Lo que aprendí con la práctica de la medicina


 Lo que aprendí con la práctica de la medicina, en un decálogo

Eduardo Rojas

Klaus Nielan- Pexels

1. La necesidad de valorar a los pacientes desde un punto de vista biopsicosocial (enfermedades del cuerpo, de la mente y de su entorno), me ha hecho comprender que para entender a las personas y sus conductas se requiere una mente amplia, abierta, dado que son muchas las variables o factores que explican e intervienen en sus comportamientos, bien entendida la conveniencia de establecer nuestros límites para ser respetados en la vida.


2. La exigente y necesaria formación médica continua me hizo entender que para "bracear" en el océano de la vida en muy útil y necesario tener la cabeza bien "amueblada" y los "pies en el suelo", bien asentados para que todas nuestras decisiones estén basada en la prudencia y en la coherencia. Para ello hay que aportar a este magnífico ordenador que es nuestra mente los programas adecuados. Hay que leer para formarse como personas y no solamente para estar informados, ya que en muchas ocasiones la información tiene sesgos oportunistas (de hecho hay  anuncios en la TV que lo confirman).


3. El humanismo (esa necesidad, creo que obligación, de intentar comprender en su totalidad a los pacientes -criterio holístico- durante la atención médica), me ha dado a entender que hoy, más que nunca, las personas quieren ser aceptadas y entendidas tal como son y tal como piensan, aunque sí es necesario que el binomio humanismo y el buen criterio propio requieren la reciprocidad adecuados para que también sean respetadas nuestras creencias y convicciones.


4. A los médicos actuales y del futuro les aconsejaría que intentaran adquirir estos atributos: el profundo conocimiento del doctor House, la meticulosidad y la sagacidad de Hércules Poirot (el famoso protagonista de numerosas novelas de Agata Christie, la perspicacia (facultad para percatarse de cosas que pasan inadvertidas a los demás) de Sherlock Holmes sin olvidarse de la humildad y la humanidad de Jesús que hacen que todos los pacientes se sientan comprendidos y con una fe sincera y profunda en su curación.


5. La obligación autoaceptada de atender a todas las personas, sin acepción de las mismas, sin tener en cuenta su raza, color, convicciones, creencias, defectos, tendencias, adicciones, me han proporcionado la adquisición de una mente abierta capaz de darme a entender que el grado de maduración emocional e intelectual , así como el grado de respuestas de las personas a los distintos problemas y avatares de sus vidas, son distintos, y a veces, desproporcionadas.


6. Que las personas tenemos la opción de prolongar nuestra supervivencia y longevidad mediante la implementación de una vida ordenada basada en buenos hábitos (se convierten en nuestra segunda naturaleza) de alimentación equilibrada y moderada, con un sueño reparador, una forma de pensar adecuada, y una vida de relación optima (somos la media de las cinco personas que más frecuentamos, en relación a las actitudes, conductas, formas de razonar, metas hábitos, objetivos, aficiones y un largo etc.) De ahí la importancia de rodearnos de las personas adecuadas que faciliten nuestro crecimiento personal. Y no olvidar la realización de ejercicio físico adecuado a nuestra forma física.


7. Complementa la reflexión anterior lo conveniente que resulta mantener equilibradas todas las  facetas de nuestras vidas: cuidad nuestras finanzas (una situación financiera saneada es una  fuente de tranquilidad y sosiego, que aleja a la ansiedad tan frecuente en la actualidad. No olvidar ser consciente de cuál es el propósito de nuestra vida, que le da sentido (TU IRIGAI). Y no menos importante tu sentido de la contribución (qué puedes hacer por los demás) y tu sentido de la trascendencia muy relacionada con el propósito y la consecuencia de nuestras acciones. Es  individual la opción de creer y dejarse orientar y guiar por la religión organizada que te sientas más identificada. La lectura asidua de la Biblia parece dar discernimiento y asentamiento en la vida.


8. Un consejo que puede estar denostado en la actualidad es el de ser una buena persona. En muchas ocasiones, se relaciona con ser ingenuo, apocado, poco inteligente. Pero nada más alejado de la realidad: si expresas una actitud bondadosa, pero asertiva, (expresarte sin agresividad ni pasividad y manifestando tus derechos y tus límites), crearás una vibraciones a tu alrededor que atraerán a las personas y circunstancias adecuadas. El refranero popular apoya este consejo. "Haz el bien y no mires a quién".


9. La Fe y Esperanza son dos virtudes, comprobado en numerosas ocasiones a las que nos agarramos las personas más veces de las que pensamos. Es lo que necesita oír la persona  enferma, lo que mantiene estable la vulnerabilidad que ocasiona la enfermedad. Es lo que más se necesita oír en esas circunstancias: una palabra de aliento, de certidumbre, de confianza, de perspectiva adecuada, de optimismo. Pero esto mismo, si lo extrapolamos a la vida cotidiana, nos permitirá ser focos que atraigan a las personas porque sabemos vivir y damos ganas de vivir a los demás. Todos podemos ser personas "medicina" que fomentemos la alegría de vivir y que ayudemos a añadir años a la vida y vida a los años de los demás.


10. ¡Qué importante es saber escuchar (prestar atención a lo que se oye) y no solo oír (percibir con el oído los sonidos) a los demás! He comprobado en muchísimas ocasiones, que las personas necesitan que se les escuche y que se les comprenda; que les permita expresar sus síntomas. Es muy humano querer dar las soluciones que nos parece más adecuadas ante los problemas de los demás. No olvidemos la necesidad de expresarnos y ser escuchados. Gran parte de la psicoterapia y de la obtención de una buena historia clínica (pilar fundamental del acto médico) se basa en ser escuchados para después ser tratados adecuadamente.

Comentarios

  1. Doctor Herminio Fernández: La praxis médica es un compendio de conocimientos y humanismo. Es verdad que no existen enfermedades, sino enfermos. Cada paciente representa un desafío que nos plantea la búsqueda de una solución para aliviar su sufrimiento. A menudo, la empatía puede ser más efectivo que una píldora.

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