El lápiz y la o
El lápiz y la o
Cada mañana me asomo a la ventana de mi estudio. Me gusta ver pasar a los estudiantes que acuden al instituto Carlos Cano.
Recibo así la primera lección del día, observando la variedad de sus vestimentas, con independencia de la climatología; cómo caminan en pequeños grupos o en solitario; o el material que llevan consigo. A menudo alguno espera para emprender la marcha junto a un amigo.
Tantas escenas ayudan a reconstruir un pasado parecido del que todos fuimos protagonistas.
Con los años recordamos nuestros primeros días de colegio: los juegos, las canciones, los trazos sobre la libreta o en papeles sueltos, con un lápiz al que tantas veces se le partía la punta mientras intentábamos oscurecer una pequeña raya o cerrarla para convertirla en una o. Ahora sonreímos, aunque entonces no resultaba tan sencillo.
Seguro que siempre fue igual. También para aquellos niños que, en 1823, Rafael de la Priega aspiraba a recibir en su escuela particular de Los Barrios, dedicada a primeras letras.
No era un oficio muy recompensado. Una instancia de Isidro Moreno, maestro de primeras letras, reclamaba el pago de su dedicación, obteniendo por respuesta que se haría efectivo «cuando lo permita el estado de los fondos», igual que ocurría con los demás proveedores.
Otros puntos de la comarca mostraron también iniciativas relacionadas con la enseñanza. En San Roque, durante aquella década, Diego Peralta solicitaba permiso para establecer una clase de educación y María Dolores Macias pedía autorización para abrir una academia de niñas. Algeciras, Tarifa, Jimena o La Línea también aparecen referencias.
Más niños se vieron favorecidos con la aplicación de la Ley de 1838 del Plan de Instrucción Primaria. Su extenso articulado contemplaba que todo pueblo que alcanzara cien vecinos estaría obligado a sostener una escuela primaria elemental completa.
Poco tiempo después, en 1843, Domingo García Blanco era profesor de primaria y latinidad en Los Barrios, aunque ya se le adeudaban 520 reales.
Los problemas de pagos en la escuela pública continuaron y llegaron otros, como las reclamaciones de titularidad. Así ocurrió con maestros como José Bache y Jepe, José Macias Gallardo o Francisco de Vargas. Pero aquellos niños, seguro, jamás olvidaron su tiempo de escuela. Yo tampoco he olvidado a los míos.

Qué bien lo cuentas.
ResponderEliminarGracias, amigo Manolo. Un fuerte abrazo.
EliminarEs maravilloso recordar ese periodo. . Aquellos sacapuntas de colores y el olor de la goma de borrar. Gracias por traer estos recuerdos.
ResponderEliminarEs una satisfacción. Gracias a ti por leer.
EliminarMe ha gustado mucho. Me podría decir la desde cuando se enseñaba en La Línea?
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