La Línea para un forastero
Jaime López-Chicheri Dabán
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| Litoral de levante |
Hace
unos días, un buen amigo me contó que circulaba por las redes
virtuales -y
por las reales-
un nuevo medio local. Me mandó referencia, lo abrí... y me quedé
impresionado.
Se
trata, ya lo habrán imaginado, de la primera edición de El Cultural
de la Línea. Sí, de este periódico que tienen frente a los ojos,
en sus manos o en su pantalla.
De
La Línea sabíamos poco mi mujer y yo antes de tomar la decisión de
trasladar nuestras vidas a este sur. De sus alrededores mucho. En mi
etapa profesional eran muy frecuentes mis visitas a
Jerez y a Sanlucar, donde tenía buenos clientes bodegueros, a
Sotogrande, también cliente y, en menor medida, a Gibraltar. Mi
mujer, que era experta en informática, pasaba largas temporadas en
Algeciras con ocasión de la mecanización informática de CEPSA.
Nuestros recuerdos, complementarios en lo profesional y compartidos
en lo personal con nuestras escapadas a la Feria de Sevilla, tuvieron
mucho que ver con la decisión de vivir en esta zona.
De
La Línea, como digo, poco o nada sabíamos. Pasábamos de largo
porque ahí nada, ni clientes ni ocio, nos reclamaba. Hoy,
ya sí.
No es bueno quedarse encerrado en la guarida; hay que salir, conocer
lugares, gentes nuevas. Hoy la conozco por dentro y por fuera; desde
arriba y desde el mar. Porque cuando voy en coche me
quedo a veces un ratito, especialmente si hay poniente, embobado
observando el grandioso espectáculo que se me ofrece desde el alto
del
Mirador de El Higuerón. Por mar, cuando en nuestras navegaciones
pacíficas, fondeamos a menudo frente a su paradisiaca y casi
desierta playa de levante o en la bahía de poniente, depende de qué
y de cuánto
viento tengamos. Siempre me ha sorprendido, a propósito de esto, la
tremenda diferencia entre las "dos"
Líneas:
la de poniente, con su arquitectura moderna de altos edificios y
notable actividad comercial; la de levante, con sus casas de una o
dos plantas de porte antiguo y casi desierta. Son dos Líneas
radicalmente diferentes. Y sin duda hay algo de belleza paradójica.
Algún día alguien me explicará por qué una playa como esta, que
nada tiene que envidiar a las de la Costa del Sol, está casi
desierta y con escaso desarrollo turístico. Pero en fin, ahí radica
parte de su encanto.
"Ah,
¿y del interior? ¿no dices nada?" Pues sí, del interior puedo
decir muchas cosas desde que empecé a frecuentarlo. Les puedo hablar
de la simpatía y profesionalidad de Cristina, de Rafa, de Cecilia y
de algunos otros médicos y enfermeras de la Clínica Universal.
También de la espectacularidad
de los conciertos y representaciones de ópera que de vez en cuando,
con menos frecuencia de lo que nos gustaría, nos ofrece el Palacio
de Congresos y exposiciones. También de que no hay cosa que
necesites y que no encuentres en La Línea, tal es la variedad, casi
universal como la clínica, de comercios,
actividades
y pequeñas industrias. También de la buena gastronomía de la zona
y lo ajustadito de los precios. También... en fin, no quiero
aburrirles con más "tambienes" sobre las bondades de la
ciudad.
Hay
una cosa negativa, que tiene difícil solución y que prefiero que
sea mi coche "quien" la cuente. No necesita palabras, solo
con verlo se darán cuenta. Porque desde que tuve la suerte de
conocer a un buen amigo, el mismo al que refiero al inicio, y que
tiene su taller artesanal en las tripas de la ciudad, en la calle de
las Flores, creo que no hay esquina que mi coche no haya besado, tan
estrechas son las calles para un tuerto como yo. Diré que ahora ya
menos, ya nos hemos acostumbrado los dos a dejar al menos cinco
centímetros entre coche y esquina.
.El
amigo al que me refiero, ya lo habrán adivinado, es Santiago
Chippirraz, el mismo que ha tenido la estupenda idea de crear El
Cultural de La Línea. El mismo que tiene la gentileza de editar
(edición privada) e imprimir las cosas que escribimos (ella, poemas;
yo libros sobre personas queridas -incluso yo-, viajes o aficiones).
Un tipo genial, a
local hero,
como el de aquella película de Bill Forsyth.
Cuando
me ofreció Santiago escribir algo, me prohibió su ensalzo:
"Si quieres, habla de La Línea, de la iniciativa de lanzar este
medio, de ... pero no se te ocurra ensalzarme, que te conozco".
Así
me lo dijo; así lo cuento.
Enhorabuena
por la iniciativa, querido Chippi.

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