El barniz invisible Cuando la lluvia descubre la ciudad que no se ve Hoy es el Día de los Santos Inocentes. Resulta curiosa la transformación que ha experimentado esta celebración desde su origen hasta llegar a nuestros días. En este punto, tan variada es la naturaleza humana que cada persona encuentra una motivación distinta: mientras unos recuerdan y reflexionan sobre su significado original, a otros no les despierta ningún interés conocerlo y se limitan, simplemente, a gastar alguna broma… o ni siquiera eso. En este contexto, todo tiene una cara visible y otra que apenas se muestra. Ocurre lo mismo con esas calles repletas de gente durante los días navideños y festivos, que tras la lluvia —o algo más— quedan desiertas y silenciosas. Sin embargo, qué buen momento para detenerse y disfrutar de esa parte menos vista, la que solo aparece cuando el ruido se retira y la ciudad parece contener la respiración. Esta semana he vivido el contraste del que hablaba hace un momento. Como...