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¿Pasa el tiempo o pasamos nosotros?

 

¿Pasa el tiempo o pasamos nosotros?

Imagen tomada por el autor


Dicen los entendidos que cambiar de hábitos es recomendable. En mi caso, cuando lo hago , y según la dedicación, experimento una sensación casi imperceptible, parecida a cuando de niño descubría algo nuevo. Con esta idea, y con independencia del clima, he cambiado la hora de caminar.

Hace unos días, aprovechando un día soleado, me dirigí con paso tranquilo hacia el otro lado de la villa. Se trata de un coqueto rincón con vocación de mirador, punto final de una calle orientada al norte, situada en la urbanización El Lazareto.

En los últimos metros, el asfalto se transforma en una plataforma de ladrillo rojo. Un muro frontal del mismo material, bien rematado, soporta una malla de alambre sujeta a tubos galvanizados que, suponemos, tienen como objeto obstaculizar el acceso al terreno colindante, aunque al mismo tiempo impiden una visión limpia del paisaje.

La sencillez del lugar se adorna con dos bancos de hierro forjado pintados de negro y una farola entre ambos, como si el conjunto invitara a ser fotografiado para una postal. Dos papeleras y a la derecha, un reposadero para bicicletas.

Reclinado cómodamente, con el brazo apoyado, observo la gran extensión de campos que me separa de la última colina: un paisaje salpicado por una amplia gama de verdes. El sol participa en la escena apoyando sus rayos sobre mi cara y mis hombros, como si se tratara de dos viejos amigos que se conocen desde hace años.

Parece como si el tiempo se detuviera. Mi respiración se ralentiza y el momento parece advertirme de que puedo comenzar. ¿Pero qué debo comenzar en una situación tan favorable? Quizá un debate interior con planteamientos de física y filosofía.

Mi madre, que, como he dicho en otra ocasión, lamentaba no haber podido estudiar, solía repetir a menudo, y Anita, mi mujer, aún lo hace, que “el tiempo no pasa, pasamos nosotros”. Yo siempre sonreía sin responder. Ambas expresaban, sin saberlo, algo que muchos filósofos y físicos han pensado. Quizá mi silencio se deba a que, como afirmaba san Agustín: “Si nadie me lo pregunta, lo sé; si me lo preguntan, no lo sé.”

Desde luego, el tema no es fácil de tratar, y para un profano lo es aún menos. Aun así, si aplicamos el sentido común y nos atenemos a lo que vemos, alcanzamos solo una comprensión parcial del tiempo.

Desde nuestra experiencia nacemos, crecemos, envejecemos y morimos. Eso nos hace sentir que el tiempo pasa. Pero si lo miramos fríamente, lo único que cambia somos nosotros y las cosas. El tiempo no se mueve, no circula como un río que podamos observar. En ese sentido, decir que “el tiempo no pasa, pasamos nosotros” no es ninguna tontería.

Si aceptamos lo anterior, es lícito pensar que el tiempo es una medida inventada por los humanos. Y aquí, sin duda, estamos en lo cierto: hemos inventado el segundo, el minuto, la hora, el calendario. Observamos cambios periódicos —día y noche, estaciones, fases de la Luna, latidos del corazón— y los usamos como referencia.

Poco a poco comienzo a convencerme de verdad de que el tiempo no pasa. Y, curiosamente, la física moderna parece darnos la razón. El tiempo no es un objeto ni una sustancia; no circula como el agua ni avanza por sí mismo. Para muchos físicos, el tiempo es una dimensión —como el espacio— o incluso un simple parámetro para ordenar los cambios. Esto nos conduce a una idea muy potente: tal vez no es el tiempo el que pasa, sino que los estados del universo están todos “ahí”.

Esta idea resulta especialmente interesante, como otras que los estudiosos barajan, porque si en este momento tuviéramos que extraer una conclusión honesta, diríamos que nadie sabe aún qué es realmente el tiempo. Tal vez no fluye. Tal vez no pasa. Tal vez solo sea la forma en que los seres que cambiamos interpretamos el universo. En definitiva: tal vez el tiempo no pasa; tal vez solo aprendimos a contar cómo cambiamos.

Nuestra lectura nos ha empujado hacia una reflexión que quizá no esté bien resuelta, pero que al menos nos acerca a una pregunta eterna, aquella de la que se han ocupado otras mentes privilegiadas. Probablemente, el tiempo sea el tema más pensado de toda la filosofía.

Sirva solo como muestra:

Aristóteles sostenía que el tiempo no existe por sí mismo, sino que es una medida del cambio. Si nada cambiara, no habría tiempo.

San Agustín afirmaba que el tiempo está en nosotros. El pasado ya no existe, el futuro aún no existe y el presente se escapa constantemente. De ahí su célebre pregunta: “¿Qué es el tiempo?” Y su conclusión: el tiempo vive en la memoria (pasado), la atención (presente) y la expectativa (futuro).

En la Edad Moderna, Kant dio un giro decisivo: el tiempo no es algo del mundo, sino la forma en que nuestra mente organiza la experiencia. No percibimos las cosas tal como son, sino en el tiempo, porque así funciona nuestro entendimiento.

Más adelante, Heidegger llevó la reflexión a un plano existencial: el tiempo no es un reloj, es la forma misma en que existimos. No estamos en el tiempo; somos temporales. De nuevo, no pasa el tiempo: pasamos nosotros.

Mi reflexión, sin embargo, no encuentra una salida clara. Y quizá sea porque es muy posible que vivamos en el interior del tiempo. ¿Cómo pensar fuera de él? Todo lo que construimos tiene un antes y un después, una causa y una consecuencia. Todo empieza y termina. Por eso, cualquier teoría —religiosa o científica— acaba utilizando el tiempo, aunque no quiera.

Cuando decimos que Dios creó el mundo, ya hay un antes (Dios) y un después (el mundo).
Cuando la ciencia habla de una gran explosión, habla de comienzo, de evolución, de historia del universo. Y enseguida preguntamos: ¿qué había antes? Aunque quizá la pregunta no tenga sentido, nuestra mente insiste en formularla.

Miro el móvil: han transcurrido quince minutos. Un paisaje excelente, un lugar encantador, un pensamiento placentero… un recuerdo para siempre. Porque tal vez no podamos pensar fuera del tiempo, porque pensar es una forma de estar en él.

 Después de leer el artículo, me gustaría saber qué piensas.

Si tuvieras que elegir una sola frase, ¿cuál se acerca más a tu forma de ver el tiempo?

a) El tiempo pasa y nosotros lo vivimos.

b) El tiempo no pasa, pasamos nosotros.

c) Vivimos dentro del tiempo y medimos el cambio.

Puedes escribir en comentario: opción … y la letra, o en Facebook en Así lo cuento, pulsando la opción deseada. La encuesta estará activa cinco días.


Como cierre, recojo los resultados de la encuesta que acompañó al artículo durante sus primeros cinco días de publicación.


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Hasta la fecha, el artículo ha sido visitado por 123 personas en el blog, de las cuales aproximadamente una cuarta parte ha mostrado explícitamente su postura. No obstante, la opción “el tiempo no pasa, pasamos nosotros” resultó ampliamente mayoritaria, lo que sugiere una concepción del tiempo más subjetiva y experiencial. La participación, además, generó numerosos comentarios cualitativos, lo que hizo de la experiencia un ejercicio especialmente enriquecedor.

Comentarios

  1. El tiempo es una unidad de medir , como es el metro, el kilo , el litro, el amperio, etc,etc,etc .
    Nosotros, las personas, nacemos, vivimos y morimos. Pero en ése trayecto, en ése viaje que es la vida, dejamos la huella en el trabajo que hayamos realizado , dejamos amigos por dónde hemos pasado, tenemos nuestros familiares que se recordarán de nosotros, y por supuesto, nuestra propia familia , la familia que hemos formado (hijos , nietos)que son los que continuarán con ésa huella y dejar las suyas propias .¡ Nosotros no pasamos! Vivimos la vida , cada uno a su manera.
    La más parecida a cómo pienso. La A.
    Felicidades. Gran trabajo.

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  2. Yo creo que el tiempo no pasa, no existe, somos nosotros, es nuestro paseo por la vida. La vida si existe, desde mi comienzo hasta mi final, si a eso le quiero llamar tiempo....pero no, eso es mi vida. Opción b

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  3. Los bancos del mirador me inspiran , me ofrecen paz , confianza , descanso . Hay otros bancos que más bien todo lo contrario . Querido San Agustín , a veces me digo si no gusta , ni agrada , mejor apartarte . Claro que con el tiempo es imposible . Debo aceptar el que me toca . Pero , permitidme la pregunta, os pasma el tiempo ? ese que , cuanto menos tengo más paso de él . Pasamos horas pendientes de los relojes , el biológico, el de las iglesias , el de la muñeca , el de ...Se me vienen al caletre los blandos y soñados durante una siesta por el "divino" Salvador Dalí . Un tiempo como de plastilina , maleable , deforme , apoyado sobre un paralelepípedo . La ciencia apunta hoy hacia un posible pre-bigbang . Mientras buscan la prueba , nosotros , simples mortales , a lo nuestro . ( Me pito TIEMPO ) Necesito un respiro ...
    Continuó y acabo, con vosotros y conmigo . Pasamos , aceptándolo tal como viene , por él y él , amablemente , nos pasa por alto ?

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  4. Pepe, al igual q tu pienso q el tiempo pasa y nosotros lo vivimos!!!

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  5. Me quedo con la opción a

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