Crónica: El Autosafari Andaluz, Entre el Esplendor y el Olvido
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| Cortesía de Paco Santos. Cartel inauguración año 1972 |
Quiero agradecer a mi amigo Paco Santos, quien me proporcionó la valiosa crónica del diario Área y el cartel de inauguración del Autosafari Andaluz, que me han permitido revivir esta fascinante historia. Contemplo ante mí un paisaje especialmente bello, que no llegué a pisar en sus momentos de esplendor, a pesar de circular por sus cercanías para acudir a mi trabajo en Rápalo, situado al otro lado de la carretera nacional. Ahora, sin embargo, acudo con cierta frecuencia al lugar donde estuvo enclavado el Autosafari Andaluz y contemplo su grandeza. Me separa una simple valla de alambre y una puerta de fácil acceso, pero no me decido; miro a mi izquierda una enorme laguna de agua y comienzo a caminar por un sendero que me transporta hacia el paraíso, con una tupida arboleda y estampas de una naturaleza asombrosa.
Hace más de 50 años, este lugar vibraba con vida salvaje, en el término municipal de San Roque, en la finca Los Charcones de La Alcaidesa. Animales tan exóticos como monos, cebras, rinocerontes, elefantes y leones campaban a sus anchas, mientras los visitantes, montados en jeeps, recorrían el terreno como si estuvieran en pleno corazón de África. La experiencia de un safari sin salir de Andalucía era, sin duda, una de las grandes atracciones turísticas de la época, atrayendo a familias y aventureros de toda la provincia.
El proyecto fue una gran apuesta, impulsada por la empresa Autosafari Ruhe y la sociedad Alcaide S.A., que invirtieron más de 125 millones de pesetas en crear el primer safari de la península. Desde su inauguración en 1972, el Autosafari Andaluz ofreció una experiencia que combinaba la observación de la fauna y el contacto directo con algunas especies, lo que fascinaba tanto a adultos como a niños que visitaban el parque con sus colegios. Se hablaba de grandes perspectivas para el turismo en la región del Campo de Gibraltar, y aunque el autosafari fue un revulsivo para la zona, no estuvo exento de polémicas y dificultades.
No todo fue idílico en este exótico parque. Algunos accidentes empañaron su historia, como el triste episodio en el que una niña perdió un dedo al acercarse demasiado a un mono. Además, el clima, que por entonces era más frío, provocó la muerte de muchos animales que no lograron adaptarse a la comarca. Rinocerontes, jirafas, avestruces y hasta leones formaban parte de este increíble compendio de fauna africana, aunque con el paso de los años, el esplendor del Autosafari Andaluz fue apagándose.
En 1982, el parque cerró sus puertas y muchos de sus animales fueron trasladados a zoológicos en las Islas Baleares y otros centros de España. Sin embargo, no todos se fueron: un grupo de babuinos escapó y permaneció en los alrededores de La Alcaidesa, donde, durante más de una década, lograron sobrevivir y hasta prosperar, formando colonias que fueron un auténtico quebradero de cabeza para las autoridades locales. Aunque algunos ecologistas como Miguel Duarte defendían su adaptación al entorno, en los años 90 se procedió a la captura de los últimos monos, terminando así con el último vestigio del antiguo safari.
Hoy, lo que queda del Autosafari Andaluz es solo un recuerdo, un eco lejano de aquella época en la que el rugir de los leones y otros animales exóticos resonaba por estos parajes. El paisaje sigue siendo de una belleza impresionante, pero lo que una vez fue una atracción que prometía prosperidad para la región, hoy está en silencio. Aún así, el lugar sigue evocando aquella conexión con la naturaleza y el exotismo de un safari, un pequeño fragmento de África en pleno sur de España.
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| Cortesía de Paco Santos. Cartel inauguración año 1972- reverso |
Fuentes: Diario Área del Campo de Gibraltar, Diario de Cádiz, Diario Europa Sur y Diario Sol de España.


Muy bien
ResponderEliminarMuchas gracias.
ResponderEliminarEduardo Gavilán cementa en whasapp: Éste artículo me trae a la memoria cuando campeaba a mis perros en el Pinar del Rey y que una vez cerrado Safari quedaron un grupo de monos y se hacían ver en unos tajos de piedras.
ResponderEliminarAntes de que fueran capturados bajaban a la zona de recreos a comer las sobras de comida que dejaban los visitantes los días de recreo...otra forma de mantenerse eran los piñones....cogían las piñas y con una piedra las golpeaban para extraer dichos piñones.
Para los cazadores de la zona constituían un peligro por que imitaban los ladridos de un perro y cuando estos acudían en más de una ocasión los atrapaban y los destrozaban.
Todo esto lo observé yo...recuerdo que había uno de gran tamaño que parecía ser el jefe del grupo....siempre estaba visible y vigilante....siempre que nos acercábamos emitía un grito que te hacía retroceder.
Buen artículo Santiago
Al parecer se dieron muchos casos en que estos se alejaban, Carmen Lavado me comentaba que estando en su casa de la Alcaidesa un día se encontró en la ventana uno de gran tamaño, entonces no tenía teléfono y estuvo con gran preucupación.
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