El agua y la modernización de Los Barrios
El agua y la modernización de Los Barrios
| Algunas de aquellas infraestructuras siguen hoy presentes en el paisaje urbano, recordando de forma desigual el papel que el agua tuvo en la vida del municipio. |
Los Barrios es un verdadero escaparate de yacimientos prehistóricos. Según numerosos estudiosos, el ser humano ocupó estas tierras desde el Paleolítico hasta épocas históricas. Un razonamiento sencillo lleva a pensar que aquellos primeros pobladores encontraron aquí un elemento esencial para su supervivencia, expansión y desarrollo: el agua.
Aunque desconocemos la orografía exacta de hace miles de años, las manifestaciones artísticas relacionadas con la flora y la fauna nos hablan de un territorio rico en recursos naturales. Más adelante, la propia historia local comenzará a mencionar directamente ríos, arroyos, manantiales y lagunas que marcaron la vida de la población durante siglos.
Quizá el problema histórico de Los Barrios no fuese la ausencia de agua, sino la dificultad de adaptar antiguos sistemas de abastecimiento a las nuevas necesidades de una población en crecimiento y a las exigencias de la modernidad. Especialmente a comienzos del siglo XIX, cuando, tras la retirada de las tropas del Gran Sitio de Gibraltar, muchos barreños pudieron regresar a sus hogares y reorganizar sus vidas.
Durante décadas, el abastecimiento continuó realizándose mediante pozos, manantiales y aguadores…, tal y como sucedía en muchas otras poblaciones españolas. El agua destinada al consumo doméstico debía transportarse desde puntos de captación, a veces alejados del núcleo urbano, lo que generaba problemas de distribución, higiene y salubridad pública.
Aquellos sistemas tradicionales comenzaron a considerarse insuficientes conforme aumentaba la población y se transformaban las necesidades urbanas. En 1872 ya aparece documentado un intento de modernización mediante un proyecto presentado ante la Diputación Provincial. La iniciativa proponía conducir agua desde distintos ríos a través de un canal denominado Arnau. Sin embargo, el proyecto fue cuestionado por carecer de uno de los datos fundamentales para su aprobación: el aforo de los caudales disponibles. La propia documentación advertía además del posible perjuicio que la obra podría ocasionar a actividades económicas tradicionales, especialmente a la ganadería.
Pocos años después, en 1885, se estableció un servicio de abastecimiento de aguas potables procedente del manantial del Saúl. El servicio, situado en el Paseo de la Caridad, fue concedido por noventa y nueve años a Sebastián Roncero Carrasco y sus herederos.
Según recoge una memoria municipal, el abastecimiento funcionó con relativa regularidad hasta 1938, fecha en la que, debido al deterioro de depósitos y tuberías y a la falta de mantenimiento por parte del concesionario, el Ayuntamiento decidió rescindir la concesión, desapareciendo el servicio.
La pérdida del abastecimiento provocó una auténtica crisis para la población. Durante casi veinte años, muchos vecinos volvieron a depender de pozos y sistemas precarios de suministro, en ocasiones en deficientes condiciones higiénicas. La situación llegó a convertirse en un problema de salud pública y el precio del agua alcanzó cifras elevadas para la época, llegándose a pagar 1,50 pesetas por una garrafa de 16 litros.
Finalmente, el 18 de julio de 1956 fue inaugurado un nuevo sistema de abastecimiento de aguas potables. El proyecto incluía la instalación de fuentes públicas distribuidas por distintos puntos del casco urbano: dos de cuatro caños y una de dos, situadas en el Llano de Cózar, la Plaza de San Isidro y el Matadero Viejo. El presupuesto total ascendió a 1.483.633 pesetas.
El nuevo sistema se abastecía principalmente de los manantiales del Mesto, del Saúl y de don Ernesto Larios, complementados por depósitos reguladores destinados a garantizar el suministro. Aun así, las propias memorias municipales reconocían que el caudal seguía siendo insuficiente para atender completamente las necesidades de la población, por lo que se esperaba una futura mejora con las obras del proyecto de abastecimiento del Campo de Gibraltar vinculadas a los ríos Guadiaro, Hozgarganta y Guadarranque.
La llegada del agua corriente permitió también proyectar nuevas mejoras higiénicas y urbanas. Entre ellas figuraban la construcción de urinarios públicos y el desarrollo progresivo de la red de abastecimiento domiciliario, implantada definitivamente a comienzos de los años sesenta.
En torno al agua existían además otros espacios y usos relacionados con la vida cotidiana del municipio. El Ayuntamiento mantenía un abrevadero municipal conocido como “Pozo del Pun”, situado en el arroyo de La Parrilla, utilizado para el ganado de la localidad. También se mencionaba en la finca del Rincón de Bustamante un manantial de aguas ferruginosas con conducción a una pequeña piscina o estanque, vestigio de un antiguo intento de crear un balneario de aguas mineromedicinales.
Sin embargo, mientras la modernización avanzaba lentamente, durante buena parte del siglo XX el oficio de aguador siguió siendo imprescindible. Antes de que el agua llegara de forma regular a las viviendas, numerosos vecinos dependían de quienes transportaban el agua por las calles utilizando burros, carros o pequeños vehículos adaptados.
Juan Montedoca Rosado recordaba cómo algunos aguadores recorrían las calles empedradas con aguaderas cargadas de cántaros mientras una esquila colgada del animal anunciaba su llegada a los vecinos. Gracias a estos testimonios han llegado hasta nosotros nombres como Juan Rivera Pérez, Isidro Piñer Vera, Diego Ortega Vázquez o Antonio Ceño Alcántara, además de un conocido aguador apodado Umbría, que repartía agua en garrafas de cristal.
La historia del abastecimiento de agua en Los Barrios no es únicamente la historia de tuberías, depósitos o manantiales. Es también la historia de una población que, durante décadas, tuvo que adaptarse a la escasez, al esfuerzo cotidiano y a una lenta modernización de sus infraestructuras básicas. Una transformación que cambió la vida diaria del municipio y que permitió acompañar el crecimiento urbano y social de la segunda mitad del siglo XX.
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