Sobre el Arte Abstracto
Teófilo Marcos González
A lo largo de la Historia, diferentes culturas nos han legado importantes manifestaciones artísticas en las que la forma es transcendida por signos que la representan, en procesos de abstracción más o menos precisos. Las pinturas parietales del Neneolítico podrían ser unos de los primeros ejemplos. Pero hoy quiero centrarme en Turner, para mí uno de los antecedentes más visionarios del arte abstracto del S.XX.
Turner fue un creador solitario en cuya obra un protagonismo especial la Naturaleza. Y más que la naturaleza sus resonancia, las visiones que esa naturaleza le estimulan y provocan.
La teoría de lo sublime hace de la Naturaleza el modelo máximo, una manifestación de lo infinito en lo limitado, que sobrecoge al contemplarla. Por tanto, el pintor, no describe una escena, sino una resonancia anímica, una emoción indescriptible, una imagen por lo tanto abstracta, puesto que esa emoción es irrepresentable. Por eso lo sublime, lo “abstracto” de esa visión, está más allá de la realidad inmediatamente perceptible.
Fue Burke el que introdujo el concepto de lo “inacabado” frente a la exigencia de lo “acabado”. Y es precisamente ese carácter de “inacabado” lo que confiere a una parte significativa de la obra de Turner, esa apariencia de misterio, de instante mágico sin espacio ni tiempo, que hace de la luz y del color una “abstracción” de la realidad, una visión de los sublime.
(Nota: Turner fue un apasionado lector de la poesía, lo que sin duda contribuyó a su visión lírica, a su capacidad de “ver” la realidad con la mirada “abstracta” de sus emociones, con la sensibilidad enfebrecida de su imaginación).
La abstracción de lo sublime acaba produciendo una ”iluminación interior” que también sentimos los que contemplamos sus pinturas. Su catarsis es la nuestra. Ese es para mí uno de los valores más importantes del arte abstracto, el exponernos a una radiación de emociones que cada uno podemos interpretar y sentir.
Amo el color negro, y el negro es precisamente en Turner un importante elemento expresivo, un color constructivo con el que consigue hacer visible hacer visible la luz, y en su contraste dramático, hacernos sentir la energía del caos que mueve la naturaleza.
“La oscuridad - decía Burke- es más capaz de producir ideas sublimes que la luz”
Las formas, los objetos, las figuras, desaparecen para dar entrada al color, a la luz, a las sombras, a imágenes abstracta que se alejan de sus referentes, a visiones que nos emocionan profundamente. Turner, que fue un pintor poeta, hizo poesía de la luz y la reflejó en sus “poemas pictóricos”, épicos algunos, líricos otros, pero la intensidad expresiva la logró, en mi opinión, en sus acuarelas, en sus bocetos al aire libre, recogiendo en directo, bajo impulsos anímicos casi automáticos, el espíritu abstracto de las formas que le rodeaban y que su otro yo, emocionado y enfebrecido, reflejan en sus papeles, en sus telas, en sus cuadros. Dice Walter Fawkes, mecenas de Turner, al verle pintar:
“Empezó por dertramar pintura líquida sobre el papel hasta saturarlo. Se puso a rasgarlo, a arañarlo, a rasparlo como un poseso y todo era un caos. Pero poco a poco y como por arte de magia fue surgiendo el maravillosos barco...”
Turner fue un visionario, un precursor de los movimientos abstractos del S. XIX, un ejemplo de artista apasionado que mira, siente y pinta con los ojos del alma.
Y, finalmente, una intuición que se ha ido convirtiendo en certeza a lo largo de los años: Turner fue, en mi opinión , un precursor del “Expresionismo abstracto”. Pinturas suyas como “Three Seascape” de 1827. “Colour Begining” y muchas otras, son evidentes “modelos” de cuadros de Rothko, como “Four Darks in Red”, el No.61 o “Untiled (Purple, White and Red)”.
15 septiembre 2009

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