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El violonchelista del concurso internacional

 

El violonchelista del concurso internacional

Javier López Escalona - Imagen: VIVA Campo de Gibraltar

Viví durante muchos años a pocos pasos del conservatorio de La Línea. Las notas musicales atravesaban los ventanales de mi casa, y casi sin darme cuenta fui asistiendo a esa evolución silenciosa de la enseñanza, a la constancia diaria de quienes empezaban.

A veces imaginaba que algún día podría escribir sobre alguno de aquellos jóvenes, ya convertido en músico. Llegué a buscar referencias, incluso lo intenté en alguna ocasión, pero sin demasiado resultado.

Hacía tiempo que no escribía sobre música en el blog, y estaba preparando un texto sobre un autor extranjero cuando, casi sin buscarlo, la noticia me ha llegado desde el propio Campo de Gibraltar.

En el periódico VIVA leí una pieza sobre el violonchelista sanroqueño Javier López Escalona, que ha sido seleccionado para formar parte del equipo artístico del Queen Elisabeth Competition, uno de los certámenes más exigentes y prestigiosos del panorama clásico internacional, que se celebrará en Bruselas entre mayo y junio de 2026.

No lo hará como concursante, sino como violonchelista acompañante oficial. Un rol poco visible, pero de enorme responsabilidad musical: trabajar directamente con los candidatos, acompañarlos en las distintas fases del concurso y formar parte del engranaje artístico de un evento de referencia mundial.

A veces las noticias culturales se leen rápido y se olvidan igual de rápido. Pero esta, sin saber muy bien por qué, me hizo detenerme un momento.

Quizá porque detrás del titular hay algo que no siempre se ve: el recorrido.

Formación en San Roque, paso a paso en el instrumento, profesores que dejan huella, y una trayectoria que ha ido creciendo sin necesidad de ruido. En los textos sobre su trabajo aparecen referencias constantes a la expresividad, a la forma en que el instrumento “canta”, a la intensidad del discurso musical. La crítica ha destacado su “gran vibrato” o su capacidad para dar sentido narrativo a lo que interpreta, algo que no siempre se dice de forma ligera en este tipo de contextos.

También hay algo interesante en su presencia en escenarios y proyectos muy diversos: desde festivales en España hasta colaboraciones en distintos países europeos, pasando por grabaciones y trabajos que no siempre llegan al gran público, pero que forman parte de una carrera ya en marcha dentro del circuito clásico.

A medida que uno se detiene un poco más en su recorrido, aparece además otra dimensión menos visible: no solo la del intérprete, sino también la del investigador. Parte de su trabajo gira en torno a la recuperación y difusión de la música andaluza, un territorio que no siempre ocupa el lugar que merece dentro del repertorio clásico. Proyectos como El violonchelo en Andalucía apuntan en esa dirección, combinando interpretación, estudio histórico y una cierta voluntad de reconstruir una memoria musical que, en muchos casos, permanece dispersa o directamente olvidada.

En uno de los textos que he leído sobre su trabajo, el musicólogo Clive Brown llega a señalar cómo su interpretación se acerca a una idea muy viva de la música, en la que cada ejecución no es una repetición, sino una forma distinta de decir lo mismo, tal y como se hacía en el siglo XIX. No es un elogio cualquiera: es una manera de entender la música.

Y quizá ahí está lo que más me interesa de esta historia.

No solo importa el hecho en sí, que ya es importante, sino lo que significa: que hay carreras musicales que no empiezan ni acaban en la fama, sino que se van construyendo poco a poco, de forma silenciosa, con ensayos, viajes, conciertos y trabajos que casi nunca aparecen en los titulares.

A veces pensamos la música solo por lo más famoso: artistas conocidos, éxito visible y grandes conciertos. Pero en realidad la música es mucho más amplia, menos visible y más discreta de lo que parece.

Quizá por eso esta noticia no me ha parecido solo una noticia, sino una pequeña ventana a ese otro lado de la música, el que no siempre se cuenta, pero que sostiene todo lo demás. Un reconocimiento como el del Queen Elisabeth Competition no llega por casualidad. Enhorabuena, Javier.  


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