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Regreso a las raices

 

Regreso a las Raíces

Iglesia en la Bda. Príncipe Alfonso, lugar al que estábamos muy vinculados, donde recibimos todos los sacramentos, nuestros padres y abuelos. Hasta aquí nos desplazamos para bautizar a uno de nuestros hijos. Desde hace siete años la iglesia es cuidada por José Carlos y Encarna, ambos católicos, quizá de los menos de cinco que quedaban, hasta que Paco y María, los carteros de toda la vida fallecieron. José Carlos, recuerda que aquellos días la iglesia se llenó de musulmanes acompañando y rezando por los que consideraban su familia. En este momento Anita y yo dijimos que no nos importaría regresar y vivir aquí.

Revisitar los orígenes puede ser un camino poderoso hacia el autoconocimiento, especialmente cuando se regresa a los lugares que marcaron nuestros primeros años. Aunque generalmente es fácil volver al lugar donde se nació, no siempre es tan sencillo. Pese a las complicaciones y posibles contratiempos, regresé a mi lugar de origen, acompañado por mi querida Anita y nuestra sobrina Gema. Aunque en ciertos momentos elegí explorar en solitario, quería sentir el suelo que corrí de niño, recordar aquellas puertas a las que acudí cuando tenía cuatro años y que juré jamás volver a tocar por vergüenza —y cumplí mi promesa—. También quise mirar los paisajes que una vez me fascinaron, recorrer esos estrechos callejones y buscar mi antigua casa, o más bien, el depósito de agua redondo que fue tan significativo para mí, aunque no logré encontrarlo. Tomé fotografías de lo que me llamó la atención, movido por la nostalgia y el deseo de capturar esos momentos.

En aquel lugar, aprendí que no hay espacio para la cobardía o el egoísmo. Comprendí que las circunstancias forjan comunidades donde los pobres se apoyan entre sí, los fuertes protegen a los débiles, y las diferentes religiones coexisten pacíficamente. Es un lugar donde un musulmán puede orar por un cristiano y viceversa, donde se debe practicar la justicia y nunca se debe abandonar a quienes lo necesitan.

Durante mi visita, nadie me trató con hostilidad ni intimidación; al contrario, algunas personas me reconocieron. Nos abrazamos y recordamos los "aquellos años felices". Más de cincuenta años habían pasado, pero las cálidas bienvenidas demostraron que el afecto y la camaradería perduran. En mi barriada, el Príncipe Alfonso de Ceuta, bendije aquellos días y mi osadía de regresar. Es la gente y el lugar que me formaron.

Mientras regresaba en el vehículo, permanecí en silencio durante mucho tiempo, reflexionando sobre mi pasado. Pasé por el edificio que fue nuestro colegio, y allí tomé conciencia de que la formación, el conocimiento y la cultura son el mejor vehículo para alcanzar propósitos y obtener cuotas de libertad y criterio; así fue durante algunos años, especialmente en aquel entorno. Con el paso de los años, y especialmente en estos últimos tiempos, me di cuenta de la realidad imperante. Aunque no era un comportamiento generalizado, sí era mayoritario; y el desencanto floreció al no poder entender cómo se podía ocultar el bien más preciado que puede ostentar una comunidad: su historia. Me sorprendió cómo se aplaudía la falta de rectificación de errores, especialmente en las capas que se suponían más cualificadas en estos ámbitos.

Mientras reflexionaba sobre estas cuestiones, sentí la necesidad de encontrar inspiración en figuras históricas que hubieran enfrentado desafíos similares, especialmente Malala Yousafzai, cuyo coraje y compromiso con la educación resonaron profundamente conmigo.

Malala nació el 12 de julio de 1997 en el valle de Swat en Pakistán y, desde joven, destacó por su pasión por la educación, siendo apoyada incondicionalmente por su padre, Ziauddin Yousafzai. En un contexto de represión extrema, como el impuesto por los talibanes, que prohibían la educación de las niñas, Malala se erigió como una defensora incansable del derecho a la educación para todas. A los 11 años, comenzó a escribir un blog para la BBC bajo un seudónimo, describiendo su vida bajo el régimen talibán y su lucha por continuar su educación. A pesar de las amenazas, su activismo la llevó a ser internacionalmente reconocida y, desafortunadamente, objetivo de un ataque que casi le cuesta la vida.

Tras sobrevivir al atentado en 2012 y recuperarse en el Reino Unido, Malala no se dejó amedrentar y fortaleció su activismo fundando el Fondo Malala, con el objetivo de asegurar que todas las niñas tengan acceso a una educación gratuita, segura y de calidad durante 12 años. En 2014, su valor y determinación fueron reconocidos con el Premio Nobel de la Paz, convirtiéndola en la laureada más joven de la historia.

La historia de Malala Yousafzai nos enseña sobre el poder de la resistencia y la importancia de luchar por lo justo, inspirándonos a todos a ser valientes y determinados en nuestras propias luchas. Este ejemplo me impulsó aún más a apreciar los valores de educación y justicia que había contemplado durante mi viaje a las raíces, reafirmando mi creencia en la capacidad del conocimiento para transformar y liberar sociedades.

Comentarios

  1. No me puede gustar más😍os quiero tanto…..por cierto la fotógrafa buenísima eh

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