Salí una noche de luna
Carmela Mirecki Quintero
Salí una noche de luna
con un viejo yo a pescar.
Era un viejo marinero
el que me llevó a la mar.
Nos sentamos en el bote
Silenciosos, a esperar.
¿Qué esperábamos?... no sé,
en la gran inmensidad.
Ah, los ojos del marino
a mí me hicieron temblar,
mas el silencio profundo
ya lo ha roto su cantar.
Canta leyendas lejanas
de unos lugares, quizás,
más hermosos que la tierra
pero más tristes que el mar.
La canción me ha conmovido.
Se han unido a su cantar
las voces de las sirenas
que le vienen a escuchar.
Ya la pesca se ha acabado,
las olas vienen y van
y el marino se ha olvidado
de lo que vino a buscar.
La noche se va pasando,
mas el eco del cantar,
aunque la noche termine,
seguro que ha de quedar.
Hemos llegado a la playa.
Las redes vacías van
y cuando al viejo pregunto
¿no hemos venido a pescar?
él me responde tranquilo
y sin dejar de mirar
al lugar a donde fuimos
con el bote a navegar.
"Todas las noches olvido
lo que allí voy a quitar
pues hace tiempo, sin duda,
yo me enamoré del mar".
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