El legado del Atlético de Tetuán: Un equipo, una comunidad
Cuando era apenas un niño, solía escuchar conversaciones sobre los pueblos del protectorado español en Marruecos, especialmente Tetuán. Por entonces, era un entusiasta seguidor del equipo de fútbol de Ceuta. Los maestros extraordinarios a veces nos obsequiaban con entradas para los partidos de fútbol, momentos que quedaron grabados en mi memoria. Aunque las entradas eran limitadas y se rifaban en ocasiones, siempre alcanzaban para satisfacer a todos los que deseábamos asistir.
La emoción de acercarnos al estadio, hacer cola para mostrar nuestras entradas y encontrar nuestro lugar era indescriptible. Esos momentos eran inolvidables: hombres que gritaban y aplaudían, algunos con radios pegadas a sus orejas sintonizando a los cronistas que nos narraban los partidos como si estuviéramos allí mismo, a kilómetros de distancia.
Durante los descansos o después del partido, siempre se hacían referencias al Atlético de Tetuán y a sus jugadores. A menudo, se mencionaban dos jugadores extraordinarios: Ben Barek, de Casablanca, que jugaba en el Atlético de Madrid, y Chicha, de Agadir, jugador del Atlético de Tetuán. Ambos marroquíes y con camisetas rojiblancas similares.
Se decía que el Atlético de Tetuán fue el único equipo español del norte de África que llegó a la Primera División. Más tarde supe que todo empezó con un militar llamado Fuertes de Villavecencio, quien había sido jugador del Atlético de Madrid y más tarde ocupó cargos importantes en el régimen de Franco. Durante esa época, llegaban a esos territorios personas de diversas procedencias y ocupaciones, incluidos deportistas destacados. Fuertes logró reunir a futbolistas y soldados formando un equipo, eligiendo una indumentaria similar a la del equipo al que había pertenecido.
Según registros escritos, el 12 de marzo de 1933 se legalizó el Atlético Club de Tetuán y se afilió a la Federación Hispanomarroquí de Fútbol, comenzando en Segunda Regional. En la temporada 1948/49 lograron ascender a Segunda División como campeones de su grupo, por delante de equipos como Córdoba, Balompédica Linense, Recreativo, Cádiz y otros. Luego, en la temporada 1950/51, ascendieron a Primera División como líderes, seguidos de equipos como Salamanca, Las Palmas, Hércules y otros.
Este logro les permitió participar en los cuartos de final de la Copa, donde se enfrentaron al Barcelona de Kubala. El primer partido, celebrado en Tetuán, fue una ocasión festiva, aunque terminaron perdiendo. En el encuentro de vuelta, fueron derrotados nuevamente. Sin embargo, Chicha impresionó al Barcelona, que le ofreció un contrato que él rechazó por no querer abandonar su tierra.
Esa fue la única temporada del Atlético de Tetuán en la Primera División española. En su enfrentamiento con el Atlético de Madrid en Tetuán, con Ben Barek lesionado, ganaron 4-1, dos goles de Chicha. En el partido de vuelta, jugado en el Metropolitano, los colchoneros ganaron 8-0. La Perla Negra anotó uno de los goles. Otra hazaña memorable fue el empate contra el Real Madrid el Día de Reyes de 1952.
En 1956, tras la descolonización, el club se fusionó con el Ceuta y pasó a llamarse Atlético de Ceuta, cerrando así un capítulo importante en la historia del fútbol en Tetuán.
Pero el legado perdura, recordándonos que bajo el deporte y los colores de un equipo pueden convivir personas de distintas religiones, como lo demostró el Atlético de Tetuán con figuras como Jaco Zafrani.
Termino esta crónica con la esperanza de que haya sido una lectura entretenida. Más adelante, tuve el placer de conocer a jugadores que conectaban el fútbol ceutí con el de La Línea a través de los hermanos Ayala. Recuerdo especialmente a Eduardo, el mayor de los dos, un extremo veloz y temperamental con un coraje admirable que desafiaba a los defensas, incluso en sus últimos tiempos como jugador. Su hermano, Pepe, también destacaba en el campo. En resumen, espero haberles brindado unos minutos de distracción y disfrute con esta narración.
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