Un momento de calma entre los maestros

 

Un momento de calma entre los maestros


Julio Romero de Torres. Retrato de dama con jarrón de cristal. Obra expuesta en la muestra Maestros de la luz y la forma. Centro Cultural del Carmen, Estepona.
Fotografía realizada por el autor durante la exposición. Se reproduce únicamente como apoyo gráfico de este artículo cultural.


Después de estos días siento el cansancio que deja la tensión cuando se prolonga demasiado. Todo lo que ha rodeado a mi ciudad, Ceuta, y lo que aún le espera, ha ocupado buena parte de mis pensamientos.

Me han impresionado la impotencia de quienes han trabajado sin descanso para ayudar; me han dolido las muertes, los ahogados y quienes perdieron la vida por otras causas; me ha estremecido el miedo de tantas mujeres y niños atrapados por la violencia; me han indignado las mentiras y la utilización política del sufrimiento humano. Como tantos otros, solo intenté aportar lo que estaba a mi alcance.

Necesitaba, aunque solo fuera durante unas horas, descansar la mirada.

Con esa intención acudí al Centro Cultural del Carmen, en Estepona, donde se expone una interesante colección privada bajo el título Maestros de la luz y la forma. Reúne una colección de 60 obras de 23 autores, pinturas y esculturas de autores tan reconocidos como Joaquín Sorolla, Pablo Picasso, Miguel Barceló, Rafael Zabaleta, Antonio Saura o Diego Rivera, junto a otros artistas contemporáneos.

Sin embargo, entre todas aquellas obras no fueron los grandes formatos, ni el color, ni las propuestas más modernas las que lograron detenerme.

Mis pasos acabaron frente a Retrato de dama con jarrón de cristal, de Julio Romero de Torres.

Permanecí allí más tiempo del previsto.

La pintura transmite una serenidad difícil de explicar. La modelo dirige la mirada al espectador sin afectación, con una naturalidad que inspira calma. Los tonos ocres y marrones envuelven la escena en una luz suave, mientras un paisaje apenas insinuado se pierde en el horizonte. Sobre la repisa, un sencillo jarrón de cristal con unas rosas introduce la única nota de color, discreta y delicada.

Quizá otro día me habría detenido ante otras obras de mayor fuerza o de lenguajes más atrevidos. Pero me quedé allí porque era exactamente lo que necesitaba.

Al salir, el mundo seguía siendo el mismo. Las noticias no habían cambiado y las preocupaciones tampoco. Sin embargo, durante unos minutos, una pintura consiguió recordarme que, frente a tanto dolor, el ser humano también ha sido capaz de crear belleza, serenidad y silencio. Y, a veces, eso basta para seguir adelante.


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