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La prudencia en la tempestad

  La prudencia en la tempestad Después de muchos días, la tempestad ha limpiado de neblina el firmamento. Su aspecto es saludable, de un azul celeste intenso. Con el paso de las horas se apaciguan los motivos de preocupación, tras el desfile silencioso de borrascas formadas por nubes pesadas que lanzaban una lluvia pérfida, empujadas por fuertes torbellinos de viento húmedo. En los últimos años se comentaba —sobre todo entre las personas de edad, motivado por la pertinaz sequía— que ya no llovía ni hacía el mal tiempo de cuando eran niños, y puede que llevaran razón. Sin embargo, tanto el año pasado como el actual se asemejan mucho a lo que conocieron. Aun avisados, el dolor causado por los latigazos de la naturaleza ha sido considerable, con especial intensidad en algunos puntos del Campo de Gibraltar, generando enorme preocupación, especialmente después de que los ríos se desbordaran en algunas zonas, obligando al desalojo de centenares —o quizá miles— de vecinos. Los efectos ...