¿Vivimos en un mundo ordenado o en un mundo en permanente tensión?
¿Vivimos en un mundo ordenado o en un mundo en permanente tensión?
Permanezco inmóvil mirando hacia el cielo. Desde aquí todo parece ordenado: el Sol sale, las estaciones vuelven, la Luna cambia, los planetas siguen sus recorridos, todo parece ubicado en su sitio y desempeñando una función. Pero debajo de esa apariencia hay movimiento, choques, nacimientos, desapariciones, expansiones, transformaciones y desconocimiento.
La naturaleza que nosotros llamamos bella, tranquila y armoniosa tampoco está quieta. Un árbol compite por la luz y el agua. Una especie ocupa el espacio de otra. Una sequía elimina unas plantas y favorece otras. Una especie invasora llega y altera lo que parecía establecido. Un incendio destruye y, después, en otro sentido, abre un espacio para que vuelva a empezar la vida.
La fauna tampoco queda al margen. En nuestra vida cotidiana podemos observarla sin necesidad de buscarla: las hormigas se preparan para pasar el invierno, las golondrinas regresan puntualmente cada año, las cigüeñas levantan sus nidos y, cada vez con mayor frecuencia, algunos animales se aproximan a nuestras poblaciones.
Son escenas que parecen apacibles, pero detrás de ellas también existe una tensión. Las cigüeñas buscan lugares elevados y, cuando faltan los árboles adecuados, encuentran torres, campanarios o construcciones humanas. Las hormigas entran en nuestras casas buscando alimento. Las golondrinas encuentran en nuestros balcones un lugar donde anidar. Otros animales se acercan a las poblaciones porque el espacio donde encontraban refugio o alimento se ha reducido.
Lo que vemos como adaptación, costumbre o incluso como una imagen agradable de la naturaleza puede ser también la respuesta a un cambio, a una pérdida o a una necesidad.
Quizá la naturaleza no sea ese lugar tranquilo que tantas veces imaginamos. Quizá lo que llamamos equilibrio no sea más que una situación momentánea dentro de una tensión permanente.
Y ante este panorama me pregunto: ¿cómo se comporta el ser humano?
No sé cómo llamarlo: ¿leyes, tendencias, inclinaciones, ajustes? Quizá cada entendido, desde su punto de partida, tenga una explicación diferente. Unos hablarán de leyes físicas, otros de evolución, de adaptación, de competencia, de equilibrio o de azar. Probablemente no estén hablando exactamente de lo mismo. Sin embargo, cuando observamos los resultados, aparece algo que se repite: las cosas cambian, se acomodan, ocupan un espacio, desaparecen o encuentran la manera de continuar.
También las personas hemos aprendido a vivir entre lo apacible y la tensión. Quizá esa sea una de nuestras mayores capacidades: acostumbrarnos a casi todo.
En medio de una borrasca puede haber alguien celebrándola porque para él significa agua, nieve, olas o simplemente una experiencia agradable. Mientras unos buscan refugio, otros encuentran una oportunidad.
Y ocurre algo mucho más difícil de aceptar cuando la tensión procede de nosotros mismos. Mientras unos sufren una guerra, otros hacen negocios con ella. Mientras unos huyen, otros transportan mercancías, construyen, venden o especulan. Hay quienes convierten una invasión en una operación que se puede contemplar desde una pantalla, casi como si se tratara de un partido de fútbol, siguiendo movimientos, avances, retrocesos y resultados.
También somos capaces de construir relatos alrededor de lo que sucede. Elegimos unas imágenes y dejamos otras fuera, buscamos culpables, héroes, explicaciones sencillas. Podemos llegar incluso a presentar como necesario, admirable o inevitable aquello que para otros significa sufrimiento.
Entonces la tensión ya no es solamente algo a lo que nos adaptamos. También podemos provocarla, aumentarla, contenerla o hacerla desaparecer. Podemos buscar el conflicto o intentar evitarlo; aprovechar una situación o tratar de corregirla. Unos actúan movidos por un afán y otros por otro distinto, y entre unos y otros se va desenvolviendo buena parte de nuestra vida.
Tal vez ahí esté una diferencia importante. No solo vivimos dentro de unas fuerzas que no terminamos de comprender: también somos capaces de crear nuevas fuerzas, de enfrentarlas entre sí y de modificar las condiciones en las que vivimos.
Y, sin embargo, el resultado vuelve a parecerse a lo que observábamos antes: adaptación, desplazamiento, competencia, pérdida, supervivencia.
Como si también nosotros estuviéramos sometidos a unas fuerzas que no terminamos de comprender.
Un razonamiento muy profundo el tuyo y muy lleno de realidad....la vida cada vez la llevamos a una velocidad increíble.
ResponderEliminarEl progreso que debiera de ir facilitando el bienestar y el mayor conocimiento de las cosas nos las hace más complicadas...todos queremos llevar siempre la razón sin pararnos a oír a los demás...cada vez hay más violencia en el mundo...no nos paramos a pensar y vivir de una manera más sana con menos odio...ahora se insulta y y sin darle importancia al hecho...los anímales se acercan a las ciudades por qué les estamos estrechando el cerco donde desarrollarse...donde era un paraje natural lo destruimos para llenarlos de placas solares.
Vivimos en un mundo que es un caos continuo y todo la maldita ambición.
Tú artículo es para detenerse a pensar y comentarlo.
Un abrazo Santiago... Eduardo
Mencionas una serie de puntos indicadores de esa tensión, y podría ampliarse en mucho. Gracias.
EliminarVivimos un caos a todos los niveles
ResponderEliminarCada vez percibo el desorden más cerca de mí, antes era algo lejano.
ResponderEliminarEs cierto, quizá ese sea una visión muy acertada.
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