maribel 2 era más billar.
ResponderEliminarSí, los conocí, sobre todo el que estaba al lado de casa. En este caso, me refería a "Las Vegas en Ceuta", era una sala recreativa muy grande, creo que de dos plantas y hace unos años aún existía. En cualquier caso, las experiencias fueron similares con independencia del lugar. Gracias por leer y comentar.
EliminarCuantos recuerdos!!
ResponderEliminarEste salón recretivo estaba más cerca de tu casa que de la mía.
EliminarQue bien has descrito la afición hacia el futbolin Santiago siempre he sido un aficionado de este juego tan entretenido, en mi juventud lo practicaba mucho y lo hacia bastante bien, y todavía me encantaría de jugar pero ya es difícil encontrar un sitio donde poder hacerlo,gracias por recordarme tan buenos momentos, soy Jerónimo
ResponderEliminarEs cierto, quedan pocos sitios, pero aún se puede encontrar alguno. En La Línea he conocido a muchos y buenos jugadores de billar, de futbolín no tantos, quizá porque me fijara más en los primeros.
EliminarMe ha gustado. Gracias
ResponderEliminarA ti por leer y comentar.
EliminarMis padres recibieron por Correos , en un mismo paquete , desde Alemania , un peluche y un minifutbolin . El primero iba asignado , el entonces un crio de cuatro años , a mi . El otro juguete era para el hijo del jefe de mi padre . Me llevé un disgusto que aun me dura . Cometieron el error de dejármelo ver . Mi madre me cuenta que ni entendía ni atendía las explicaciones de aquel reparto . La pena sólo desaparecía cuando Tommy y yo lo compartíamos en el salón de su casa , disfrutando aquellas tardes de los 60 . Nunca es tarde para volver a jugar .
ResponderEliminarEra un juguete muy preciado por los niños de la época, y eran bastante costosos.
EliminarEl futbolín...que de recuerdos...íbamos al cine y luego a tomar unas cervezas para a continuación echar unas partidas al futbolín donde existía una rivalidad sana en cada partido...recuerdo que yo iba con el Madrid y al lado contrario el Barcelona...las muñecas trabajaban a gusto por encontrar el golpe duro...a veces se conseguía algún que otro gol desde la defensa...junto al mango de la barra había un soporte de goma para que ésta no golpeara en la madera.
ResponderEliminarYo no lo hacía mal pero habían algunos que tenían estudiadas las jugadas y la manera de engañar a la defensa contraría.
Buen tema como todos los que tocas...me dejo en el tintero que el salón de juegos llevaba por nombre "Salón Gol" en La Línea.
Un abrazo Santiago
Con independencia del lugar, las necesidades, divertimentos y otros aspectos eran muy parecidos. Gracias por participar.
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