Ir al contenido principal

La Clepsidra: rastros del tiempo en el Campo de Gibraltar

 

La Clepsidra: rastros del tiempo en el Campo de Gibraltar


Noria de los Baños Meriníes en el Parque María Cristina (Algeciras): reproducción de la noria hidráulica que antiguamente abastecía los baños andalusíes, junto a las ruinas de las murallas meriníes.

Hay una tendencia a pensar que nuestras ideas y dedicación son únicas, y que solo merece la pena prestar atención a una iniciativa; esa percepción empuja a soñar y a utilizar recursos para su ejecución, convencidos de que el mundo se mueve dentro de los parámetros de esos temas reducidos y limitados, a veces suspendidos en el aire y cogidos con pinzas.

Dentro de nuestra variada temática, dedicamos recientemente un escrito sobre el tiempo, cuyo interés entre nuestros lectores quedó registrado en los datos que dimos a conocer. Hoy, también vamos a hablar del tiempo; pero continúen leyendo porque no estoy poseído por la necedad, como aquel habitante de Argos que estaba tan loco que había pasado todo el santo día en el teatro contemplando solo, riendo, aplaudiendo y divirtiéndose, porque creía ver representar comedias admirables, aunque en el escenario no había nada…, les voy a hablar del tiempo, de esa antigua preocupación del ser humano por medir su paso.

En este contexto, los sistemas ideados con el propósito de controlarlo se han sucedido y perfeccionado, haciéndolos cada vez más eficaces y precisos, siendo fácil recordar los mecanismos de estos relojes, al ser de uso generalizado: el de sol, el de arena, el mecánico, analógico, digital, kinetic o de movimiento con cuarzo, atómico y el de agua.

Son sistemas de medición del tiempo que todos hemos conocido o, al menos, oído mencionar; incluso el reloj de sol, que a pesar de su antigüedad, sigue existiendo como ornato en calles y plazas de algunas ciudades, adoptando una nueva presentación más contemporánea, como en La Línea de la Concepción. Sin embargo, me llama la atención el reloj de agua, por su antigüedad y ser menos frecuente su instalación.

La clepsidra, como se la conocía en la antigüedad, fue utilizada ya en el antiguo Egipto y perfeccionada posteriormente por griegos y romanos; funcionaba mediante el flujo constante de agua entre recipientes, siendo ideal para la noche o los espacios interiores. Su uso no se ceñía a marcar las horas, sino que funcionaban como temporizadores, similares a cronómetros en tribunales y campañas militares.

Los primeros relojes de agua consistían en una vasija de cerámica que contenía agua hasta cierto nivel, con un orificio en la base de un tamaño adecuado para asegurar la salida del líquido a una velocidad determinada y, por lo tanto, en un tiempo prefijado. El recipiente disponía en su interior de varias marcas, de tal manera que el nivel de agua indicaba los diferentes períodos, tanto diurnos como nocturnos.

El uso de los relojes de agua no se limitó a una mera curiosidad técnica.

En Atenas servían para regular el tiempo concedido a los oradores, y en Roma cumplieron la misma función en los tribunales, además de señalar las guardias nocturnas en las campañas militares o marcar la duración de las carreras en el Circo Máximo. Durante siglos, con ligeras modificaciones, el reloj de agua fue el sistema más fiable para medir el tiempo cuando el sol no podía hacerlo.

Aunque el hombre aprendió pronto a leer el paso de las horas en la sombra proyectada por una vara —origen del reloj de sol—, la noche y los días nublados obligaron a buscar soluciones alternativas. Así surgió la clepsidra, ya utilizada en Egipto y Babilonia antes del 1500 a. C., siendo una de las más antiguas conservadas la egipcia datada hacia el 1380 a. C.

La ciencia griega llevó estos ingenios un paso más allá. Aparecieron modelos más precisos, como los de agua entrante con flotador, atribuidos por Vitrubio a Ctesibio, que permitían un control más regular del paso del tiempo. Algunos de estos relojes incorporaron varillas, indicadores móviles y, con el tiempo, autómatas que convertían la medición de las horas en un pequeño espectáculo.

En el Imperio bizantino, los relojes de agua llegaron a ser de uso público. Famoso fue el de Gaza, construido a comienzos del siglo VI: un edificio en una plaza donde figuras mitológicas, luces, puertas y animales mecánicos señalaban las horas tanto de día como de noche, demostrando que el tiempo también podía representarse.

Esta tradición alcanzó un notable desarrollo en el mundo islámico medieval. En Al-Ándalus, ingenieros como Al-Zarqali construyeron grandes relojes de agua en Toledo, capaces incluso de relacionar el paso del tiempo con las fases de la luna. Durante siglos, estos ingenios no solo midieron las horas, sino que reflejaron el ingenio humano en su empeño por comprender y dominar algo tan abstracto como el tiempo.

Me pregunto si, en nuestra comarca, podría encontrarse algún resto de una clepsidra, dado el tiempo que los árabes habitaron la zona. Aunque este ingenio no era exclusivo de ellos, es fascinante pensar que, hace siglos, podrían haber existido relojes de agua que marcaban las horas, las guardias nocturnas o incluso los tiempos de oración, aquí mismo, sobre este mismo suelo.

 Y quizá, sin necesidad de buscar un reloj de agua en sentido estricto, baste con observar algunos ingenios hidráulicos que aún hoy forman parte de nuestro paisaje. La noria instalada en el parque María Cristina, copia de una medieval y situada junto a las ruinas meriníes, invita a la reflexión: ¿y si además de elevar el agua para los baños o el riego, hubiera incorporado en su origen algún dispositivo sencillo para marcar el paso de las horas? En una sociedad que ya sabía medir el tiempo incluso cuando el sol no lo permitía, no resulta una idea descabellada imaginarlo.


Comentarios

  1. Quizá no sería descabellado imaginar, a modo de homenaje, la instalación de una clepsidra simbólica en algún espacio de la Villa de Los Barrios. Si en La Línea el sol marca las horas y en Algeciras el agua sigue elevándose con la noria, ¿por qué no completar ese pequeño mapa del tiempo en nuestra comarca con un reloj de agua que recuerde cómo, durante siglos, el ser humano aprendió a medirlo incluso en la oscuridad?

    ResponderEliminar
  2. Es muy interesante. Conocía el reloj de sol. Gracias.

    ResponderEliminar
  3. Tu tendencia de divulgador estimula el saber.

    ResponderEliminar
  4. Curioso el tema del reloj del agua...tenía conocimiento del reloj del sol y el del palo clavado en el suelo...pero este del agua no.
    Estaría bien como tú bien dices Santiago...que se pudiera poner uno como homenaje a aquellos tiempos en cualquier plazuela.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Más que pasteles: La historia de un lugar en el corazón de un pueblo

  Más que pasteles: La historia de un lugar en el corazón de un pueblo Deseo hablar de un gran negocio, de unos grandes profesionales, con una historia y trayectoria impecable. Han sido entrevistados innumerables veces y premiados otras tantas, son de fama reconocida y visitados desde toda la comarca. Sin embargo, continúo sintiendo la inquietud por contar, pero desconozco el qué. Dudo, como el niño que se aproxima a la vitrina y tiene que elegir uno de los dulces... Se siente observado por los adultos, y algo parecido experimento yo: un jubilado con su blog, una cámara de fotos al hombro, como si se tratara de un juego, un extraño entorpeciendo el desarrollo de un negocio. Pero observo. Observo a los clientes que esperan con paciencia en la fila, algunos charlan, otros miran con expectación las bandejas repletas de dulces. Es un ir y venir constante. Al principio, solo dos dependientes atienden con profesionalidad y calma. De pronto, son cinco. La cola se disuelve como por arte...

Balona: crónica de una tristeza anunciada

  Balona: crónica de una tristeza anunciada Gradas Estadio Municipal de La Línea Reconozco que el fútbol no me interesa más que en su aspecto histórico, algo de su aspecto deportivo y mucho de su influencia social. Por eso, quizá este escrito solo interesará a los menos. A aquellos que saben ver en un equipo de fútbol algo más que resultados. Y que saben también que perder partidos no siempre es lo más doloroso. A veces, lo que realmente duele es ver cómo se apaga el vínculo entre un club y su gente. En estos días, y especialmente después de la derrota en casa frente al Jerez, he conversado con personas que entienden de fútbol. Gente que ha seguido durante años a la Real Balompédica Linense, que ha vivido alegrías y frustraciones, y que ahora —dolorosamente— baja los brazos. Lo que me cuentan es desolador: que los jugadores, salvo un par de excepciones, no tienen el nivel; que han pasado tres entrenadores, lo que ya no permite culpar solo al banquillo; que el juego es tan pobre q...

La Línea: entre comercio y ocio

  La Línea: entre comercio y ocio El conflicto en torno al Mercado de Abastos de La Línea va más allá de tasas o metros cuadrados: refleja la encrucijada entre dos modelos de ciudad muy distintos. Un edificio necesario de rehabilitar He seguido con atención la trayectoria del mercado, no desde que comenzaron las obras de rehabilitación, sino mucho antes, casi desde sus comienzos. Históricamente parece que nació no con muy buenos signos, pero no me quiero desviar. Lo cierto es que, durante los años que lo conocí, no era un edificio que prestara unas condiciones adecuadas para el desarrollo de esas actividades. Su rehabilitación, por tanto, era una cuestión indiscutible. Dos razones enfrentadas Los acontecimientos posteriores, después de actualizar y revisar la información disponible, declaraciones escuchadas y publicadas, me llevan a pensar que las dos representaciones en litigio tienen razón. Cada una, con sus argumentos, expone verdades, y precisamente por eso se hace tan di...