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DEL ROSA AL AMARILLO

 

DEL ROSA AL AMARILLO

Antonio López Bautista

Tengo que reconocer que hubo una película española que quedó prendida en mi mente cuando, con algo menos de metro y medio de estatura, me sentaba en el suelo del salón a ver la televisión en casa de uno de los vecinos y nos dejaban ver esas pelis, todas en blanco y negro, que no tenían el rombo prohibitivo en el margen superior derecho de la pantalla.

El film que menciono se había estrenado en las salas de cine de toda España en 1963, pero fue unos años más tarde cuando la pudimos ver gratis por la única cadena de televisión existente en el país.

Yo, por aquellas fechas, lo que principalmente tenía en mi mente era crecer, estudiar, jugar con mis amigos en la calle y prepararme para hacer la primera comunión. Lejos de mi pensamiento quedaba aquello de salir con chicas y enamorarme, pues tampoco tenía dinero para invitarlas a salir los domingos si hubiera surgido la oportunidad.

Estábamos en plena década de los 60, dentro de una sociedad arcaica marcada por el poder de la religión católica y esa cinta, dirigida por Manolo Summers, se había rodado por completo en blanco y negro en los exteriores de la ciudad de Toledo. Se emitió en la pequeña pantalla en 1968 dividida en dos partes y reflejaba dos curiosas historias de amor en los dos extremos de la vida.

La primera de ellas se presentaba bajo el epígrafe “DEL ROSA” y desarrollaba el amor de un chico de 12 años llamado Guillermo, que está perdidamente enamorado de Margarita, una hermosa adolescente de 13 que pertenece a su misma pandilla. Guillermo llega a enterarse por sus propias amiguitas que a Margarita también le gusta él. Todo esto se confirma en el momento en que ella lo besa en la mejilla jugando a las prendas, cuando se ve retada a dar un beso al niño que más le gusta.

A partir de entonces, ese chico bajito de estatura se pasa el día imaginando historias románticas en las que impresiona a Margarita, descuidando los estudios y deseando crecer pronto para convertirse en ese hombre fornido y velludo que fascine a la chica de sus amores.

Al llegar el verano se tienen que separar porque Margarita se marcha con sus padres a la playa y a Guillermo lo mandan a un campamento. Durante el periodo estival ambos se mantienen en contacto mediante cartas en las que el chaval le sigue declarando su amor y ella le manda una foto donde aparece formando parte de una pandilla, en la que le confiesa que a su lado aparece un muchacho que es muy atento y le recuerda mucho a él.

Al término del verano ambos regresan a la ciudad y Guillermo decide ir a verla como de costumbre frente al balcón de su casa. La chica pasa delante de él sin mirarlo apenas, acompañada de una amiga, la cual le comunica algo más tarde que Margarita ya tiene un novio de 18 años de edad llamado Germán y le devuelve la pulsera que le había regalado antes de las vacaciones veraniegas.

Cada escena de esa primera parte del film la viví como si yo mismo fuera el protagonista, me identifiqué plenamente con aquella triste decepción y de esa manera descubrí que, a pesar de mi extrema bisoñez, era un chico muy romántico y con una enorme capacidad de imaginación.

Bajo el epígrafe “AL AMARILLO” se desarrolla la segunda parte de la película, que transcurre en el interior de un Asilo de Mayores gestionado por personal de la Iglesia Católica. Se trata de una historia de amor de dos ancianos, Valentín y Josefa, que ante la dificultad de tener contacto cercano y oral, se ven obligados a escribirse cartas rápidas que van depositando en el carrito de la comida y que, al pasar por la mesa que ocupa el destinatario, es recogida sin que nadie se percate de ello. En esas cartas Valentín, ayudado por un libro de poemas de amor, escribe a su gran enamorada bellísimos versos que tocan su sensible alma.

Dentro de un ambiente sexista de la época, donde los hombres no pueden mezclarse con las mujeres, se profesan su mutuo amor a escondidas. Es entonces cuando Valentín decide escaparse escalando las tapias del asilo a través de una escalera de madera y se lo comunica a Josefa, pidiéndole que lo acompañe en su huida para vivir una nueva vida. Le hace saber que estará esperándola hasta las dos de la madrugada junto a la pared elegida para la fuga.

La veterana mujer, invadida por el miedo, se niega a abandonar el asilo. Le deja claro en su contestación que debido a su edad no están en condiciones de ir a la aventura en ninguna parte y le pide que deseche esa arriesgada idea. Valentín se mantiene firme en su decisión y aquella noche prepara su equipaje, toma la escalera y  se va hacia la tapia de la residencia de ancianos. Josefa pasa toda la noche en vela, invadida por la pena y acostada en su cama con los ojos humedecidos de llorar por dentro.

A la mañana siguiente la anciana se levanta con una ingente tristeza y antes de asearse echa un vistazo al patio, encontrando vacío el lugar donde siempre se sienta Valentín a esa hora de la mañana. Después de pasar por la sala de aseo vuelve a mirar de reojo al patio y observa con gran alegría que el amor de su vida no la ha abandonado, hace acto de presencia como de costumbre y procede a sentarse en el mismo banco donde se miraron por primera vez.

Dos historias de amor de distintas generaciones, con dos finales completamente diferentes y que calaron hondo en la mente de un niño que después descubriría que esos dos episodios amorosos los puede vivir una misma persona a lo largo de su vida.

Aunque los tiempos sean otros y la sociedad haya cambiado, el contexto de las dos historias de este film nos lleva a pensar que el amor tiene distintas connotaciones que afectan a nuestra existencia, más allá de la sabiduría o el paso del tiempo. Queda con ello demostrado que la fidelidad no es patrimonio de todos los amantes, pero también queda patente que el romanticismo jamás se pierde hasta que acaba la propia vida. 


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