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El barniz invisible

 

El barniz invisible
Cuando la lluvia descubre la ciudad que no se ve



Hoy es el Día de los Santos Inocentes. Resulta curiosa la transformación que ha experimentado esta celebración desde su origen hasta llegar a nuestros días. En este punto, tan variada es la naturaleza humana que cada persona encuentra una motivación distinta: mientras unos recuerdan y reflexionan sobre su significado original, a otros no les despierta ningún interés conocerlo y se limitan, simplemente, a gastar alguna broma… o ni siquiera eso.

En este contexto, todo tiene una cara visible y otra que apenas se muestra. Ocurre lo mismo con esas calles repletas de gente durante los días navideños y festivos, que tras la lluvia —o algo más— quedan desiertas y silenciosas. Sin embargo, qué buen momento para detenerse y disfrutar de esa parte menos vista, la que solo aparece cuando el ruido se retira y la ciudad parece contener la respiración.

Esta semana he vivido el contraste del que hablaba hace un momento. Como pueden comprobar en las imágenes que acompaño, no es habitual admirar estos espacios vacíos en lugares tan transitados, acostumbrados al paso continuo y apresurado.



 Observar el paisaje urbano sin transeúntes tiene un encanto especial, casi íntimo: los colores parecen más intensos, las distancias se alargan, los olores se acentúan y los pensamientos fluyen de forma más sosegada. No hay bicicletas que te sobresalten por haber invadido lo marcado, ni monopatines que corten el aire a toda velocidad rozándote el costado; tampoco se escucha el continuo claxon de los vehículos saludándose entre conductores que se conocen, como si la prisa hubiera decidido tomarse un descanso.






Las flores de muchas calles y plazas parecen saludar tu presencia, luciendo las gotas recibidas con una renovada vistosidad. Incluso el propio suelo revive su colorido: rojos, negros, blancos, bicolores o dibujos de pequeñas piedras avivan su presencia, como si alguien hubiera extendido sobre ellos una fina capa de barniz brillante.

Las fuentes siguen funcionando y funden, en un abrazo, las gotas del agua que brota con las recibidas del cielo, en un saludo fraternal. Así forman parte de una orquesta de chorros que se elevan en movimientos acompasados, como serpentinas plateadas que, al caer, tejen un murmullo de paz y sosiego.



En este decorado tampoco quedan al margen los edificios, majestuosos y propios de postales navideñas, que reclaman la mirada. A veces aparecen adornados con luces amarillentas que realzan fachadas ya de por sí bellas, como el edificio situado frente al Museo de las Tejerinas, que, como es habitual, presenta colecciones novedosas y de primer orden.






Ya de camino a casa recordé el anuncio del Museo Marítimo y, como se encontraba al borde del camino, me desvié unos pasos para visitarlo. Situado en la Plaza de Toros, en una puerta cercana a la carretera, lo encontré enseguida. Lo que no esperaba era que en la misma ubicación se encontraran también los museos Taurino, Paleontológico y Etnográfico, reunidos casi en silencio, aguardando al visitante.

Desde que crucé la entrada hasta mi regreso, solo me llevé gratas impresiones. No sabría decir cuál me gustó más; cada uno parecía hablar en un lenguaje distinto y conservar su propio pulso, además de estar compuestos por miles de piezas, algunas conocidas, otras menos.

Al ser ya tarde, hice el firme propósito de regresar otro día y dedicar más tiempo a contemplar herramientas, cuadros, carruajes, pesas, escafandras, trajes, moluscos, piedras y muchos otros elementos que despiertan y deleitan los sentidos, invitando a una mirada más lenta.










Finalizado mi recorrido, pienso y me reafirmo en que, a veces, la cara oculta guarda sorpresas y misterios que uno desconoce. Solo hace falta caminar despacio, dejar que el agua haga su trabajo y permitir que la ciudad, por un momento, se muestre tal y como es.

Así es Estepona


Fotografías tomadas por el autor con el móvil.

Comentarios

  1. Muy interesante . Feliz Navidad y mejor entrada de Año.

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  2. Muy bonito el recorrido, y todo lo que cuentas en tan corto espacio. Un día enseñarás una hoja en blanco y realzarás sus virtudes, es impresionante. Estepona es una joya.

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