Después de medio siglo
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| Imagen de archivo- Juan Manuel Ballesta Gómez |
Me gusta el dicho “cumplir mi palabra”, aunque no conozco su origen ni la fecha de aparición. Seguramente surgió antes de que existieran contratos escritos, cuando la palabra de una persona era su principal garantía y tenían un peso real.
Esa idea predominaba cuando hace unas horas escribí “seguiré haciendo lo mismo: escribiendo de los logros de otros.”
Hay días grises que se iluminan con noticias buenas. Eso pensé cuando encendí mi computadora y recibí el correo. Uno de Juan Manuel Ballesta, me comunicaba que había ganado el premio del concurso de Relato Corto convocado por el Centro de Participación Activa El Junquillo de La Línea de la Concepción.
La noticia me alegró el trayecto del lunes, y lo felicité de inmediato. Sin embargo, un comentario final me llegó al alma: “A la vejez viruelas. Después de más de medio siglo escribiendo ya me tocaba.”
El relato premiado recupera la historia del bergantín Bravo, hundido frente a la costa, cerca de Torre Nueva, y de aquellos cuerpos enterrados en la arena, una muestra más de su empeño por rescatar del olvido lo que el tiempo quiso borrar.
Una frase que dice menos de lo que cuenta. Juan Manuel es minucioso en la búsqueda de antecedentes que sostengan sus escritos, allá donde pueda existir una pista: Gibraltar, Granada, Córdoba… depositados con esmero y lenguaje claro en sus libros: La verja de Gibraltar, el cortijo del Rocadillo en la ciudad de Carteia, Torre Carbonera, poemas de toda la vida y otros.
No pretendo descubrir a quien debiera ser conocido y reconocido, pues talla personal y como escritor la tiene sobrada, pero sí recordar que la constancia, aunque a veces tarde, encuentra su recompensa. Por mi parte, continúo fiel a mi palabra: escribir sobre quienes perseveran. Porque también eso es cumplirla… y, en el fondo, hacer justicia a trayectorias como la suya.

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