Ir al contenido principal

El silencio de las campanas

 

El silencio de las campanas


Por George Washington Wilson - George Washington Wilson, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=41026899

Marzo de 1344. Domingo de Ramos.

Tras meses de asedio, hambre y hierro, la ciudad de Algeciras abre por fin sus puertas. No entran ejércitos desordenados ni estallan gritos de saqueo. Entra un rey.

Alfonso XI de Castilla avanza bajo las palmas bendecidas. No empuña la espada, sino el ramo. Tras él, prelados, ricos hombres, caballeros. La guerra se transforma en procesión. La conquista, en liturgia.

Caminan hasta la antigua mezquita mayor. Allí, donde durante siglos resonó la llamada del almuédano, se eleva ahora la misa cristiana. Y el rey, en un gesto que no es solo devoción sino afirmación de poder y memoria, le impone un nombre nuevo: Santa María de la Palma.

Así lo dejó escrito la Crónica de Rey Don Alfonso el Onceno.

Aquel día no solo cambió el nombre del templo. Cambió su voz.

Los siglos trajeron nuevas sacudidas. La pérdida de Gibraltar en 1704 dispersó a la población y obligó a comenzar de nuevo. Algunos se asentaron en Algeciras. Desde allí miraban al Peñón con la esperanza del regreso, mientras levantaban lentamente una vida distinta.

La necesidad espiritual encontró primero refugio en un modesto oratorio. Con el tiempo, se decidió erigir un templo digno. Nacía de nuevo la iglesia de la Palma, heredera de aquella consagración medieval, símbolo de continuidad en medio de la fractura.

Las campanas —cuando fueron instaladas— marcaron las horas, los duelos y las fiestas de la ciudad que reaprendía a existir.

Y, sin embargo, En 1867 aparece en las actas de la Diputación un detalle llamativo. La Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos solicita la adquisición para el Museo de Antigüedades de una campana de la iglesia parroquial de Algeciras, ya inutilizada. Se propone un presupuesto de cuatrocientos escudos, una suma considerable para la época, lo que subraya la importancia que la comisión le atribuía por su “forma y ornato”.

Inutilizada… y, sin embargo, digna de museo.

En una época en que muchas campanas se fundían, se trasladaban o se reemplazaban sin especial consideración, ¿qué tenía aquella para merecer atención oficial y presupuesto propio? ¿Era solo cuestión de forma y adorno? ¿O guardaba una antigüedad, una inscripción, una procedencia que no quedó consignada en el acta?

Desde 1344 la ciudad había cambiado de nombre, de fronteras, de destino. También había cambiado de voz.

Quizá aquella campana, silenciosa ya en 1867, no era solo metal.
Quizá era memoria.


Comentarios

  1. No había pensado antes ese enfoque de la entrada en Algeciras. Lo opuesto al comportamiento de Bizancio.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Utilicé una versión parecida hace varios años, en el pasaje que Jesús entra en Jerusalén subido en el asno.

      Eliminar
    2. Y sí, bastante diferente la entrada de Mahomet en Santa Sofía, a esta descripción que disponemos de Alfonso XI.

      Eliminar
  2. Qué historia más bonita
    Qué tendría esa campana que, para guardarla se presupuestó tanto dinero. Si ya no valía para sonar. Posiblemente sea lo que bien dices. El recuerdo de esos años.

    ResponderEliminar
  3. Pues siiiii, queda esa duda.....Me ha encantado la historia.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Más que pasteles: La historia de un lugar en el corazón de un pueblo

  Más que pasteles: La historia de un lugar en el corazón de un pueblo Deseo hablar de un gran negocio, de unos grandes profesionales, con una historia y trayectoria impecable. Han sido entrevistados innumerables veces y premiados otras tantas, son de fama reconocida y visitados desde toda la comarca. Sin embargo, continúo sintiendo la inquietud por contar, pero desconozco el qué. Dudo, como el niño que se aproxima a la vitrina y tiene que elegir uno de los dulces... Se siente observado por los adultos, y algo parecido experimento yo: un jubilado con su blog, una cámara de fotos al hombro, como si se tratara de un juego, un extraño entorpeciendo el desarrollo de un negocio. Pero observo. Observo a los clientes que esperan con paciencia en la fila, algunos charlan, otros miran con expectación las bandejas repletas de dulces. Es un ir y venir constante. Al principio, solo dos dependientes atienden con profesionalidad y calma. De pronto, son cinco. La cola se disuelve como por arte...

Balona: crónica de una tristeza anunciada

  Balona: crónica de una tristeza anunciada Gradas Estadio Municipal de La Línea Reconozco que el fútbol no me interesa más que en su aspecto histórico, algo de su aspecto deportivo y mucho de su influencia social. Por eso, quizá este escrito solo interesará a los menos. A aquellos que saben ver en un equipo de fútbol algo más que resultados. Y que saben también que perder partidos no siempre es lo más doloroso. A veces, lo que realmente duele es ver cómo se apaga el vínculo entre un club y su gente. En estos días, y especialmente después de la derrota en casa frente al Jerez, he conversado con personas que entienden de fútbol. Gente que ha seguido durante años a la Real Balompédica Linense, que ha vivido alegrías y frustraciones, y que ahora —dolorosamente— baja los brazos. Lo que me cuentan es desolador: que los jugadores, salvo un par de excepciones, no tienen el nivel; que han pasado tres entrenadores, lo que ya no permite culpar solo al banquillo; que el juego es tan pobre q...

La Línea: entre comercio y ocio

  La Línea: entre comercio y ocio El conflicto en torno al Mercado de Abastos de La Línea va más allá de tasas o metros cuadrados: refleja la encrucijada entre dos modelos de ciudad muy distintos. Un edificio necesario de rehabilitar He seguido con atención la trayectoria del mercado, no desde que comenzaron las obras de rehabilitación, sino mucho antes, casi desde sus comienzos. Históricamente parece que nació no con muy buenos signos, pero no me quiero desviar. Lo cierto es que, durante los años que lo conocí, no era un edificio que prestara unas condiciones adecuadas para el desarrollo de esas actividades. Su rehabilitación, por tanto, era una cuestión indiscutible. Dos razones enfrentadas Los acontecimientos posteriores, después de actualizar y revisar la información disponible, declaraciones escuchadas y publicadas, me llevan a pensar que las dos representaciones en litigio tienen razón. Cada una, con sus argumentos, expone verdades, y precisamente por eso se hace tan di...