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La prudencia en la tempestad

 

La prudencia en la tempestad




Después de muchos días, la tempestad ha limpiado de neblina el firmamento. Su aspecto es saludable, de un azul celeste intenso. Con el paso de las horas se apaciguan los motivos de preocupación, tras el desfile silencioso de borrascas formadas por nubes pesadas que lanzaban una lluvia pérfida, empujadas por fuertes torbellinos de viento húmedo.

En los últimos años se comentaba —sobre todo entre las personas de edad, motivado por la pertinaz sequía— que ya no llovía ni hacía el mal tiempo de cuando eran niños, y puede que llevaran razón. Sin embargo, tanto el año pasado como el actual se asemejan mucho a lo que conocieron.

Aun avisados, el dolor causado por los latigazos de la naturaleza ha sido considerable, con especial intensidad en algunos puntos del Campo de Gibraltar, generando enorme preocupación, especialmente después de que los ríos se desbordaran en algunas zonas, obligando al desalojo de centenares —o quizá miles— de vecinos.

Los efectos quedaron visibles desde su entrada triunfal: obligaron a inclinarse ante su poder a decenas de árboles, muros, techos, caminos y carreteras; dejaron zonas inundadas, montes heridos, filtraciones y humedades, además de algo tan doloroso como las cosechas perdidas. Todo ello acompañado por los novedosos e interesantes sistemas de avisos meteorológicos a través de los teléfonos móviles.

Las clases en los centros de enseñanza se suspendieron; en pocas horas los comercios hicieron lo mismo; se suspendieron consultas en algunas clínicas y centros sanitarios el día de la alerta roja. Se anunciaron restricciones en el uso de vehículos y se desaconsejaron salidas peatonales innecesarias. Quizá todas esas medidas lograron, durante esos momentos, contener la estadística de desgracias personales en la zona.

Ahora, preparados para la siguiente, la panorámica es distinta: los pantanos y acuíferos han quedado repletos; los ríos y arroyos han renovado sus aguas; el terreno está más esponjoso y nutrido; el aire, más limpio; la flora y fauna se beneficiaran y lucirán su agradecimiento. Además, algunos lugares han mostrado su deterioro, haciendo visible la necesidad de revisión y arreglo.

Aunque la próxima llegue con la misma fuerza, esta me ha parecido que ha tenido un buen seguimiento en Los Barrios, al menos por lo divulgado en las noticias. La coordinación y las decisiones tomadas por las autoridades no han evidenciado desacuerdos. Todo hace suponer, por tanto, que las medidas adoptadas fueron adecuadas.

El avance de la ciencia nos permite conocer y predecir muchas manifestaciones de la naturaleza, incluso su intensidad y duración. Conocer y prevenir es de vital importancia para evitar efectos graves. Su aplicación no nos hace más fuertes ni más sabios… pero sí consigue que, durante un tiempo, seamos más precavidos, hasta que olvidemos que la naturaleza posee un poder inmenso y que estuvo aquí millones de años antes que nosotros.

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