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Tras las Huellas de Nuestra Ciudad: Accesos Urbanos

 

Tras las Huellas de Nuestra Ciudad: Accesos Urbanos



 A lo largo de los siglos, la entrada y salida de las ciudades han sido objeto de embellecimiento en numerosas culturas y sociedades, marcando los límites de la ciudad, pueblo o propiedad privada. Esta práctica, arraigada profundamente en nuestra historia local, encuentra sus motivaciones en diferentes aspectos, como la seguridad y la defensa.

En el pasado, como evidencian numerosos ejemplos en España, la construcción de puertas, arcos y murallas no solo servía como medida defensiva, sino también como un medio para mostrar la identidad cultural y el prestigio de la comunidad. Además, estas entradas solían funcionar como puntos de control, donde se cobraban peajes o se verificaba la identidad de los viajeros.

En tiempos más contemporáneos, el embellecimiento de las entradas y salidas de los pueblos tiene como objetivo dar la bienvenida a los visitantes y turistas. Una estética cuidadosamente diseñada puede mejorar la experiencia del visitante y dejar una impresión duradera.

Esta preocupación por el embellecimiento de las entradas y salidas de los pueblos no es nueva. En documentos históricos, como la Real Orden de 22 de abril de 1786 y otras resoluciones posteriores, entre ellas la de 1838 de S.M. la Reina Gobernadora, marcaba directrices específicas en este sentido, “ está terminantemente prevenido que los pueblos de las carreras principales de caminos ajecuten por su cuenta y compongan con toda solidez las entradas y salidas hasta la distancia de 325 varas, igualmente que las calle de travesía”. Estas directrices reflejan la importancia que los gobernantes de épocas pasadas otorgaban a la construcción sólida y estética de las entradas y salidas de las poblaciones.

Quizá las primeras construcciones de nuestra ciudad hayan ejercido alguna influencia en estas disposiciones. Es posible que el surgimiento de la calle Real marcara un punto de inflexión, con dos direcciones principales: una hacia el cuartel y otra hacia el primer núcleo de viviendas. Con el tiempo, la entrada principal se estableció en lo que hoy conocemos como la calle Duque de Tetuán o Méndez Núñez, siendo esta última la preferida.

Otro acceso crucial fue la Avenida María Guerrero, que conducía hacia la huerta de Pedro Veger. Esta ruta sigue siendo una vía de acceso importante hacia el centro urbano. Por otro lado, una tercera vía, de menor relevancia, canalizaba el flujo desde la zona de levante, con tendencia a desviarse hacia la actual calle Gibraltar, hasta que esta zona experimentó un desarrollo significativo en épocas posteriores.

En cuanto al Fielato, carezco de información sobre su ubicación en esta última zona. Sin embargo, en mi posesión tengo documentos que sitúan el Fielato cerca del Cachón de Jimena y otros al principio de la actual Avenida María Guerrero, hacia finales del siglo XIX. En ese entonces, esta área comprendía la Huerta de Juan Oliva, con otras huertas a lo largo del trayecto, como la de Bichino, Posada, Pilera, Buñuelo, Valenciano, Muñoz, Risolo, las Cayetanas, las Palmas, Carrasco, Escalante y finalmente Pedro Vejer.

 Es innegable que, en la actualidad, los accesos a las poblaciones han mejorado significativamente, con algunos esforzándose más que otros en realizar obras de imaginación para embellecer sus entradas y salidas.

En resumen, el embellecimiento de las entradas y salidas de los pueblos tiene sus raíces en una combinación de motivaciones prácticas, culturales y estéticas, que pueden variar según el contexto histórico y cultural de cada lugar.




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