La Línea: Un Viaje Histórico (III)
Comenzamos nuestra narrativa delineando los eventos que definieron este territorio. En el segundo capítulo, nos adentramos en el análisis de las consecuencias del aumento de la presencia civil y militar en 1704, especialmente tras el crucial Sitio de 1779. Es fundamental recordar las necesidades urgentes que este personal alivia mediante sus aprovisionamientos. El cese de las hostilidades y la firma de la Paz de Versalles tienen un impacto inmediato, especialmente en la Línea y sus alrededores. La retirada y licencia de las tropas despejan los campos de operaciones, pero un contingente militar permanece para custodiar los acuerdos y controlar el contrabando.
Sin profundizar en detalles ya abordados en otros escritos, un grupo de civiles opta por quedarse, ya sea por elección o por la imposibilidad de regresar a sus lugares de origen, junto con aquellos que llevaban tiempo en la zona manteniendo relaciones de servicio con los militares. Con precaución, y tras obtener los permisos correspondientes, estos civiles buscan establecerse lo más cerca posible del sistema de control. Este comportamiento no es nuevo, ya que sigue un protocolo similar por motivos de seguridad percibida. Además, cuentan con recursos gracias a la permeabilidad de la aduana, que ofrece oportunidades de intercambio al otro lado, ubicada en la principal, aproximadamente muy cercana a la actual Plaza de la Constitución.
Las familias, inicialmente con materiales rudimentarios como trapos, ramas, chapas y piedras, construyen refugios en los alrededores para protegerse de los vientos y las arenas. Aunque no disponemos de documentos que indiquen el lugar exacto de la primera instalación, podemos inferirlo con escaso margen de error mediante una reflexión cuidadosa. Un sitio apropiado podría haber sido la parte este de la actual Plaza Cruz Herrera, con la salida hacia el oeste para evitar la entrada de arena con el viento. Este lugar, llano y resguardado, se encuentra muy cerca de la principal o aduana y las escasas construcciones, entre ellas la ermita que aparece en un plano de 1731, ya que antes de esa fecha se sitúa delante del muro llamado de contravalación, con su lugar de enterramientos. El primer plano disponible, que vamos a utilizar, está fechado en 1847 y actualizado desde uno de 1798, lo que respalda nuestras suposiciones. Considerando también la dirección de los vientos, existe la posibilidad de que algunas se ubicaran en la actual Calle del Águila, orientadas hacia la plaza.
Sin embargo, esto correspondería a los primeros meses y años. Posteriormente, con mayor organización y las debidas autorizaciones para establecerse, construir y cultivar, la Calle Real comenzó a tomar forma. Iniciando desde la entrada más cercana a la plaza y en su lado izquierdo, colindando con la Cruz Herrera, la Calle Real puede considerarse como la primera calle de La Línea, según indica Lutgardo López Zaragoza en su libro. Las características respaldan nuestras suposiciones, incluyendo la orientación hacia el norte y el costado enfrentado a los embates de los temporales, además de la proximidad a la ermita.
| Biblioteca Ministerio de Defensa- Plano de 1786 adaptado para mejor visualización |
Este gráfico representa la situación tres años después de la Paz de Versalles. El autor destaca las fortificaciones de Santa Bárbara y San Felipe, así como una estructura central que posiblemente esté relacionada con el control de acceso. Aunque aún no se observan signos evidentes de nuevas construcciones, se ha iniciado la transformación de terrenos antes desolados y grises, azotados por vientos y torrentes desbordados, en exuberantes paisajes que comienzan a mostrar destellos del anhelado y sosegado color verde.
Las primitivas chozas, que antes estaban cargadas con la pesadez del pasado, ahora parecen ceder ante la luminosidad de la esperanza, donde la piedra reemplaza la precariedad. Este cambio refleja la reconversión de un entorno inhóspito hacia una nueva era de prometedor desarrollo.
| Biblioteca Ministerio de Defensa- Plano de 1798 adaptado para mejor visualización |
La actualización ha dado lugar a la construcción de edificaciones que no existían en 1798. En ese año, es probable que solo la sección frente al cuerpo de guardia principal "C" y la capilla militar identificada como "d" estuvieran presentes. Como mencionamos anteriormente, ahora podemos observar la evolución de la calle Real, la calle Águila, San Pedro, y se empieza a intuir la formación de la calle la Rosa y las transversales que, con el tiempo, desembocarían en la actual Avenida España. Además, se aprecia el incipiente desarrollo de la calle del Clavel. Se destaca una agrupación de edificaciones frente a San Felipe, puede tratarse del posterior barrio de los portugueses.
En este sentido, podemos seguir al sanroqueño Lorenzo Valverde, que vivió en aquella época, así como otros documentos inéditos que ilustrarán nuestro recorrido. Algunos de ellos probablemente aportarán información útil para aclarar imprecisiones actuales. Contrariamente a lo que se pueda pensar, este punto tuvo que enfrentar las dificultades propias de la supervivencia: económicas, sanitarias, climatológicas, y especialmente políticas, dada su carácter estratégico y geopolítico.
Los desafíos naturales incluyeron numerosas epidemias, como la de 1813 cuando los refugiados en Gibraltar tuvieron que salir y montar un campamento en el arenal, conocido como la "ciudad de los trapos". También se enfrentaron a intensos aguaceros, sequías, escasez de granos, nevadas y temblores de tierra. Los desafíos generados por el hombre incluyeron obstáculos en el desarrollo del comercio, conflictos bélicos y falsas alarmas.
Después de la guerra de la Independencia, la paz fue efímera y un nuevo conflicto, la Guerra Realista (1822-1823), se cernió sobre la región. Realistas, serranos y liberales pasaron por la Línea, con episodios de enfrentamientos y saqueos, aunque es de significar que Torrijos fue curado con aguardiente de una herida de bala en la pierna. El relato detalla cómo diferentes facciones ingresaron y salieron de la Línea, causando disturbios y dejando su huella en la población con muertes que, en el caso de los serranos, se estiman en ocho. Durante las guerras carlistas en 1836, las tropas carlistas ocuparon Gaucín el 19 de noviembre, llevando a muchos residentes de San Roque a refugiarse en lugares como Gibraltar y La Línea. Los eventos que siguieron incluyeron la entrada de tropas nacionales en San Roque bajo el mando del general Ordóñez y, posteriormente, la llegada de las tropas carlistas al mando del general Miguel Gómez Mariscal de Campo. Las circunstancias llevaron a una migración significativa y a la presencia de diferentes fuerzas en nuestra ciudad, incluidas las tropas del general Ordóñez y el Comandante General de Algeciras.
Quizás los momentos más gratificantes tenían lugar cuando expediciones partían de Gibraltar para responder a invitaciones en distintos puntos de la comarca. Las personalidades eran escoltadas por un imponente cortejo que suscitaba admiración entre aquellos que se acercaban a los caminos para contemplarlos, ya fuera durante las escasas visitas de clérigos o al asistir a algún evento taurino en la ciudad de San Roque.
| Biblioteca Ministerio de Defensa- Plano de 1852 adaptado para mejor visualización |
La fisonomía experimenta un notable cambio, donde vastas extensiones se tiñen de verde. Sin embargo, en el contexto que nos ocupa, observamos con claridad la definición de los distintos caminos que, sirviendo de guía, darán forma a la ciudad. Gradualmente, los extensos campos verdes cederán espacio a la construcción de edificaciones. Vías como la actual Avenida de España, Carboneros, Cadalso, Águila Clavel, San José, Gibraltar, Menéndez Pelayo y Sol se revelan como elementos estructurales clave. Es lógico reconocer que pueden existir algunas pequeñas variaciones, pero el lector sabrá discernirlas adecuadamente.
Fueron protagonistas de esta transformación aquellos a quienes hicimos referencia al comienzo de nuestro relato, y otros que mencionaremos más adelante. También participaron en este proceso los denominados "extranjeros", en su mayoría procedentes de Gibraltar, quienes probablemente vivieron y soportaron aquellos acontecimientos. Esta relación tiene fecha de 1815 y consta que algunos de ellos ya estaban aquí bastante antes y continuaron después. Para aquellos que no estén familiarizados con esta relación, algunos de los nombres incluidos son: Pablo Esteban, Santos, Andrés Bitela, Luis Galuso, Miguel Falanga, Nicolás Bautista, Andrés Luba, Miguel Manchón, Juan Manchón, Andrés Gato, Juan Patri, Pascual Ylaxde, Francisco Cabaza, Juan Bautista Chape, Cristóbal Rulle, José Faba, Gerónimo Soxale, Carlos Gueto, Pedro Casaro, Esteban Nebo, Juan Breque, Lorenzo Faba, Francisco Danino, Blas Fabra, Agustín Repeto, José Faso, y Agustín Amigo.
| Biblioteca Ministerio de Defensa- Plano de 1865 adaptado para mejor visualización |
En primer plano, destaca el cuartel de Ballesteros, mientras las calles adquieren una mayor definición. Ya se vislumbra con nitidez el trazado de la calle Real, Cadalso y Teatro. Surge por primera vez el denominado Barrio de los Trapos, junto con la plaza con el nombre de Isabel II y la calle de San Roque, hoy conocida como la Avenida de España. Simultáneamente, la actual Ramón y Cajal se presenta claramente definida, marcando su progreso en paralelo al avance de Lutgardo Pérez Muñoz.
Mientras este desarrollo urbanístico era inevitable, las controversias con las diversas formas de lo cotidiano encontraban serios obstáculos. En 1820, Andrés Coca se queja de los perjuicios que le infieren los abastecedores de vinos y licores de San Roque. Este asunto llega a instruirse y Andrés, habitante de Puente Mayorga, incluye a los vecinos de La Línea Francisco Villava, Andrés Gato y Juan Bautista Chappe, y a otros de San Roque. Este dato es importante porque Francisco no aparece en la relación que mencionamos y además porque determina la dedicación de los tres. Fue un medio muy importante de comercio con Gibraltar, de ahí que los arbitrios recayeran frecuentemente sobre estos artículos. Esta situación llevó a que los vecinos de Puente Mayorga, Campamento y La Línea se resistieran a pagarlos.
En esa fecha, los compromisos no corrieron mejor suerte y el Jefe Político Subalterno del Partido de Algeciras recibe una instancia de Ángela Pasano, vecina de Gibraltar y dueña de una casa en La Línea de aquel Campo ocupada por los comandantes militares de aquel punto y la oficina de recaudación de la Hacienda Nacional, solicitando el abono de los alquileres devengados que, según la interesada, ascienden a tres mil ciento noventa pesos fuertes y seis reales de vellón. Meses después, la misma denunciante facilitaría el cobro mediante otra fórmula, confirmando así otra vez la existencia de edificios en La Línea.
También los labradores se quejaban y pasó a la Comisión de justicia una instancia pidiendo que no se permita pastar en su término al ganado de Gibraltar. Incluso las comunicaciones se vieron afectadas, pues antes de la llegada de los franceses el correo entre Cádiz y el Campo de Gibraltar era dos días por semana y después quedó en un día.
| Biblioteca Ministerio de Defensa- Plano de 1891 adaptado para mejor visualización |
En este caso, el autor, el Teniente Coronel Federico Magallanes, se enfoca principalmente en la franja construida. La ilustración muestra ya las calles definidas y la expansión de las construcciones hacia el poniente y el levante, sin llegar aún al fuerte de Santa Bárbara. Destaco de este plano, como en los anteriores, las edificaciones se mantienen alejadas del mencionado fuerte, y en este caso aún no han llegado a su proximidad. Por lo tanto, es poco probable que haya sido el origen de La Línea, como a menudo se ha sugerido, lo que distorsiona la historia de esta ciudad. En este contexto, si se pretende resaltar su importancia, existen suficientes datos para construir un relato fascinante acerca de este fuerte.
| Biblioteca Ministerio de Defensa- Plano de 1898 adaptado para mejor visualización |
Para concluir este capítulo, presento el extraordinario mapa que muestra la progresión de las edificaciones y su expansión hacia diferentes puntos, así como todos los huertos y huertas con sus respectivos nombres. Quizás esta ilustración, como ninguna otra, muestre cómo las viviendas han ido ocupando los lados de los caminos previamente trazados, motivo central de este trabajo.
A través de algunas de las imágenes, no todas, he procurado que el lector obtenga una idea de cómo esta ciudad se ha ido conformando a lo largo del tiempo. Además, he acompañado las ilustraciones con datos históricos con el fin de transmitir la noción de que entre la marcha de las tropas y la segregación, existió una vida y una historia llena de vicisitudes. Aunque algunas de estas historias son increíblemente atractivas y absorbentes, ese no fue el enfoque principal en esta ocasión. Sin embargo, es una materia que abordaré en otro momento, cuando presente documentos inéditos.
CONCLUSIÓN:
En conclusión, gracias al esfuerzo incansable de aquellos pioneros, lo que una vez fue un panorama inhóspito ha sido transformado en una próspera y vibrante comunidad. A lo largo de este recorrido histórico, hemos podido apreciar cómo la determinación y la dedicación de estos individuos han moldeado el paisaje urbano y han sentado las bases para el desarrollo y el crecimiento de la ciudad. Su valentía y perseverancia frente a los desafíos naturales y los obstáculos políticos han sido fundamentales para forjar el presente de La Línea. Es importante recordar y reconocer el legado de estos visionarios, cuyo trabajo ha dejado una huella indeleble en la historia de la región. Sin embargo, al preguntarnos qué queda de todo aquello, la respuesta es nada.
Parafraseando a Groucho Marx, este relato es una ventana hacia la verdadera historia de La Línea, desprovista de suposiciones, hipótesis y ficciones, basada en documentos y datos recopilados con dedicación y esfuerzo, aunque no todos los disponibles. Si no les agrada esta narrativa, puedo ofrecerles otra historia, o mejor aún, pueden continuar repitiendo la que les han contado, a veces recibida con gran entusiasmo. Así, se perpetuará la continuidad de los eventos, como aquellos ocurridos en 1823, cuando los vecinos de Campamento enviaron una instancia sobre la renovación de Manuel Yniesta, celador de aquel punto, y otra de Marcelino Rodríguez, en la que, en nombre de los demás vecinos de La Línea, solicitaban la destitución del Alcalde celador Juan Cano de su cargo. Previamente, en un informe preliminar se solicitaba averiguar qué tipo de población constituía el punto de La Línea y con qué autorización se habían erigido edificaciones allí. Aquellas personas que conozco y estoy seguro de que leerán esto con interés, no necesitan una explicación adicional.
En memoria de esas primeras familias que, con esfuerzo y perseverancia, convirtieron el gris de la tierra en exuberantes extensiones verdes. Lamentablemente, reconozco vuestro dolor y sacrificio, probablemente sin el reconocimiento merecido.
ResponderEliminarReconozco que me he encontrado inmersa en esta historia, sorprendida gratamente.
ResponderEliminarDe nuevo debo agradecerte tu labor y lamentar la poca importancia y reconocimiento a tu trabajo e investigación.
Gracias por indagar y compartir tus conclusiones.
Muchas gracias.
EliminarNo consigo encontrar los capítulos l y ll.Saludos.
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