Un viaje entre pasado y presente: de los carruajes de vapor a la estación de Los Barrios
Hace un bonito día. Sopla una ligera brisa de poniente que refresca el ambiente y parece arrastrar nieblas y humos. El paisaje se ve más limpio, los elementos a la distancia se distinguen mejor y los colores parecen más intensos. Experimento algo nuevo: desayunar en el centro de mayores.
Es un ambiente distinto, pero me resulta familiar. Me atienden
como si me conocieran de siempre. Todos se saludan, saben de sus
gustos:
—Juan, ¿integral con manteca colorá? Sí,
descafeinado con la leche bien caliente. —Siéntate, ahora te lo
lleva la niña.
Una tras otra van llegando personas de edad que ya se acomodan en las amplias mesas para su primer alimento. Los buenos días circulan de un lado a otro; también recibo mi dosis de saludos y correspondo.
El murmullo crece mientras el salón se llena. Finalizo mi desayuno y paso a otra sala amplia, iluminada con techos traslúcidos. Algunas mesas ya están completas y las partidas de dominó han comenzado; otras esperan a jugadores habituales para dar inicio. El murmullo es constante, pero no escandaloso.
A pocos pasos me encuentro con la estación de autobuses, pequeña y sencilla, con apenas tres dársenas. Llega mi autobús, el que me llevará a mi destino. Al entrar, acerco la tarjeta verde al escáner y me devuelve un recibo: siempre me produce ilusión comprobar que la cuantía es mínima, apenas unos céntimos.
El interior está limpio. Los asientos de tapizado azul combinan con las barras amarillas, y los colores realzan la amplitud. Poco a poco, en las primeras paradas suben más viajeros. Algunas conversaciones se elevan sobre otras, mientras recibo una ligera brisa fresca del aire acondicionado.
El autobús avanza con rapidez. Miro el paisaje verde desde mi ventana, de Los Barrios camino de Algeciras. Recuerdo entonces una noticia que leí hace tiempo en una edición especial del Diario de Cádiz, y que hoy cobra sentido.
En ella se contaba que el 22 de marzo de 1903 se inauguró la línea de “automóviles a vapor” que prestaba servicio entre Cádiz y Algeciras, con parada en los pueblos intermedios. A cargo de Enrique García Peré, la empresa disponía de cuatro carruajes; dos de ellos con salón tipo berlina, capacidad para seis personas y mullidos asientos forrados en piel marrón. Eran amplios, cómodos, con luz y timbre en el interior, y superaban en confort a los coches de primera clase del ferrocarril.
Alcanzaban una velocidad de 30 kilómetros por hora, aunque las disposiciones oficiales limitaban la marcha a 24 en carretera y 12 en poblaciones. La media resultaba de unos 15 kilómetros por hora, lo que suponía unas ocho horas de trayecto.
La primera salida desde Cádiz fue a las seis de la mañana, con numeroso público congregado en San Juan de Dios para presenciarla. Al regreso, los aplausos acompañaron al carruaje hasta la cochera.
Sonrío al comparar aquella crónica con la imagen que tengo a mi alrededor y la velocidad de este autobús. Pienso en las ocho horas, en el trazado de entonces, en las pendientes y el sinuoso tramo entre Tarifa y Algeciras, y en cómo habría sido aquel camino ya en 1841 cuando se construyó.
Es maravilloso que existan estos documentos, leerlos y compartirlos con quienes también desean conocer. Nos recuerdan cuánto hemos avanzado, y cuánto debemos agradecer a quienes hicieron posible ese progreso.
Pero también muestran otra cara: la del presente. Se ha avanzado en muchos aspectos, sí, pero no siempre al mismo ritmo. Y mientras la historia nos habla de empeño y de futuro, la situación actual del Campo de Gibraltar se tiñe de nubarrones. Da la impresión de que quienes deberían conducirnos hacia un horizonte mejor están más pendientes de enaltecer lo festivo que de aplicar análisis certeros y decisiones firmes que ayuden al ciudadano en demandas de seguridad, simplicidad administrativa o previsiones, entre otras
Es mucho lo que se ha recorrido, pero aún más lo que falta. Si en 1903 se aplaudía la llegada de un carruaje, hoy deberíamos exigir que nuestros dirigentes nos lleven más lejos que un continuo anuncio o búsqueda de la presencia . El Campo de Gibraltar merece avanzar con la misma dignidad con que aquel público celebró su primer viaje.


Maneja buena información. No es fácil encontrar esas fechas.
ResponderEliminarBuena observación. La segunda, tiene sus horas.
EliminarEs una crónica muy interesante. Ya conozco otra cosa. Gracias.
ResponderEliminarUna de sus frases es DOCUMENTOS , LEERLOS Y COMPARTIRLOS . Los primeros andan aveces en archivos polvorientos , inencontrables . Usted parece disponer de un mágico plumero capaz de rebuscar entre ellos , dar con el dato preciso y hacerlo público para alegría de quienes disfrutamos con el pasado bien y verazmente contado . Cuando se quiere molestar a alguien se le llama INDOCUMENTADO , alguien que no sabe ni dónde está de pie . Pues eso , que se documenten , que cuenten con los datos para entender el presente de nuestra Comarca , que tantas mejoras necesita. Cómo bien solicitas , sean CERTEROS y cetreros hábiles manejando los halcones que acaban con los elementos perjudiciales . Cuantas veces nos han cacareado lo de la "ventanilla única" ...Simplicidad en los trámites burocráticos . De la intelectual hablaremos otro día . Gracias por el paseo en bus .
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