Eucaliptos en mi infancia y su historia en Cádiz
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| Eucalipto camaldulensis. Situado en la Rotonda del Toro, quizás el ejemplar más grande del casco urbano de Los Barrios |
Mis primeros años en este mundo estuvieron marcados por una especial cercanía con la flora y, muy especialmente, con los eucaliptos. Al poco tiempo, estos árboles poblaron un monte rocoso colindante con mi barriada, de la que ya les he hablado, y pasaron a formar parte inseparable de nuestro paisaje cotidiano.
Crecieron a la vez que nosotros y, como ocurre con las personas, no todos lo hicieron del mismo modo: unos eran más débiles, otros más robustos; muchos desarrollaban largas ramas, otros las mantenían cortas, hasta que alcanzaron una considerable altura. Muy pocos se quedaron en el camino.
Fueron testigos y cómplices de nuestros juegos: fútbol, escondite, guerrillas, pistoleros e indios. Incluso nos prestaban sus semillas, que utilizábamos como proyectiles en improvisados “cañones” de aire comprimido, lanzados con los pulmones a través de canutos de caña, mientras nos ocultábamos tras sus troncos.
Hoy recuerdo con entrañable cariño el olor que desprendían los días de lluvia, el repique de sus hojas con el viento o el reflejo del sol sobre ellas según la posición. Nos dieron sombra y cobijo en los veranos calurosos; nos acompañaron en nuestra soledad buscada, convirtiéndose en refugio y manto de lo que para nosotros era un inmenso bosque.
Aquel árbol había llegado a nuestras vidas para quedarse, y lo respetábamos profundamente. Como si fueran nuestros, como si los hubiéramos sembrado nosotros mismos. Nunca vi a ninguno de aquellos niños dañar deliberadamente a uno solo de ellos; quizá alguna ramita rota, pero nada más.
Con el paso de los años supe que aquellos árboles no eran autóctonos de España y que procedían de Australia. Para entonces, ya circulaban discursos que les atribuían múltiples efectos negativos, lo que despertó en mí un interés creciente por conocer sus antecedentes, su llegada y las razones de su expansión. Para comprender este fenómeno, conviene detenerse brevemente en su historia.
Las referencias históricas que siguen proceden fundamentalmente de los trabajos de Francisco Javier Silva-Pando, Jefe del Departamento de Ecosistemas Forestales del Centro de Investigación Forestal de Lourizán, una de las voces más autorizadas en el estudio del eucalipto en la península ibérica.
El eucalipto fue introducido en Europa entre 1771 y 1774, inicialmente en jardines botánicos y viveros de Inglaterra e Italia. Uno de los primeros ejemplares plantados al aire libre fue un Eucalyptus robusta, establecido en 1792 en el jardín inglés del Palacio Real de Caserta (Nápoles), probablemente a partir de semillas enviadas desde Australia por Joseph Banks.
A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, distintas especies comenzaron a cultivarse en jardines botánicos de Francia, Italia y Alemania. En España, las primeras semillas documentadas llegaron al Jardín Botánico de Madrid en 1797, aunque sin identificación precisa de especie.
La llegada del eucalipto a la península ibérica se consolidó primero en Portugal, en 1829, y posteriormente en España a partir de la mitad del siglo XIX. Destacan las plantaciones de Eucalyptus globulus realizadas en Cantabria en 1863 y en Galicia en 1865, con crecimientos tan rápidos que llamaron poderosamente la atención de la época.
En aquellos años, el eucalipto fue valorado no solo por su porte y velocidad de crecimiento, sino también por un supuesto carácter “medicinal”, vinculado a la lucha contra la malaria en zonas húmedas. Con el tiempo se comprobó que este efecto se debía, en gran medida, a la reducción de la humedad edáfica y de los ambientes propicios para el mosquito transmisor.
A partir de la década de 1870, su cultivo se expandió de forma notable en Portugal y España, impulsado tanto por la administración forestal como por propietarios privados y comunidades locales, con el objetivo de mejorar montes degradados y atender la creciente demanda de madera.
Sin embargo, pese a la abundancia de estudios sobre la introducción del eucalipto en el norte peninsular y en determinadas zonas mediterráneas, sorprende el silencio casi absoluto respecto a su llegada a la provincia de Cádiz. Ninguna de las referencias habituales menciona este territorio de forma explícita, lo que ha llevado a asumir, erróneamente, que su introducción fue tardía o irrelevante.
La existencia de un interés institucional temprano por el eucalipto en la provincia de Cádiz queda documentada en las Actas de la Diputación Provincial. En la sesión celebrada el día 30 de octubre de 1867, se trató formalmente la adquisición de semillas de Eucalyptus globulus, a raíz de una comunicación presentada por don Estanislao Malinge, en la que se destacaban las ventajas de la propagación en España de esta especie arbórea, recientemente introducida desde Australia.
En dicha sesión, la Diputación no solo aceptó el ofrecimiento inicial de semillas, sino que acordó la compra de una cantidad adicional, fijando su coste y disponiendo su distribución posterior en distintos puntos de la provincia, con la intervención del Excmo. Sr. Gobernador civil. Este acuerdo refleja una voluntad expresa de aclimatación y difusión de la especie, más allá de una mera experiencia aislada.
Aunque el expediente cuantifica la adquisición de semillas en gramos, resulta útil traducir esta magnitud a un lenguaje más comprensible. En el caso del Eucalyptus globulus, un gramo de semilla contiene, de forma aproximada, entre 600 y 800 unidades. Tomando un valor medio prudente, los 300 gramos adquiridos por la Diputación de Cádiz podrían equivaler a unas 200.000 semillas.
Incluso aplicando tasas de germinación y supervivencia muy conservadoras, acordes con las técnicas de vivero del siglo XIX, esta cantidad habría permitido obtener varios miles de plantones viables, potencialmente del orden de diez a veinte mil ejemplares. Esta cifra da idea de la escala real de la operación y del interés institucional que despertó la propagación del eucalipto en la provincia.
La continuidad del proyecto de repoblación (1883–1888)
Lejos de tratarse de una iniciativa puntual, la documentación posterior confirma que el interés por el eucalipto en la provincia de Cádiz se mantuvo activo durante las décadas siguientes. Las Actas de la Diputación Provincial recogen, al menos desde 1883, nuevas propuestas orientadas a la adquisición y distribución sistemática de semillas de Eucalyptus globulus entre los pueblos de la provincia.
En ese año, la Comisión de Fomento estudió una oferta presentada por don Aurelio Gali y Lazareta, vecino de Sevilla, para el suministro de semillas destinadas a plantaciones municipales. En el dictamen emitido se subrayan explícitamente las ventajas económicas, forestales e higiénicas del eucalipto, así como su capacidad para dotar a los campos de un nuevo elemento de riqueza, en línea con diversas Reales Órdenes dictadas por el Ministerio de Fomento para impulsar el arbolado en los términos municipales.
Aunque en un primer momento la Diputación aplazó la decisión definitiva a la espera de condiciones económicas concretas y de la consulta a los ayuntamientos interesados, el proyecto siguió avanzando. Así, en la sesión celebrada el 14 de mayo de 1884, se aprobó la adquisición de semilla suficiente para la plantación de 173.400 eucaliptos, con un reparto estimado de 3.855 ejemplares por cada pueblo de la provincia, destinándose a ello una cantidad total de 750 pesetas.
La reiteración de solicitudes en años posteriores, como la registrada el 3 de septiembre de 1888, confirma que la Diputación Provincial de Cádiz mantuvo durante al menos dos décadas una política activa de fomento del eucalipto, entendiendo este árbol como recurso forestal, económico y sanitario, y promoviendo su implantación a escala provincial.
Las referencias documentales citadas proceden de las Actas de la Diputación Provincial de Cádiz, conservadas en el archivo correspondiente.
Cada vez que vea un eucalipto en Los Barrios, en La Línea o en cualquier otro rincón donde ya forman parte del paisaje, recordaré que parte de mis preguntas han encontrado respuesta. Soy consciente de que la gran política forestal en España se desarrolló especialmente a partir de la década de 1940, en un contexto histórico muy distinto, que no ha sido objeto de este trabajo. No son solo árboles: son testigos de nuestra infancia, de la historia que trajeron consigo y del tiempo que sigue pasando entre sus hojas.

He disfrutado escribiendo este artículo como con pocos otros. La mezcla de recuerdos personales y la aportación historiográfica me ha llevado a pensar que puede ser un buen trabajo. Recordar aquellos momentos felices, teniendo muy poco o quizá mucho —porque tenía la naturaleza y a mis amigos cerca— significa más de lo que a veces creemos. Ellos lo entenderán, incluso recordarán el sabor de las semillas de eucaliptus dispuestas como proyectiles para lanzarlas con el canuto.
ResponderEliminarQuizá mantenga más dudas en la parte histórica, donde a menudo casi nada parece merecer importancia; pero precisamente por eso considero necesario detenerse en estos pequeños hechos, en estas decisiones administrativas olvidadas, que también forman parte de nuestra historia.
Bonito escrito, te mereces todo lo mejor amigo, 👍 un abrazo
ResponderEliminarGracias, amigo Paquito.
EliminarQue artículo más ameno y que de recuerdos me trae...y que curioso se como se trajeron a la península.
ResponderEliminarMe recuerda a las guerrillas que formábamos los chiquillos con unos canutos de los plumeros de las cañas berales que nos servían de cañón y las semillas del eucalipto llamados por estas tierras "trompitos" que hacían las veces de balas y que algunas veces salían con muy malas ideas.
Recuerdo también que las hojas del eucalipto las ponían a hervir en un caldero y con una toalla por la cabeza aspirábamos el vapor mentolado y nos descongestionan las vías respiratorias debido a los resfriados.
Estos árboles se encuentran por toda la zona...en la Avenida María Guerrero o carretera del cementerio como le solíamos llamar aquí en La Línea a ambos lados de la carretera todo eran eucaliptos...en algunas zonas estos árboles se encontraban sembrados en perfectos cuadrados...el que más me llamó la atención recuerdo que los que estaban en el Cortijo de Carrasco.
Otra cosa que siempre observé era que donde había o hay eucaliptos no crece la maleza...estos árboles son las debilidades de los gorriones para hacer sus nidos...otros pájaros como el Lugano les gusta comer sus semillas.
Buen artículo Santiago mi enhorabuena
Gracias, Eduardo. Hablamos del mismo cañón; qué satisfacción el tirar de ese plumero, y observar que el tubito era perfecto para nuestros propósitos. Poner una lata y a cierta distancia disparar, previamente cargar los bolsillos con los chorlitos, así le llamábamos nosotros.
EliminarQué natural suena todo con esas palabras tan sentidas. La parte histórica también es excelente, no sabía de esos detalles ni lo había escuchado nunca. Gracias.
ResponderEliminarMuchas gracias. Me alegra conocer tu opinión sobre la parte histórica; he podido constatar —incluso en algunas publicaciones— que se desconocía el momento en que llegó a Cádiz y su provincia.
EliminarQué interesante el artículo,no sabía que este árbol tan conocido en nuestra tierra, viniese de tan lejos.La verdad, que el eucalipto es un árbol muy beneficioso, de sus semillas se han beneficiado las boticas y las curas caseras ...hace muchísimo tiempo. Y como tan bonito lo escribes, ha servido para las batallas de los niños en sus juegos ....antes con la imaginación podías ser un vencedor o vencido.,..
ResponderEliminarSegún te tocara ese día.
Así es, los niños de mi barriada nos divertíamos mucho en aquel monte poblado de eucaliptos; y, efectivamente, a pesar de la mala fama, también se utilizaba con numerosos beneficios.
EliminarGracias por enviarme este gran trabajo documental y de recuerdos imborrables. Un abrazo
ResponderEliminarA ti por leer, es un placer poder hacerlo. Un abrazo
EliminarLo he leído y es maravilloso recordar aquella infancia. Enhorabuena Chippi. Muchas gracias.
ResponderEliminarMi padre era el encargado de las canteras de piedra junto a los eucaliptus, recuerdo que tenía una caseta hecha de piedras y el techo de chapa. Allí guadarba las herramientas de la cantera. Incluso creo que guardaba los barrenos. Cuando los explosionaba las piedras llegaban a las casa. Que bonitos recuerdos.
ResponderEliminarEs verdad, yo era muy pequeño, pero en aquella caseta se reunían: Manolo Guerra (tu padre); mi padre, Manolo Chippirraz; Juan Maeso (el churrero) y a veces Antonio Benama, sobre todo en la temporada de caza, porque rellenaban los cartuchos y hacían bolitas de plomo. Recuerdo el proceso completo: veo el plomo fundido y como lo vierten en una especie de criba pequeña y alargada con un mango de madera, parecido a una guitarra, ese mango plano está escalonado y pasan una maderita hacia arriba y abajo y el plomo cae en un cubo con agua convertido en bolitas, con los que llenan en parte los cartuchos de cartón. En estos momentos, puedo verme coger con las manos el plomo, aún está caliente, pero no quema y pesa. Uf, esto emociona.
EliminarSanti. Tus trabajos de investigación documental,son como tesis doctorales, te instruyen y te hablan de cosas que ni te imaginas que hayan existido.
ResponderEliminarPero a mí, lo que me emociona, son los recuerdos que nos traen a flor de piel. Recuerdos que parecen que los tenemos olvidados, pero con solo mover unas ramas ( de eucalipto ) brotan como un manantial de agua fresca ( recuerdos de nuestra niñez) . Un día de estos, te contaré lo que representa para mí ,esos montes de eucalipto de nuestra Barriada.
Muchas gracias, Pepe, por los elogios. Siempre estaré encantado de escucharte y de compartir nuestros recuerdos.
EliminarMuy interesante la aportación documental de las semillas en Cádiz, algo que nos incumbe directamente, pues recordemos que Ceuta dependió de Cádiz administrativamente. Qué suerte de poder gozar de datos tan fidedignos y recuerdos tan precisos. Un abrazo, amigo Santi.
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