Ir al contenido principal

La Danza de las gotas

 

La Danza de las gotas


Tomada por el autor. Unos centímetros cuadrados que me atraen por su humilde sencillez.



La lluvia regresa después de unos meses de reposo; se asoma con desparpajo, como quien vuelve a casa después de unas vacaciones. La acompaña y precede alguna racha de viento, no muy intensa, pero lo suficiente para anunciar su presencia.

Camino y, en un instante, el sol desaparece, el cielo se cubre de tonos grises y mi cabeza descubierta nota una vez más una sensación fría. Esta, por un instante, es tenue, pero pronto aumenta. Una mirada hacia arriba me permite ver cómo unas diminutas gotas descienden sin prisas hasta alcanzar el suelo. Algunas impactan sobre la piel de mi cara, produciéndome pequeños pellizquitos que me hacen pensar en un juego. Permanezco así un momento, en un gesto casi juvenil, como si quisiera responder a ese intento de comunicación con la naturaleza, hasta que un acto reflejo me obliga a cerrar los ojos y mirar hacia otro lado.

Al principio, la tierra las recibe con suavidad, como si explorara su regreso después de la ausencia. Pero pronto, la danza se intensifica. Miles, millones de gotas caen en una coreografía sin partitura, rebotando en hojas, en charcos incipientes, en las piedras que bordean el camino. El sonido es hipnótico, una sinfonía improvisada donde cada superficie aporta su nota. Hay un ritmo, una cadencia, un lenguaje que sólo se comprende si uno se detiene a escuchar. Y arriba, la cortina de agua dibuja líneas casi transparentes.

El agua resbala por las hojas verdes con delicadeza, juega con ellas, se desliza como dedos acariciando un piano y a veces las balancea suavemente, como si danzaran. Las gotas se agrupan, se separan, corren entre sí formando pequeños hilos efímeros que, en cuestión de segundos, caen al suelo. Todo a su alrededor parece renovarse, como si la naturaleza recuperara su alegría después de tanto tiempo sin acudir.

Los charcos comienzan a formarse, espejos temporales que reflejan un cielo en movimiento, nubes fragmentadas y ramas que parecen querer asomarse a su propio reflejo. Algunas gotas saltan al impactar, formando ondas concéntricas que duran apenas unos segundos antes de desvanecerse. Los colores del suelo cambian, las piedras brillan, y la humedad intensifica los olores a tierra, a vida, a memoria. Poco a poco se forman regueros de agua que comienzan a caminar buscando el mar, y a ellos se van sumando canalillos naturales, engrosando el camino.

Ninguna idea ni mano humana ha previsto u organizado nada de lo acontecido; sin embargo, estas escenas se repiten desde hace millones de años. Con el tiempo, sirvieron a otros como medio de interpretación para sembrar, recolectar, almacenar. Aquellos hombres aprendieron el lenguaje universal, el lenguaje del Creador, un idioma que todos entendíamos en cualquier rincón del planeta y que incluso valdría más allá de él. Una comunicación que muchos han olvidado.

Mientras tanto, bajo la superficie, las hormigas vigilan. Son pequeñas centinelas que analizan el agua con la certeza de que, cuando esta se retire, su labor será determinante: fortalecer el refugio, reorganizar los caminos, asegurarse de que todo esté listo para la próxima lluvia. ¿Qué pensarán ellas? ¿Cómo interpretarán este cambio después de tantos años de sequía? ¿Será para ellas un respiro o un desafío? ¿Se rompió el ciclo el año pasado con aquellas intensas lluvias?
Quién sabe: quizá algún día descubramos que alguna de las criaturas más insignificantes a nuestros ojos posee respuestas que nosotros aún desconocemos.

Y yo sigo caminando, sintiendo la lluvia en la piel, escuchando su lenguaje, dejando que el mundo me hable a través de cada gota. Porque hoy la naturaleza ha ganado un instante de esperanza, y yo tengo el privilegio de presenciarlo.


Comentarios

  1. Todos (o Casi todos) hemos visto y oído ése fenómeno de la Naturaleza, que es la lluvia. Pero pocos somos capaces de describirla como tú.
    Bonito artículo, que invita a leerlo varias veces. Felicidades y enhorabuena. Un abrazo.
    Ahh!! Esto no es ecosistemas, ésto es Literatura!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, amigo Pepe. Digamos que es una descripción de una de las manifestaciones de la naturaleza, contada por un observador que sueña con un mundo mejor. Cada año experimento todas esas sensaciones que reseño. ¿Recuerdas cuándo llovía en la barriada del Príncipe Alfonso? El agua bajaba por las escalerillas como si fuese una catarata, mientras nuestras manos inocentes moldeaban trozos de barro de varios colores: amarillentos, anaranjados, marrones. Qué recuerdos tan maravillosos.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Más que pasteles: La historia de un lugar en el corazón de un pueblo

  Más que pasteles: La historia de un lugar en el corazón de un pueblo Deseo hablar de un gran negocio, de unos grandes profesionales, con una historia y trayectoria impecable. Han sido entrevistados innumerables veces y premiados otras tantas, son de fama reconocida y visitados desde toda la comarca. Sin embargo, continúo sintiendo la inquietud por contar, pero desconozco el qué. Dudo, como el niño que se aproxima a la vitrina y tiene que elegir uno de los dulces... Se siente observado por los adultos, y algo parecido experimento yo: un jubilado con su blog, una cámara de fotos al hombro, como si se tratara de un juego, un extraño entorpeciendo el desarrollo de un negocio. Pero observo. Observo a los clientes que esperan con paciencia en la fila, algunos charlan, otros miran con expectación las bandejas repletas de dulces. Es un ir y venir constante. Al principio, solo dos dependientes atienden con profesionalidad y calma. De pronto, son cinco. La cola se disuelve como por arte...

Balona: crónica de una tristeza anunciada

  Balona: crónica de una tristeza anunciada Gradas Estadio Municipal de La Línea Reconozco que el fútbol no me interesa más que en su aspecto histórico, algo de su aspecto deportivo y mucho de su influencia social. Por eso, quizá este escrito solo interesará a los menos. A aquellos que saben ver en un equipo de fútbol algo más que resultados. Y que saben también que perder partidos no siempre es lo más doloroso. A veces, lo que realmente duele es ver cómo se apaga el vínculo entre un club y su gente. En estos días, y especialmente después de la derrota en casa frente al Jerez, he conversado con personas que entienden de fútbol. Gente que ha seguido durante años a la Real Balompédica Linense, que ha vivido alegrías y frustraciones, y que ahora —dolorosamente— baja los brazos. Lo que me cuentan es desolador: que los jugadores, salvo un par de excepciones, no tienen el nivel; que han pasado tres entrenadores, lo que ya no permite culpar solo al banquillo; que el juego es tan pobre q...

La Línea: entre comercio y ocio

  La Línea: entre comercio y ocio El conflicto en torno al Mercado de Abastos de La Línea va más allá de tasas o metros cuadrados: refleja la encrucijada entre dos modelos de ciudad muy distintos. Un edificio necesario de rehabilitar He seguido con atención la trayectoria del mercado, no desde que comenzaron las obras de rehabilitación, sino mucho antes, casi desde sus comienzos. Históricamente parece que nació no con muy buenos signos, pero no me quiero desviar. Lo cierto es que, durante los años que lo conocí, no era un edificio que prestara unas condiciones adecuadas para el desarrollo de esas actividades. Su rehabilitación, por tanto, era una cuestión indiscutible. Dos razones enfrentadas Los acontecimientos posteriores, después de actualizar y revisar la información disponible, declaraciones escuchadas y publicadas, me llevan a pensar que las dos representaciones en litigio tienen razón. Cada una, con sus argumentos, expone verdades, y precisamente por eso se hace tan di...