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Crónicas de una Plaza: Entre Historia y Silencio

 

Crónicas de una Plaza: Entre Historia y Silencio

Foto: CHIPPI


Me desplazo solo de un extremo a otro en la actual Plaza de La Constitución. Mis pasos son deliberadamente lentos, como si intentara retrasar el destino y regresar a algún punto anterior en el mismo espacio. Me he alejado un poco del bullicio de las calles más céntricas. Hace algo de frío, pero no es excesivo. Observo en todas direcciones, especialmente hacia la imponente Roca. Es ella quien inspira y perturba mis pensamientos al imaginar el estruendo de bombas arrojadas desde Gibraltar, el silbido de las balas, el bullicio de tropas y los uniformes de colores mezclados, las órdenes siendo gritadas. Caballos que avanzan a gran velocidad, gritos, heridos; puedo visualizar la capilla donde se atienden a los muertos. Detrás, polvo y arena, el viento transporta el olor a pólvora y los excrementos de los caballos, así como el material utilizado para las trincheras o la munición del día. Cañones cesan, otros comienzan, y así sucede día tras día.

Este lugar, posiblemente el espacio desde donde se dirigía parte de la vida diaria de la línea, quedó una explanada de arena tras el muro defensivo, las garitas, las trincheras o las casetas avanzadas de vigilancia. Este espacio es donde se gestó el germen de la ciudad, con algunas construcciones que, con el tiempo, han ido aumentando hasta convertirse en la actual Plaza de La Constitución, antes con otros nombres y que, en el futuro, podría ser llamada de otra manera.

Pero mi intención no es adentrarme en la historia y evolución del lugar, ya se ha escrito sobre eso. Simplemente deseo describir lo que veo. Algunos podrían preguntarse por qué, dado que mañana se mostrará una imagen y podremos verlo de la misma manera que está sucediendo ahora. Permíteme resumir los motivos. Mientras que una fotografía puede capturar visualmente un lugar, la descripción añade capas de significado, contexto y experiencia personal que pueden enriquecer enormemente la comprensión y apreciación del mismo.

La explanada, que se eleva con respecto a las calles circundantes, destaca como un elemento distintivo en medio del entramado urbano. Su forma irregular, que se asemeja a un número seis cuando se observa desde el sur, la convierte en algo único y particularmente atractivo. Esta disposición espaciosa brinda la oportunidad de organizar eventos festivos que serían complicados de llevar a cabo en el corazón de la ciudad. Rodeada por una zona ajardinada que cuenta con once parterres de mampostería elevada, uno de estos alberga una figura que simboliza el conocimiento; un monumento concebido de manera extraordinaria por Yeyo Argüez.

Una sólida solería, interrumpida en su eje central por otra diferente que cruza la plaza y desemboca en la Pasarela de Hércules, adorna el suelo. A lo largo de su trayectoria, se encuentran pérgolas simbólicas que ofrecen un espacio pensado, del mismo material existen bancos suficientes para el descanso de un numeroso visitantes.

Además, cuenta con una hermosa fuente de unos 14 metros de diámetro, de la cual emergen chorros ensortijados que, durante la noche, se realzan con coloridas iluminaciones.

Aunque los puntos de luz puedan parecer escasos o de baja potencia, quizás debido a la amplitud del espacio, forman parte del sistema moderno de iluminación recientemente instalado que las ciudades adoptan para combatir la contaminación y ahorrar energía.

Ahora, reina la paz, el silencio envuelve el lugar y los elementos permanecen en su sitio. El Peñón se erige delante de la explanada, donde antes eran caminos, ahora se alzan viviendas. Sin embargo, los hombres no están, ninguno ha traspasado el umbral del tiempo. Son los perdedores del tiempo y del espacio y, sin embargo, lucharon y murieron por él.

Dedicado a los Olvidados del Tiempo y del Espacio: Hombres que Lucharon y Murieron Sin Monumento. Que la memoria de sus sacrificios perdure en las sombras de la historia, como testamento silencioso de su valentía y dedicación.

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